lunes, septiembre 25, 2006

La Revelación y la Tradición. La seguridad del católico (II).

La Revelación y la Tradición. La seguridad del católico (II).

Dice el Concilio Vaticano II en la Constitución Dogmática Dei Verbum al hablar de La Sagrada Tradición : “Así, pues, la predicación apostólica, que está expuesta de un modo especial en los libros inspirados, debía conservarse hasta el fin de los tiempos por una sucesión continua. De ahí que los Apóstoles, comunicando lo que de ellos mismos han recibido, amonestan a los fieles que conserven las tradiciones que han aprendido o de palabra o por escrito, y que sigan combatiendo por la fe que se les ha dado una vez para siempre. Ahora bien, lo que enseñaron los Apóstoles encierra todo lo necesario para que el Pueblo de Dios viva”.

Esto nos llena de seguridad, pero no nos exime de la tarea de profundizar sobre esa revelación.

Y ¿cómo profundizar en las verdades reveladas, y no caer en una religión para cada hombre, en una interpretación subjetiva?

Aquí hemos de acudir a las realidades instituidas por Jesucristo. “Tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”; “Lo que atares en la tierra quedará atado en el cielo, lo que desatares quedará desatado en el cielo”. Cristo puso al frente de la Iglesia a Pedro y a los demás Apóstoles, al Santo Padre y a los Obispos para que cuidaran de su grey: para que la gobernaran, enseñaran y santificaran. Y, en lo referente a la enseñanza, prometió la asistencia del Espíritu Santo.

Podemos estar tranquilos en ese sentido los cristianos. Cuando pensamos sobre nuestra fe y decimos nuestra opinión sometemos lo que pensamos y decimos a una luz superior. De hecho estamos hablando de algo que hemos recibido, no de algo que hayamos creado nosotros. Y Dios cuida de su depósito a través de los Pastores y de la asistencia de la gracia. Nosotros viviendo la fe somos tradición para nuestros hijos. Y así la Revelación se transmite no sólo como doctrina sino como vida de cristianos.

Además, desde los primeros tiempos, ha habido cristianos que, fieles a la cabeza, han interpretado los textos sagrados y han transmitido la tradición de la Iglesia. Los primeros escritores eclesiásticos están en perfecta armonía con las Cartas de San Pedro o de San Pablo; San Clemente Romano o San Ireneo utilizan el mismo lenguaje epistolar. Poco a poco la doctrina cristiana se hace más teológica, sin dejar de ser ascética, como consecuencia de la necesidad de plasmar la verdad revelada frente a las desviaciones gnósticas, judaizantes (esas ya presentes en los primeros tiempos del cristianismo) o para definir indiscutiblemente las principales verdades de nuestra fe (ya presentes en los primeros credos de la Iglesia). Y eso hace que, para conocer con profundidad la doctrina cristiana, sea tan importante acudir a los Padres de la Iglesia; y también a los santos teólogos que, a lo largo del tiempo, han abierto un poco de luz o un mucho a los contenidos de las verdades reveladas.

Y es que en cuestión de fe, para el cristiano, lo importante es que Dios tomó la iniciativa y habló al hombre. Nosotros tenemos que escuchar y asentir. Mi fe es personal en cuanto que es un don de Dios para mí; pero es Universal en cuanto que creo en el mismo Dios que ha revelado y en las mismas verdades que nos ha comunicado. Y sigo la misma línea continua que he heredado de los primeros cristianos.

frid

La Revelación y la Tradición. La Tradición en la Iglesia y su desarrollo (I)

La Revelación y la Tradición. La Tradición en la Iglesia y su desarrollo (I)

Algunos amigos me han comentado que una gran diferencia entre el catolicismo y el judaísmo con el protestantismo y el islamismo está en el modo de acudir a los textos inspirados.

Los católicos y judíos derivan de una revelación que se ha ido plasmando en los “libros” a través de la Historia. Y ambos han tenido una larga tradición de interpretación de los textos sagrados. La Ley interpretada sólo como letra, mata, el Espíritu vivifica.

Los protestantes, con el principio “sola scriptura” se apartan del árbol de la tradición cristiana. Y, con la noble aspiración de ir al principio de la revelación de Cristo, se encuentran fuera del “principio” de esa revelación, de esa enseñanza oral que fue transcrita parcialmente en los Evangelios.

Los musulmanes se amparan en la “literalidad de las palabras” del Libro, de ahí que sea vital no perder la lengua en la que fue escrito el Corán por Mahoma. E, incapaces de interpretar las duras palabras del Corán, se hayan visto impelidos a defender su doctrina con la razón de la fuerza, ya que la fuerza de la razón implicaría interpretaciones muy difíciles de asumir por una persona razonable o la alteración y modificación del discurso del Profeta.

Es lógico que el judaísmo sea el sistema religioso más congruente con el cristianismo; son nuestros “hermanos mayores”. Lo que les dijo Dios es en gran parte válido para los cristianos de todos los tiempos; si bien algunos preceptos legales se han visto modificados como consecuencia de la liberación de la esclavitud del pecado realizada por Cristo en la Cruz.

“No vine a abolir la Ley y los profetas, sino a darles su perfecto cumplimiento”: El diálogo con los judíos es parte necesaria de nuestra tradición católica. Y en ese “perfecto cumplimiento” se abre un velo más de la Revelación de Dios, en este caso el “último velo” hasta la Segunda venida de Cristo en su Poder y Gloria.

Y curiosamente, esta revelación definitiva, al ser divina no está encorsetada en un mero instrumento material... “muchas más cosas hizo y dijo Jesús, que si se recogieran todas no cabrían en todos los libros de la tierra”. Pero, al mismo tiempo, Cristo, Dios, se hizo hombre. Y, desde entonces, la divinidad habitó en la humanidad. Por eso lo infinito de Dios, se hizo presente en la finitud de la Humanidad.

Dios se vale de realidades humanas para manifestarse y manifestarse en plenitud. Pero, por ser divino, nunca podrá “la finitud humana” captar con perfección y en totalidad su mensaje. Y, al tiempo, Dios obra con perfección y eso implica que podemos captar y vivir con “suficiencia” su mensaje de salvación, con el auxilio de la gracia divina.

Por tanto, la Revelación cristiana muestra una paradoja: es completa por el mensajero; es incompleta pero suficiente la apreciación de aquel que recibe el mensaje. Cabe una mejor comprensión, no se encierra en la literalidad exclusiva de los libros sagrados.

frid

Fe, razón y voluntad. Paradojas del Pensamiento débil (III)

Fe, razón y voluntad. Paradojas del Pensamiento débil (III)

Paradoja moderna: al negar la verdad objetiva, han convertido la fe en un acto irracional sin fundamento; han condenado de la inteligencia su afán de conocimiento racional y la han reducido a la técnica; han encadenado la voluntad al sentir de la apetencia; y al mismo tiempo la han esclavizado con la apetencia de la mayoría. Y en vez de regirse por la razón se rigen por el instinto. Pasan de ser animales racionales a ser unos simples animales irracionales y salvajes.

Detrás de esta opción están los ecos de la filosofía nietzchiana: la voluntad de poder. Una voluntad sin freno que lleva o al imperio individual de los fuertes en el caso del individualismo subjetivista; o a la tiranía de la mayoría, plasmada normalmente a través de una clase dirigente: las castas de las que hablaba Nietzche, actualmente, en occidente, esa es la visión del partido socialista español dirigido por un nihilista nietzchiano y marxista como es Rodríguez Zapatero que sostiene en estado puro estas teorías: la falta de verdades, el relativismo del bien y la no existencia de las virtudes.

En contraste a ese pensamiento brilla el optimismo del cristianismo, como dice la conclusión de “Fides et ratio”: “la Iglesia está profundamente convencida de que fe y razón «se ayudan mutuamente», ejerciendo recíprocamente una función tanto de examen crítico y purificador, como de estímulo para progresar en la búsqueda y en la profundización”.

Y como dice Juan Pablo II, la Iglesia, desde siempre ha tenido confianza en la razón. Dijo Juan Pablo II a los teólogos en su carta dirigida a las dos academias teológicas pontificias en 1999: “la intuición del doctor Angélico radica en la certeza de que existe una armonía fundamental entre la fe y la razón : «Es necesario, por tanto, que la razón del creyente tenga un conocimiento natural, verdadero y coherente de las cosas creadas, del mundo y del hombre, que son también objeto de la revelación divina; más aún, debe ser capaz de articular dicho conocimiento de forma conceptual y argumentativa»”.

En definitiva: La Iglesia tiene confianza en el hombre y en sus potencialidades. El pensamiento débil, desde la desconfianza en el hombre, le hace un irracional incapaz de un pensamiento verdadero.

frid.

Fe, razón y voluntad. La fe cristiana en el pensamiento débil (II)

Fe, razón y voluntad. La fe cristiana en el pensamiento débil (II)

Váttimo como máximo exponente del pensamiento débil va afirmado que él es cristiano pero que cree en un cristianismo que no se imponga, que renuncie a afirmar que es verdadero, que reduzca su fe a una opinión plausible y que entienda que todas las religiones son igualmente verdaderas y válidas.

Estas afirmaciones están en boca de muchas gentes que las repiten, sin darse cuenta del alcance de las frases, pensando que están en línea con la modernidad. Son pensadores según “la moda”, más que según “la verdad”. Para ellos el consenso es la clave del conocimiento. Y la verdad no es objetiva sino fruto del diálogo.

No niego que el diálogo sea muy importante para la búsqueda de la verdad, pero no podemos confundir un medio para aprender con la realidad de lo aprendido. América no es fruto del viaje de Colón. Colón inició la búsqueda con el diálogo de las carabelas, pero encontró la realidad de las Américas.

La fe no es una mera elección indiferente. Eso la convertiría en algo irracional y falso. Si elijo tener fe es porque antes he visto que es razonable creer, que las verdades que propone mi religión no se contraponen con las verdades que conozco en el orden de la naturaleza. Pero para poder afirmar que creo porque es razonable, debo de saber que mi inteligencia es también razonable, que está capacitada para conocer la verdad, que no es un instrumento de falsedad sino de conocimiento verdadero.

Por eso, si la fe es razonable, admite el diálogo con la razón y con las demás religiones, sin miedos y sin complejos. Y está dispuesta a mostrar que es más razonable creer que no creer, porque es más razonable la deducción de la existencia de Dios que su negación, y que Él pueda hablar al hombre a que no pueda hacerlo. También está dispuesta nuestra fe a dialogar con las demás religiones y mostrar que le asisten más razones para ser auténtica que las otras.

Y eso no es violencia, salvo que se defina como violencia la luz del sol cuando ilumina la tierra. El uso de la razón, en un diálogo para convencer, es mucho más humano que su contrario. Confiamos en la capacidad de entender de nuestro contertulio. Y esa es una manera de ver lo que es el “proselitismo”, como el mostrar nuestras razones, sopesarlas con las del otro y dejar que uno y otro vean a qué lado se inclina la balanza.

El pensamiento débil ve en eso violencia, pero violenta al hombre al considerarlo débil y manipulable. Se erige en su protector, pero qué protege ¿si la verdad es fruto del consenso, no es más fuerte su imposición que si la verdad fuese fruto de la búsqueda personal y objetiva?

El pensamiento débil destruye la fe del creyente al convertirla en un acto de voluntad irracional, pero también destruye las potencias intelectuales del hombre al negarles su capacidad de conocer la verdad.

El pensamiento débil nos quiere proteger de las decisiones permanentes de la voluntad, pero nos esclaviza en un relativismo incierto. Nos niega el camino de creer en Dios y en la Iglesia; pero sólo nos deja creer en una verdad: “que no hay camino”, en la verdad de la indiferencia.

frid

Fe, razón y voluntad. La irracionalidad del pensamiento débil (I)

Fe, razón y voluntad. La irracionalidad del pensamiento débil (I)

Hoy en día se ha hipertrofiado la voluntad a costa de la razón. Las ansias de una libertad ilimitada han dado paso al dominio de la voluntad. La voluntad como norma absoluta de conducta aparece sin freno ante nuestros ojos.

Con esa exaltación del querer caen dentro de nuestro interior todas las barreras que establecía la razón en cuanto asignaba a nuestros razonamientos un freno: el freno de lo verdadero o de lo falso. Ahora la falsedad de mis proposiciones la dictamino con mi voluntad soberana. Soy yo, un ser autónomo, el que elijo por un acto puro de voluntad y sin condicionantes lo que quiero considerar como verdadero.

Y si trasladase ese criterio individual al ser social, sería la sociedad, la mayoría, la que determinase las verdades por expresión de la voluntad popular. Ya no se eligen los caminos para el “bien común”, ya no hay bien, hay sencillamente un campo sin explorar, sin caminos y sin metas... es la voluntad mayoritaria la que determinará los objetivos y los medios para esos fines, fines también liberados del freno de la bondad o maldad de nuestras acciones.

Hoy, tanto desde un pensamiento individualista como colectivista, se ha sustituido la objetividad de la verdad y del bien por la subjetividad de la determinación de la voluntad individual o colectiva.

Pero hay diferencias. Cuando nos quedamos en el individualismo, esa determinación autónoma de lo que consideramos verdad o bueno para nosotros admite que haya “otros” que hayan elegido, también de un modo irracional según sus principios subjetivistas, un sistema “aparentemente idéntico” al que podría tener un cristiano o una persona que sostuviese verdades objetivas en el orden natural; lo único que no admite es que pienses que ese sistema elegido sea la Verdad, será tu verdad.

El sistema colectivista, que coincide con el desarrollo que estamos haciendo de la democracia occidental, considera que el individuo debe someterse a los dictados de la mayoría. Y si la mayoría ha decidido que la verdad es hoy de determinado color, no cabe que seas cristiano o que consideres que existen verdades de orden natural. Para ese sistema eres un trasgresor. Lo más que puede pasarte es que se te tolere, pero no se permitirá que eduques a los hijos según tus valores, porque son “anti-sociales”, son considerados como una falsedad.

Los dos caminos llevan a un mismo juicio sobre el ser humano. Se le ha convertido en un ser irracional. Al exaltar la voluntad autónoma no cabe el razonamiento en busca de la verdad. La razón pierde protagonismo y sentido.

Eso sí, quedan parte de las funciones de la razón: la búsqueda “técnica” de los procedimientos para lograr los objetivos que le dictamine, tiránica, la voluntad soberana. Valga por ejemplo el avance en la técnica de hornos crematorios de la ciencia alemana al servicio del nazismo.

El hombre, llevado por la voluntad soberana también pierde el fin específico de la voluntad: adherirse al bien; y pasa a ser gobernado por el “me apetece”, “me gusta”, “me sienta bien”... y, en definitiva, cae en manos de sus instintos y pasiones. Se animaliza.

Así es el hombre del pensamiento débil. Sin razón, irracional. Sin voluntad del bien, seguidor de instintos y pasiones.

frid

martes, septiembre 19, 2006

La corrupción de menores en Educación para la ciudadanía:

Otro ejemplo de imposición ideológica a nuestros hijos por parte del partido socialista.
La corrupción de menores en Educación para la ciudadanía:


Cualquiera que hubiese leído hace unos años los textos del Borrador de la asignatura Educación para la ciudadanía, habría pensado que lo ha escrito un obseso sexual o una persona que no le importa matar a un inocente. Hoy nos venden esas conductas como dignas de toda tolerancia.

Veamos: Asesinato impune de seres humanos:

Sobre el comienzo de la vida: “El derecho a la vida comienza a partir del nacimiento. Mientras el embrión no es persona. Entre la fecundación y los 14 días, existe el preembrión, sin protección jurídica alguna”.

Aclaración: no hay mas que un ser humano desde el momento de la fecundación. El preembrión es una simplificación demagógica que no se sostiene desde el punto de vista científico. La persona o individuo humano es el mismo antes y después de nacer. La protección jurídica no le hace distinto. El que la ley no proteja a un ser humano no legitimiza el matarlo. Esa es la puerta de la eugenesia, del nazismo, y de todo tipo de crímenes contra la humanidad: negar la condición de persona al embrión, al feto (que es el mismo embrión más desarrollado), al bebé enfermo, a todo el que el Estado o la mayoría quiera eliminar.


Sobre el Aborto. “la interrupción voluntaria del embarazo es una dimensión del derecho fundamental de la mujer a la salud reproductiva”.


Aclaración: el embarazo no es una enfermedad, es lo normal en una mujer en edad fértil. El hijo es otro ser humano que tiene el derecho a vivir. La sociedad tiene la gravísima obligación de proteger esa vida, la más indefensa de todas. Fomentar el aborto como un derecho desde la infancia facilita la promiscuidad sexual, el desprecio a la vida humana y a la infancia, la consideración del hijo como una posesión al modo de una mascota. La experiencia demuestra que la naturaleza pide la vida y que matar un niño en el seno de la madre deja profundas secuelas en la mujer. Es razonable que se explique todo lo contrario: que lo más natural de una mujer embarazada es que quiera al hijo que tiene en sus entrañas, que es el momento de comenzar una relación de amor que va a durar toda la vida, que ese hijo es un ser humano que necesita toda su protección desde el ser de madre, que ser madre es la misión más gratificante de una mujer y la mejor oportunidad de proyectarse al futuro en un camino de amor.

Con estos principios se forman asesinos de sus hijos y, se incita a la promiscuidad sexual y a la debilidad de la voluntad, se promueven uniones temporales e inestables que difícilmente cuajan en un amor sólido y duradero, se destrozan hogares y se dejan a las personas indefensas para entrar, buscando refugio, en el alcohol y la droga.

frid

Educación para la ciudadanía o educación para la mentira.

En España, el partido socialista tiene un plan: ideologizar a nuestros hijos.
Educación para la ciudadanía o educación para la mentira.


Nuestros gobernantes en vez de preocuparse de los problemas reales de la juventud están preocupados por generar problemas a los jóvenes que no los tienen.

En vez de legislar para evitar los males que conlleva el botellón, el gamberrismo juvenil, el aumento de la delincuencia juvenil, el consumo de drogas de diseño, la corrupción de menores, parece que, desde el Partido Socialista, están empeñados en aumentar esa población de riesgo aumente.

Porque lo que se inculca en los jóvenes tiene rápidas consecuencias, es claro que las consignas de la nueva asignatura de la Educación para la ciudadanía formarán jóvenes que vivirán con esos nuevos valores.

Veamos alguno de esos valores:

Verdad: “No existe; es el fruto del acuerdo o el consenso. El que afirma que existe la verdad es un fundamentalista contrario a la libertad”.


Verdad científica ¿fruto del consenso? La verdad científica se comprueba con la “experiencia”, que muestra la inmutabilidad de unas leyes que están ahí, y se llaman leyes de la naturaleza. La ley de la gravedad ¿fruto del consenso? La existencia de las partículas elementales de la materia, su aplicación en la electricidad o para su uso en las energía nucleares, solares, o de otro tipo ¿fruto del consenso?

Luego la naturaleza tiene algo fijo e inmutable anterior al hombre, y eso no es fruto del consenso sino de la búsqueda de la verdad y de su encuentro. Y ¿un sistema que explique que eso que es “real” y por tanto “verdadero” en un Dios creador no es “al menos” un sistema pausible, razonable y digno de nuestro respeto?

Veamos su contrapunto. Si no hay verdad puedo llegar a consensuar con la mayoría cualquier cosa como apalear a mi propio padre, unirme a mi madre, matar a un pordiosero, tener esclavos, o cualquier cosa que logre con una mayoría estipulada. Y, si todos nos ponemos de acuerdo menos uno, ¿no tendremos derecho a cortarle en pedacitos? ¿Qué hay que impide que esa acción pueda ser legítima aunque hay consenso? ¿No será que hay acciones que son siempre intrínsecamente malas, aunque las consensuemos?

Va a resultar que la verdad y el bien están ahí, y hay que elegirlos. Y la mentira y el mal también están ahí y hay que evitarlos. Y ¿de qué instrumento disponemos? Pues de la libertad.

Luego la libertad no tiene como fin hacer “lo que me apetezca”, aunque pueda hacerlo, sino hacer “lo que me conviene”, es decir “lo que está bien”. Y ¿qué pasa con mi elección? Pues que si elijo el bien me hago virtuoso: justo, fuerte, prudente y moderado. Curiosamente me hago, incluso, tolerante, porque controlo mis instintos y no hago lo primero que me apetece.

Conclusión: será mejor ciudadano el peor alumno en esa parte de la asignatura.

frid

sábado, septiembre 16, 2006

Si el Islam es tolerante y ha renunciado a la “guerra santa”, ¿de qué protesta?

Si el Islam es tolerante y ha renunciado a la “guerra santa”, ¿de qué protesta?


Benedicto XVI nos advierte del peligro de la imposición de la fe por la fuerza, de la guerra por motivos religiosos. La fe no se impone, se propone. Pero saltan como aludidos imanes de varias partes del mundo. ¿Piden al Papa que retire su condena a la guerra santa? ¿no deberían pedir a los suyos que no den motivo para que se les acuse de incitar la violencia?

El Papa se adentra en la historia de los asedios de Constantinopla por un Islam violento. Espero que ese modo de entender haya pasado a la historia, ¿pero ha pasado? ¿No es real el 11-S; el 11-M; el 7-J? ¿No son reales las inmolaciones terroristas en nombre de Alá? Algo hay que cambiar...

Corren aires de guerra, Constantinopla está cercada por las tropas del Sultán. Un año antes, el emperador Manuel II Paleólogo ha tenido una conversación con un persa culto en la actual Ankara. Hay tiempo para la anotación de los recuerdos.

Quizá el Emperador se pregunta el futuro de su pueblo amenazado por el Islam que rodea sus murallas. Una horda de fanáticos religiosos que han hecho su religión la yihad, la guerra santa. Y, para ello se amparan en las palabras del Profeta, de Mahoma.

El diálogo sigue siendo actual en Occidente que ve amenazante un islamismo más y más virulento, en el que de modo manifiesto se enseña en las escuelas que Occidente y Estados Unidos son “el infiel” con el que no hay misericordia, y contra el que todo está permitido.

Ese mismo Occidente, en vez de enfrentarse con sus miedos y peligros, en vez de preguntar al mundo islámico la sinceridad de sus propuestas, la verdad de sus amenazas, mira hacia otro lado. Y, desde un cínico laicismo militante, achacan esa violencia real a quien predica sólo la paz, la concordia y el amor: a la Iglesia Católica.

El Papa Benedicto XVI se ve forzado a hablar, para proteger a los cristianos de la calumnia y para alertar a Occidente donde están sus peligros.

El Papa advierte citando al emperador bizantino (entre 1394 y 1402 decía): “Dios no goza con la sangre; no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios. La fe es fruto del alma, no del cuerpo. Por lo tanto, quien quiere llevar a otra persona a la fe necesita la capacidad de hablar bien y de razonar correctamente, y no recurrir a la violencia ni a las amenazas... Para convencer a un alma razonable no hay que recurrir a los músculos ni a instrumentos para golpear ni de ningún otro medio con el que se pueda amenazar a una persona de muerte...”

Ahí se plantea una diferencia fundamental entre el Dios cristiano y la visión de Dios que presenta el islamismo. Un Dios creador de la razón y que no se opone a ella en sus mandatos; y un Dios voluntad absoluta que podría mandar cualquier cosa (como el dios de Ockam).

Si se quiere construir la paz entre los pueblos hay que profundizar en lo que la fomenta. Ahí tenemos a una Religión, la Católica, que propugna un Dios razonable, amigo del hombre (“mis delicias son estar con los hijos de los hombres”); enemigo del dolor y de la muerte (“no creáis que me alegro con la muerte del justo”); pero que nos ha creado con libertad (“eh aquí que te presento el camino del bien y el camino del mal para que elijas). Esa religión es una religión de paz.

Otras religiones deberían profundizar sobre el camino de la paz y de la tolerancia. Más bien, deberían ahondar en cómo es Dios y corregir sus relaciones con Él.

¿Y Occidente? Hay un occidente derivado del humanismo cristiano que debe sentirse orgulloso de su pasado y esperanzado en su futuro.

Pero también hay un Occidente “de nuevo diseño”, donde se quiere avanzar hacia la paz y la libertad impidiendo que elijamos lo que consideran “políticamente incorrecto”, como tener convicciones fuertes sobre algún tema; por ejemplo: tener fe en Dios. Y esos “diseñadores de la paz”, para llegar a su meta, la imponen con la violencia mediática, de la imposición de un programa educativo sectario, la exclusión del hecho religioso, la imposición de la “religión del progreso de la ciencia”; un progreso que ya mata antes de nacer y en la vejez.

Por eso hace muy bien el Padre común de los católicos en hablar. Está enseñando cual es el verdadero peligro de la humanidad: la sinrazón, la intransigencia, la guerra santa, la imposición de las “sociedades de diseño”. Y también nos dice donde está la esperanza: en la razón, en la verdad, en el amor, en la vida.

Tenemos de nuevo dos caminos para elegir: el bien, que lleva a la vida; el mal, que lleva a la muerte. Y en medio: el tesoro de la libertad.

frid

jueves, septiembre 14, 2006

reflexiones-liberales: La virtud del buen ciudadano.


La virtud del buen ciudadano.
"Una nación avanza cuando mejores son sus gentes, y las personas son mejores cuanto más virtuosas. Pero esa virtud se adquiere, sólo, en el ejercicio de la libertad, no de la imposición. Y, sin embargo, se agostan si se siembra desde el Estado la indiferencia"

Aristóteles, en el libro tercero de la Política define al ciudadano como aquel que participa de la administración de la ciudad, sea o no gobernante: “el ciudadano sin más nada se define mejor que por participar en la administración de la justicia y en el gobierno”; “el ciudadano... el que tiene derecho a participar en la función deliberativa o judicial de la cuidad”

Es propio del ciudadano la participación en la vida pública, y deberá ser propio del buen gobierno facilitar los cauces de participación y enriquecerlos. Luego el sistema de participación meramente electivo de los gobernantes es una simplificación incompleta, aún en el sistema democrático. Se ejerce la función ciudadana una vez cada un determinado número de años y se deja, en ese momento, de participar en la función pública salvo en la obediencia a los mandatos del gobernante. Se podría decir, exagerando, que se ejerce la democracia un día y se vive el resto de la vida en la tiranía.

Además, en la era de la informática, cabe incorporar al ciudadano en el ámbito de las decisiones públicas de un modo activo jamás soñado. Y esta técnica puede permitir la corrección de la “res pública” antes de que el gobernante genere descontento, desconecte con la ciudadanía o se transforme en un tirano temporal.

Por otra parte, Aristóteles sostiene que la bondad cívica es distinta de la bondad personal, que no se confunden los ámbitos público y privado, si bien deja claro que una persona virtuosa es, también, buen ciudadano o gobernante: “Es claro, pues, que un ciudadano que sea bueno puede no poseer la virtud por la cual es bueno el hombre”; “la virtud del ciudadano... es de mando y de obediencia... por eso se dice con razón que no puede mandar bien quien no ha obedecido”; “la virtud del gobernante es la prudencia... pero en el gobernado no es virtud la prudencia, sino la opinión verdadera”.

Como puede observarse al ciudadano Aristóteles le pide mucho, que sepa mandar y obedecer, que esté dispuesto y capacitado para ser gobernante, y que diga la verdad, que sea un consejero leal y eficaz. Aunque no le pide que sea buena persona en la totalidad de su vida, reserva los otros aspectos de la virtud al ámbito de la intimidad personal.

Sin embargo, queda claro para Aristóteles que el ciudadano es el que participa en la decisiones que afectan al interés de la ciudad. Evidentemente no es necesariamente gobernante, luego su ámbito normal de acción, una vez ejercido el derecho de elección, queda reducido al de consejo o al de ayuda a la decisión del que tiene la autoridad.

En lo referente al consejo, la consulta pública es un buen recurso para el gobierno eficaz y ágil de determinadas corporaciones locales, que por su número puedan ensayar el sistema y facilitar las técnicas de implantación a grande escala para el gobierno de ciudades o naciones. Sin embargo, la consulta pública se subordina a la prudencia del gobernante, pues la verdad no siempre puede o debe imponerse, aunque sí conocerse.

Ejemplo de prudencia es no imponer como obligación lo que una parte de la población es incapaz de cumplir por su debilidad, falta de medios económicos, de formación o de virtud.

También es parte de la prudencia no imponer a la mayoría lo que ha sido elegido por una minoría activa, aunque sea elegido de modo mayoritario. ¿Tiene sentido que una consulta pública en la que vote uno de cada mil ciudadanos obligue a los otros 999, o uno de cada cien a los otros 99, o uno de cada 10 a los otros 9? ¿O, en temas vitales, uno de cada tres a los otros dos? En los ayuntamientos está establecido que en determinadas cuestiones el voto no sólo sea mayoritario, sino que sea el de la mayoría del censo de los concejales, y es sabia y prudente medida de gobierno.

Concluyendo esta reflexión, se puede decir que el buen ciudadano es el que participa de la vida pública, tanto en el gobierno como en la administración de la justicia; es el que sabe hacer cumplir y obedece las leyes que emanan de la autoridad; y aconseja en verdad al gobernante.

Estas consideraciones nos llevan, en la época actual, a pensar que deben fomentarse los medios para la participación del ciudadano en la vida pública, no sólo manifestando su opinión o incorporándose en los métodos de consulta como los que propugna la Unión Europea, sino, incluso, incorporando procedimientos de ayuda a la decisión de los gobernantes a través de consultas directas.

Una consecuencia de esto mostraría cómo la mayoría de los ciudadanos, por ejemplo de España, están de acuerdo con financiar la educación privada, de mantener la asignatura de religión en los colegios, de legislar de modo diferente la unión marital de la de personas del mismo sexo.

La incorporación de esos sistemas de consulta y ayuda a la decisión de los gobiernos podría corregir la tendencia actual de los políticos a ignorar el sentir real de la población y escuchar sólo a los que causan problemas; pues legislan al margen de las inquietudes de las mayorías y se rigen por criterios derivados de la presión de las minorías.

frid

Libertad y pluralismo en los cristianos. Unos apuntes.


Libertad y pluralismo en los cristianos.

El cristiano es, por naturaleza, un hombre optimista. Confía en Dios y en su obrar. Y Dios nos hizo libres por algo. Creemos que esa libertad en la tierra es la que nos permite, con la ayuda de Dios que no nos faltará, ganarnos el cielo. Esa sería una razón suficiente para que valorásemos en mucho la libertad: es un don de Dios.

Pero también sabemos que el uso de la libertad no es indiferente; podemos elegir el bien o el mal; un bien determinado u otro mejor; una posibilidad u otra que más nos guste. La libertad de elección es una balanza que nosotros inclinamos a donde pongamos el sobrepeso del bien.

Ese bien para nosotros puede ser algo objetivo o subjetivo; un bien indiscutible o relativo; pero también puede ser “una apariencia de bien”, algo que nos apetece, nos atrae, nos ilusiona, pero que siembra desorden a nuestro alrededor. Podemos elegir algo que los demás vean como malo o que sea malo objetivamente; aunque siempre lo haremos por la parte, “aunque sea ínfima” del bien que encierra.

Sin embargo, en la mayoría de las acciones humanas el bien no aparece determinado de modo único. Eso hace que el ámbito de la elección legítima sea muy amplio. El hombre y la sociedad son complejos y Dios no es el profesor que nos va a examinar de una asignatura complicadísima; Él nos “examinará en el amor”; Él nos pide que busquemos hacer el bien a los demás, que elijamos aquello que ayude a sembrar paz, justicia, alegría, serenidad.

Los conflictos que se presentan en el ejercicio de la libertad tienen como fundamento la “distorsión” del concepto de bien; la “idolización” de bienes particulares o la exaltación de nuestra voluntad.

En el primer caso, la distorsión del bien, puede derivar de un error de apreciación, una falta de formación o una sustitución del bien por “lo apetecido”.

La confusión de lo bueno por lo apetecible es la sustitución del ser racional por el ser sensible y lleva a la esclavitud de las pasiones.

Pero es peor la conversión de bienes particulares como fines últimos. Así surgen personas cuyo único objetivo es el placer, la riqueza o el poder. Son, ciertamente, pasiones, ambiciones, pero ambiciones desbocadas que llevan a la persona a olvidarse de Dios, pero también a hacer girar el mundo alrededor suyo. En el fondo sirviendo a esos ídolos, el hombre se sirve a sí mismo.

Cuando el hombre exalta la voluntad para convertirla en fuente de bien, cuando define como “bien” aquello que el determine, suenan los ecos de la tentación del Paraíso: “seréis como dioses”. Y, sobran Dios, los demás y el orden de la naturaleza. Todo se verá como coacción del Creador. Y se transforman las leyes de la naturaleza en trabas y limitaciones que alguien ha puesto ahí y dificultan mi realización, o la realización de la “humanidad”. Esa es la raíz de toda locura de poder personal o colectiva.

El cristiano vive seguro con su referencia a Dios. Él sabe que está en la tierra de tránsito: por eso se considera peregrino y no se apega al mundo de tal manera que lo convierta en fin. Pero también sabe que ese mundo es creado por Dios y, por tanto, lo cuida con el cariño que se tiene con las cosas de la persona amada.

Esa doble paradoja, la situación de peregrino y el agradecimiento a Dios por la obra maravillosa de la creación, ponen al cristiano en una situación de partida inmejorable para buscar la felicidad propia y ajena. Tiene muchas claves del orden del universo y de qué, cómo y para qué del obrar propio y ajeno. Y, ante las paradojas del dolor y de la muerte, se le abre el horizonte de la redención y de la eternidad.

frid

miércoles, septiembre 13, 2006

Stephen Hawking y la existencia de Dios

Stephen Hawking no puede concluir sobre la existencia de Dios mas que una mera opinión idemostrable
por Marcos Gutiérrez Sanjuán. Físico y profesor de Informática

Han llovido las críticas a las tesis del científico que cree poder demostrar que no existe Dios. El mundialmente conocido físico británico Stephen Hawking presentó en la Universidad de Cambridge su hipótesis sobre el origen del cosmos que, según él, demostraría que Dios no existe como creador del universo. Una tesis que ha sido muy criticada por otros científicos.

Hawking señala que ha logrado completar su teoría del universo a la luz de la que cualquier participación de la divina en el origen del mismo, sería "innecesaria", puesto que éste sería autosuficiente y sin principio ni fin.

Su teoría cosmológica, que ya había sido esgrimida en su libro "Breve Historia del Tiempo", ha sido puesta en duda por buena parte de la comunidad científica, que afirma hallar en ella importantes contradicciones.

En la línea de su teoría, Hawking parece concluir que el universo subsiste en una "quinta dimensión" diferente a las tres dimensiones del espacio y la del tiempo que conocemos.

Ha sido el propio Hawking quien ha manifestado en más de una ocasión que su teoría sobre el cosmos, en cuya línea continúa esta última investigación, dejaba "muy poco espacio" para la admisión de la existencia de un Dios creador.

Pero buena parte de la comunidad científica alega que en su teoría existe una contradicción implícita ya que ésta "no explica la propia existencia del universo, sino su evolución".

"La hipótesis de Hawking aplicada a la creación, concluiría que el origen del universo estaría dentro del propio universo, lo cual sería falso pues nada puede darse a sí mismo el Ser", en línea con lo señalado, entre otros físicos, por Javier Igea, astrofísico, doctorado por la Universidad de Nueva York y profesor universitario de Cosmología Filosófica.

"Otra posibilidad sería que el origen del universo fuese "la nada", pero la nada no fluctúa, luego no podría ser origen de nada, tampoco del Cosmos", agregó el científico español.

Por su parte, el Dr. Henry Schaeffer, profesor de Química Cuántica de la universidad de Georgia, hablando del modelo del universo sin fronteras de Hawking, afirmó que "en la propuesta sin fronteras de Hawking, la noción de que el universo no tiene ni comienzo ni fin es algo que existe solamente en términos matemáticos. En el tiempo real, que es a lo que estamos confinados los seres humanos, más que en el tiempo imaginario como lo usa Hawking, siempre habrá una singularidad, es decir, un comienzo del tiempo", a lo que añade que "entre las afirmaciones contradictorias que hay en Historia del Tiempo, Hawking concede que esto es verdad. Escribe que cuando volvemos al tiempo real en el que vivimos, sin embargo, aún parecerá haber singularidades".

Reflexiones liberales: Sobre los distintos ámbitos del ejercicio de la libertad en la Sociedad.

Me niego a ser un hombre simplificado.

Uno de los problemas de los pensadores de los sistemas políticos es simplificar al ser humano para que quepa en los esquemas sociales que han inventado, de tal modo que intentan estructurar toda la riqueza de la organización de los hombres en un sistema racional ideal. Y en esa racionalización la que suele ser dañada total o parcialmente es la libertad.

Normalmente en cada época se ha intentado ajustar la organización social a las ideas filosóficas del momento. Con lo que, cuando esas ideas se alejan más a la realidad de lo que es el hombre, el ser humano acaba perjudicado. Un ejemplo paradigmático es la construcción social de comunismo soviético, basado en el determinismo evolutivo aplicado al ser social del hombre.

Para hacer un traje lo más adecuado al hombre y a su ser social, hay que partir de un principio de complejidad. El ser humano es capaz de múltiples relaciones compatibles entre sí, algunas de ellas afectando a esferas diferentes de su actividad, otras subordinadas entre sí y todas ellas encontrando su unidad en la búsqueda personal de la felicidad.

Esas relaciones afectan a distintos ámbitos de su ser: en la intimidad es donde se encuentra el hombre, su origen y su destino. Es el lugar de su relación con Dios o con sus creencias. Ahí encuentra el sentido último de su vida. Y la respuesta que de a ese enigma afectará muy y mucho a las otras esferas de su ser.

La primera relación de entrega del hombre a otro ser humano es la que deriva de la complementariedad de hombre y mujer, lo que origina el ámbito familiar. Único ámbito de plena entrega incluyendo la corporeidad y ordenada al bien de los esposos, de los hijos y del todo social que se beneficiará grandemente si esta esfera funciona óptimamente. La importancia de esta esfera familiar justifica la intervención del Estado para protegerla. Paradójicamente la legislación que equipare la familia con otro tipo de uniones es una ingerencia ideológica que va contra la organización natural de las relaciones humanas, es un acto de violencia.

Posteriormente algunos pasan a relacionar al hombre directamente con la estructura del Estado, entregándole la ordenación absoluta del todo social. Y eso supone un reduccionismo de las esferas de relación humana. Eso se entiende en sociedades sencillas como las tribales, más que las complejas de la modernidad, y aún en esas sociedades si se las examina con atención se puede comprobar que las relaciones de amistad o parentesco se interfieren con la relación de autoridad del jefe. Y eso muestra que hay otras relaciones que establecen los hombres que tienen carácter autónomo.

Algunas de esas relaciones tienen un fin lúdico como puede ser una asociación micológica, pero otras son vitales para el bien común como son las originadas por el comercio, las relaciones de trabajo, las entidades asistenciales y educativas.

Esa sociedad intermedia es la mimada del planteamiento liberal, que entiende la subsidiariedad del poder público en la intervención necesaria para que se logre el bien común general. Y eso se puede hacer corrigiendo situaciones monopolísticas en el comercio como fomentando centros públicos educativos ante la incapacidad de la iniciativa ciudadana de cubrir esa labor.

Está entre las labores del Estado el fomentar esas sociedades intermedias y el ir pasando a un segundo plano cuando la sociedad, ya madura, se ha estructurado adecuadamente para cubrir de ese modo sus necesidades.

Paradoja: en España los centros públicos de enseñanza se ubicaban estratégicamente junto a centros privados para, posteriormente, racanearles el régimen de concierto y reducir su capacidad competitiva. La razón de esa paradoja: la concepción de un Estado omnipotente, en el que el servicio público debería ejercerlo un ente público, y más en aspectos tan delicados como la educación de los nuevos ciudadanos.

El error de fondo es un error filosófico, es la reducción de la persona a un trinomio de relaciones: consigo mismo, con la familia y con el Estado; cuando en realidad el trinomio debería abrirse en árbol y sustituir Estado por sociedad.

Y es que los estatalistas no entienden que haya esferas de lo social que no estén controladas por el Estado. Y hay que decir que el Estado no es mas que la denominación del último ámbito de relación social al que los otros se subordinan sólo en el ámbito de búsqueda del bien común general y no en otra cosa.

Por eso la relación social, más que estatal, es la que se enriquece con la creación de sociedades intermedias tanto para el ejercicio de la profesión como para la educación, la atención de la salud, y demás servicios públicos que la sociedad demande.

frid

jueves, septiembre 07, 2006

¿De quién son nuestros impuestos? ¿Roba el Estado cuando se niega a financiar iniciativas sociales no estatales?

De quien son los dineros de nuestros impuestos.

Algunos piensan que los dineros que los ciudadanos pagamos en nuestros impuestos pierden personalismo al hacerse públicos. Como no son de nadie, los administran los gobiernos según sus intereses, y, lamentablemente, muchas veces según sus ideologías.

La mentalidad que subyace en ese modo de gestionar los dineros públicos es una herencia de los Estados absolutistas y de los Monarcas propietarios. No se distinguen demasiado del estilo con el que los monarcas absolutistas actuales gestionan el “patrimonio personal”, que no es otra cosa que la nación sobre la que gobiernan.

En los gobiernos europeos ese modo de gestionar no se puede hacer sin contar con el ciudadano. Pero ese contar con el ciudadano no es necesariamente hacer lo que la mayoría demanda, lo que un grupo importante de la población necesita o elige; muchas veces se cuenta con el ciudadano sólo para la matemática de elección del gobierno. Y, quienes son elegidos "democráticamente" gobiernan "despóticamente".

Esos dineros públicos requieren una rendición de cuentas responsable y "con responsabilidad" por parte de los políticos que gobiernan. Son sólo gestores de nuestro patrimonio.

Las razones por las que les cedemos nuestros impuestos no es para que vivan de modo exorbitante, ni tampoco para que utilicen el patrimonio de todos, el patrimonio público, como prebendas de político; ni para que se enriquezcan desde el poder. El gobierno de una nación es "un servicio al ciudadano"; no es "un servirse del ciudadano".

Nosotros pagamos a gusto los impuestos cuando vemos un rendimiento razonable de esa riqueza que dejamos que el Estado administre. Invertimos en seguridad pública, en determinados servicios y en infraestructuras entendiendo que sea un ente público, imparcial e independiente, el que cuide de nuestra seguridad; decida los trazados de nuestras vías de comunicación; atienda las necesidades sociales especiales o aquellas en las que los ciudadanos han sido incapaces de generar sistemas eficaces.

Es más difícil entender por qué el Estado se dedica a lo que los ciudadanos ya saben hacer, eso es una especie de intrusismo, de afán de protagonismo y de control. Sí se entiende que el Estado "se interese" por ejemplo en lo referente a la calidad de la enseñanza, de la atención médica, del cuidado de los enfermos. Y, en un Estado con compromiso social, como son las democracias europeas, que también se dedique a esas tareas cuando la iniciativa social no llega del todo.

Se entiende que los Estados, con esa preocupación social, quieran hacer que parte de nuestros impuestos se dediquen a garantizar la sanidad, la atención a los necesitados, la educación y otros servicios sociales; que con su acción esos servicios lleguen a todos los ciudadanos.

Lo que no se entiende es que ese mismo Estado diga que no tiene ninguna obligación de financiar la iniciativa social o privada que se encargue de esas mismas tareas. Esa acción sería sencillamente un robo a los ciudadanos. Sería como recaudar de todos para servir a unos pocos.

Alguno me dirá que los ciudadanos son libres de acudir a los servicios públicos gestionados por el Estado; pero esa misma persona se ha olvidado de un derecho fundamental: "el derecho de elegir, en igualdad de condiciones, el tipo de servicio más acorde a mis convicciones".

Eso es clarísimo en la enseñanza, donde todos los gobiernos con vocación totalitaria imponen su modelo educativo; pero también está claro en la atención médica o personal en otros servicios sociales. Hay instituciones que tienen un plus de humanidad, que te tratan no sólo técnicamente bien, sino humanamente bien, o te atienden corporalmente y espiritualmente. O, sencillamente, te tratan mejor que en la masificada gestión estatal.

El Estado recauda, con sus impuestos, para todos. Alguno me dirá ¿no debe discriminar a favor del más necesitado? Yo le respondería que no puede discriminar en contra del que no está necesitado. Doy por supuesto que el Estado deba ayudar más al que más lo necesita; pero debe atender a todos los ciudadanos. E incluso, para no discriminar tampoco al que más lo necesita, le debe respetar la libertad de elección; y esa elección incluye el derecho a acudir a entidades privadas más acordes con su mentalidad.

No estoy en desacuerdo con que exista una tarifa por los servicios públicos diferente según el nivel de renta. En lo que estoy en desacuerdo es que esos servicios públicos sean estatales. Y cuando se discrimina a otras entidades sociales o privadas se está robando el dinero a todos los ciudadanos. Porque se nos niega el reparto de nuestros propios dineros, el de los impuestos que pagamos.

Y ahí no vale la opción: lo que elija la mayoría. Porque esa mayoría serían 51 ladrones contra 49 robados. Es viable dar a esos 51 el servicio público como lo desean ¿a través del Estado? Pero permitamos a los 49 ser servidos por otras entidades sociales o privadas más acordes a su modo de pensar sin que les suponga renunciar a la parte proporcional de las ayudas públicas que, previamente, el Estado ha recaudado de todos los ciudadanos.

frid

martes, septiembre 05, 2006

Algunas consideraciones sobre el matrimonio indisoluble y el liberalismo.

Buscando un discurso común.

Una posición tradicional del liberalismo ha sido evitar que los hombres adquirieran compromisos permanentes. De hecho, los primeros liberales no entendían ni el matrimonio indisoluble ni el compromiso de celibato para siempre que hacen los religiosos. Y ahí hay una contradicción. Un liberalismo auténtico debería permitir que los hombres, en el ejercicio de su libertad, adquiriesen compromisos de por vida; siempre existen medios extraordinarios para situaciones extraordinarias mientras se viva, pero se debe admitir que los hombres podemos tener la ilusión de mantener relaciones estables.

Además esas relaciones estables están insertas en la misma naturaleza humana. Los padres están vinculados a los hijos para siempre y no se quejan por ello. Las herencias pasan de padres a hijos y así sucesivamente. Las empresas familiares son una realidad, los títulos nobiliarios de trasmiten de padres a hijos. Nos sentimos unidos afectivamente al territorio de donde provenimos.

Por eso entiendo que, también el liberalismo requiere una corrección, una corrección que confíe más en la naturaleza humana. Porque el compromiso matrimonial es natural, es un compromiso con vocación de permanencia, se entiende que podemos tener el propósito de contraerlo con una cláusula de permanencia.

También es algo evidente que el “divorcio”, el gran logro del liberalismo en la normativa matrimonial, es el resultado de un fracaso, de un fracaso humano de marido y mujer; un daño evidente para los hijos del matrimonio; un problema afectivo, un trauma de los divorciados; un coste económico importante; una puerta para otros fracasos; e, incluso, un catalizador de la violencia doméstica.

Teniendo tantos problemas para los que lo sufren, ¿no puede legislarse sobre el divorcio de modo diferente? ¿no puede cambiarse el paradigma? Si tienes problemas en tu matrimonio, arréglalos, no lo tires por la papelera, como decía Chesterton.

Se pueden crear instituciones que ayuden a los matrimonios a resolver satisfactoriamente sus crisis, se puede fomentar desde las poderes públicos la lealtad matrimonial, se pueden poner trabas para que el divorcio no sea la primera vía de salida ante los problemas normales de la vida.

Todo esto es como poner rejas en el edificio en construcción para que la caída del operario no sea mortal. Pero ¿Basta sólo con la legislación?

Una sociedad basada en el máximo placer, en el “me apetece”; una sociedad sin recursos morales, sin educación en las virtudes, sin hombres y mujeres fuertes, es una sociedad en la que el divorcio siempre estará presente como “la solución” al problema, un problema que tiene sus raíces en las mismas personas, inmaduras, que acuden al mismo como panacea.

Un jugador o un borracho que van al casino o a la cantina por “última vez”, seguirán yendo. Una persona débil, sin recursos, que va al “divorcio” como solución volverá a la recaída; porque no existe ni la mujer ni el hombre ideal. El matrimonio es un vivir juntos, pero también es un “crecer juntos”, un “asumir responsabilidades juntos”, un “educar juntos”, un “envejecer juntos”. Y no se ama sin roces.

Mi conclusión es simplemente que se deben poner “chinitas” al divorcio y “autopistas” a la reconciliación: Por ejemplo, se deberían fomentar entidades de ayuda familiar orientadas a facilitar la solución de conflictos; además de prevenir por medio de cursos de orientación familiar: enseñar a ser padres, a ser esposos, a ser hijos. Y se debería ser más restrictivo con las medidas de divorcio. Y, evidentemente, eliminar el divorcio exprés como una solución a un problema que, lo ideal sería volver a hacer las paces.

Sin embargo esas soluciones no bastan, el divorcio es, en gran parte, un problema de la falta de madurez de las personas concretas, que no estamos acostumbrados a sufrir un desplante, un disgusto, una discusión, un sacrificio. No aguantamos nada. ¿Por qué? Porque nos faltan virtudes: generosidad, fortaleza, comprensión... En definitiva, si somos mejores personas será más fácil que superemos las crisis normales de la vida, pues la muchas de ellas surgen en el roce con los seres queridos. Nunca tenemos problemas con desconocidos.

Frid.

jueves, agosto 31, 2006

El ius-positivismo genera indefensión

El ius-positivismo genera indefensión


El ius-positivismo parece, en principio una teoría inofensiva, incluso atractiva. Entre todos, por consenso, nos ponemos de acuerdo en definir lo que está bien o mal. Construimos el mundo, o al menos las reglas de juego en ese mundo.

La autoestima queda ensalzada. Hago lo que quiero, bueno... exactamente no. Haces lo que te dicta la mayoría, y, lo normal, es que todos se tengan que dejar algo en la gatera. Ese sistema, cuando lo forman personas sensatas, parece maravilloso. A nadie ninguna mayoría sensata se le ocurre pensar hacer una ley para asaltar la farmacia, la panadería o un banco, para poder atropellar a los que midan menos de un metro cincuenta centímetros, ni pegar un tiro a todas las señoras que vistan de negro y tengan moño. Porque, esas personas sensatas no ponen en la mesa de juego todo. Se guardan la dignidad humana en el bolsillo.

Y ahí falla el ius-positivismo. De pronto resulta que alguien se juega más de la cuenta, se hacen apuestas y una gran mayoría rompe las leyes no escritas para reescribirlas todas. Ahora es posible que la mayoría, que está en apuros, saque una ley para asaltar el banco: todos necesitan dinero y hay que repartirlo. Pero, además resulta que ese señor se resiste, pues hacemos una ley entre todos que le quita los derechos civiles, o –si incordia demasiado- que le quita la propia vida. La mayoría decide, es ley y debe cumplirse.

Por eso es evidente que hay algo que no podemos poner encima de la mesa política. La garantía antigua era una Constitución basada en la dignidad humana, en los derechos inalieanables de la persona. Los padres de la democracia europea tienden a considerar la Constitución como “meras reglas de juego”, sin base en la naturaleza humana y, por tanto, susceptibles de ser cambiada aunque el margen del cambio sea una mayoría cualificada.

Sin embargo, en esa convención hay una trampa. Y esa trampa la están sufriendo actualmente los niños no nacidos, que ya no se les ampara la vida; pero también la sufren los enfermos incurables en ciertos estadios de su vida que en Holanda son eliminados sin ser consultados (al menos en el 30 % de los casos). La trampa ha surgido porque hemos reglamentado con “meras reglas de juego”, sin analizar antes que las “reglas” las pusieron los “jugadores” que están por encima del juego que definen.

Las reglas son para la convivencia, no para hacer vulnerable al individuo. Y, si hubiese una regla a ese respecto, debería ser inmutable y eterna: “al jugador no se lee toca”; o lo que es lo mismo: el hombre es inviolable en cualquier estadio de su vida. La vida es un valor sagrado, o dicho de otro modo: hay derechos humanos.

Lo dicta la evidencia.

frid

miércoles, agosto 30, 2006

Chesterton ya lo decía: si tu matrimonio no funciona, procura arreglarlo.

Chesterton ya lo decía: si tu matrimonio no funciona, procura arreglarlo.

De hecho es así como se hace con las cosas que tienen valor. Si tu casa tiene goteras: arreglas las tejas, no te cambias de vivienda. Si el reloj se para: vas al relojero a ver si con nuevas pilas sigue marcando las horas. Si se agota la gasolina del coche, no lo dejas abandonado en la calle, vas y repostas en la estación de servicio más próxima. Si tu bebé llora no vas y lo tiras por la ventana, si hay que darle el pecho o el biberón será una u otro el que pueda resolver el llanto.

La gente civilizada no suele tirar al traste las cosas que necesitan una reparación. Sin embargo, los divorcistas, como decía Chesterton, cuando oyen que un matrimonio no funciona, tienen la panacea: pues te separas. Yo te pregunto ¿has pensado en arreglarlo? Es seguro que eso es mucho más barato.

Como dice forumlibertas: en España los divorcios en 2005 llegaron a la escandalosa cifra de 140.000, un 10% más que el año anterior. Si se continúa ese ritmo el matrimonio va a ser como un campo minado que al menor grito o discusión repercute en separación y daño de los hijos.

Parece que ya no tenemos aguante, que nos hemos vuelto todos inflexibles o “perfectos” como para exigir al otro demasiado. Hay muchas escenas de separaciones derivadas de las comparaciones: la mujer real o el marido que yo veo todos los días arreglado y sin arreglar; frente al compañero de trabajo o la vecina, que siempre veo arreglados y de visita. La persona que me recuerda que debo comprar las bombillas o la persona que se desvive porque le muestre las fotos de la niña, como si esa persona quisiese más a la niña que su madre.

En definitiva: se ha levantado la voz de alerta. Hay muchos torpedos sociales que pueden hacer fracasar el matrimonio si uno no se da cuenta a tiempo; los sentimientos se apegan y es inevitable; los amigos mal aconsejan; la sociedad te vende la felicidad hipotética, porque no te habla del coste económico, afectivo y de salud que los divorcios provocan.

Jill Savage aconseja algo muy viejo: la prudencia, y da unos consejos que copio de www.forumlibertas.com , pero además de los consejos, considera qué puedes hacer cada día para alimentar el amor de la pareja:

Precaución 1: Elige sabiamente. Evita pasar tiempo innecesario con alguien del sexo opuesto. Por ejemplo, si buscas un entrenador personal en el gimnasio, elige mejor a alguien del mismo sexo que tú.

Precaución 2: Comparte sabiamente. Si un día te das cuenta de que estás compartiendo con alguien secretos e intimidades sobre ti y tu matrimonio que no ha compartido con tu esposo o que no lo haría, eso es una señal de alerta. Un lío emocional con alguien, incluso si no llega a ser sexual, también puede hacer mucho daño a la relación.

Precaución 3: Procura estar en sitios públicos. Haz el propósito de no citarte a solas con alguien del otro sexo. Si un compañero te invita a comer o a que le acompañes. haz que venga una tercera persona. No titubees en explicarle, si hace falta, que así lo has acordado con tu cónyuge. Puede servir para dar ejemplo.

Precaución 4: No seas inocente. La mayor parte de la gente que termina teniendo un lío no quería tenerlo; la infidelidad empieza como una relación inocente que termina alcanzando una profundidad emocional que cruza la línea de la fidelidad.

Precaución 5: Aumenta tu inversión en hogar. Los matrimonios fuertes se consiguen pasando tiempo juntos, riendo juntos, jugando juntos. Si no tienes citas con tu pareja, planea ya citas para los meses que vienen y haz que pasar tiempo juntos sea una prioridad.

Precaución 6: Presta atención a lo que piensas. Si todo el día estás pensando en los fallos de tu cónyuge, si el tiempo que dedicas a pensar en él o ella se centra en defectos y reproches, es fácil que cualquier otra persona pueda parecerte mejor y te atraiga. Haz una lista por escrito de los puntos fuertes que inicialmente te atrajeron de tu pareja. Aumenta el animar y apoyar y disminuye las críticas.

Precaución 7: No juegues a comparar. Todos tenemos malas costumbres, manías y errores. Es muy tramposo comparar a tu esposa o esposo con un nuevo conocido, porque al recién llegado no lo estamos viendo en el mundo real, en el mundo de compartir techo, cuidar niños a las tres de la mañana, cuadrar cuentas, etc...

Precaución 8: Busca ayuda. Buscar ayuda es un signo de fortaleza, no de debilidad. Busca ayuda quien está dispuesta a presentar batalla, es un primer paso de fuerza. Un terapeuta familiar cristiano, un buen consejero, etc... te darán una perspectiva serena, valiosa, para establecer nuevas estrategias para proteger o defender o reconstruir tu matrimonio.

Estos consejos, publicados en Christianity Today (verano 2006, Vol. 23, n2, pág. 42) son de Jill Savage ( www.jillsavage.org ), fundadora de www.hearts-at-home.org

lunes, agosto 28, 2006

Soy capitalista pero en mi casa soy sencillamente Federico.

La vida es más rica que el capitalismo, pero sin él no hay una rica vida.

El otro día, gracias a un amigo bloguero, entré en un enlace que me llevó a un documento sobre lo que es el capitalismo de Ayd Ran. Y, enseguida me quedé convencido. Soy capitalista. Es evidente que es el mejor sistema, si no es el único, competente para generar riqueza. También es el mejor sistema para garantizar la libertad individual. Ciertamente unos se enriquecen más que otros, pero esos unos hacen subir el nivel de vida y el confort de los demás. De hecho trabajan para esos otros que son sus clientes y sus beneficiarios.

En toda ciudad que se precie, en todo Estado, en el mundo entero se debería estar agradecidos a los grandes hombres que han creado riqueza por medio de la innovación. Deberíamos recordar con admiración al inventor de la máquina de vapor, al del automóvil, de la locomotora, del submarino, al descubridor de la electricidad, a los genios de la informática, al descubridor de la penicilina, y a tantos otros que han hecho avanzar a la humanidad dentro de un sistema claramente liberal en los aspectos económicos.

Ciertamente hay y ha habido desigualdades sociales, pero en el mundo occidental, en el heredero del capitalismo liberal, la sociedad ha avanzado en calidad de vida, en esperanza de vida y en salud. Y también ha podido dedicar sus sobrantes al desarrollo del tercer mundo, que también está mucho mejor que hace cien años, si bien todavía queda mucho que solucionar.

Sin embargo hay esferas de nuestra vida en las que el capitalismo no funciona, aunque funcione la libertad. Y eso es, sencillamente, que el capitalismo, como el liberalismo, sólo se refieren a un grupo de las relaciones entre los hombres. El hombre es algo más que un hombre-económico o que un hombre-político. El hombre es padre, madre, esposo, esposa, hijo o hija. Y esas relaciones son de otro tipo.

El ser esposo se elige; pero luego ya hay unos compromisos y un contrato peculiar que, a la llegada de los hijos, se vuelve ya irrenunciable en la paternidad. Ese último vinculo, deseado por los padres, es permanente. Pero el hijo recibe una relación sin haberla elegido: es hijo por decisión de otros.

Ahí no funciona el capitalismo. Ese tipo de relaciones, libres al inicio, se fundamentan en otros principios: la entrega plena y generosa sin esperar contraprestación alguna por parte de los padres; el amor filial del hijo que cada vez es menos dependiente y que, con el pasar de los años, le lleva a cuidar sin esperar contraprestación alguna de sus padres; el amor generoso y de donación plena entre los esposos, lo que es garantía de su felicidad. Esa es una sociedad más perfecta que la política y económica, se basa en el máximo principio: en el amor.

De esa sociedad aprenden los buenos políticos y los buenos empresarios, que son algo más que caudillos o jefes; gobiernan con suavidad y epiqueya; atienden a los empleados también en las necesidades materiales. Algo de eso sabe la Iglesia católica cuando escribe sobre Justicia Social, porque en ella está el aceite para la convivencia.

Frid

viernes, agosto 25, 2006

Apuntes sobre la clonación ( y VII)

Reflexiones conclusivas:

Solo tener que decir esto nos tendría que llenar de pena, porque ¿cómo es posible que el hombre haya llegado tan bajo en la degradación de su sensibilidad?

Cuando veíamos un bebé, hasta ahora, el sentimiento natural era de protección. Ahora no queremos verlo para no pensar lo que estamos haciendo.

  • La clonación humana representa la terrible desviación a la que se ve empujada una ciencia sin valores y es signo del vacío de una civilización que busca en la ciencia, la técnica y la búsqueda de la “calidad del vida” a toda costa el sustituto del sentido de la vida y de la salvación.
  • Detener la carrera de la clonación humana es un compromiso moral. Hay que diferenciar progreso científico del despotismo científico. La ciencia está al servicio de toda persona humana.
  • La clonación humana es una violación de los derechos del hombre al menos en el principio de igualdad y de no discriminación; tiene un claro matiz eugenésico.
  • La confianza en la ciencia nos lleva a asumir el reto de lograr los fines de la salud por métodos lícitos moralmente.
  • El ser humano se merece que lo tratemos mejor, sencillamente: como ser humano.

Apuntes sobre la clonación (VI). Células madre embrionarias.

Dice Juan Pablo II: “..., será necesario evitar siempre los senderos que no respetan la dignidad y el valor de la persona; en particular pienso en los eventuales proyectos o intentos de clonación humana, con el fin de obtener órganos para el transplante; estos procedimientos, en cuanto implican la manipulación y destrucción de embriones humanos, no son aceptables moralmente, aunque estén dirigidos a un fin en sí mismo bueno. La ciencia deja vislumbrar otras vías de intervención terapéutica, que no comportan ni la clonación ni la extracción de células embrionarias, ya que para esa finalidad es suficiente la utilización de células madre que pueden ser extraídas de organismos adultos” (Juan Pablo II, Discurso al Congreso internacional sobre transplantes de 29 de agosto de 2000).

Mis preguntas:

  1. ¿Quien arrancaría la vida a un niño con toda seguridad para curar a otro?
  2. ¿Hasta qué límite arriesgarías la vida de un niño para salvar a otro?
  3. ¿Quien mutilaría de modo imprevisible a un ser humano para extraerle miembros que puedan sanar a otros?
  4. ¿Quién eliminaría un ser humano para, con su material celular, fabricar otro?
  5. ¿Quien va a querer que le implanten un ser humano mutilado, un embrión del que se han extraído células madre, si sabe que hoy por hoy es inviable su éxito?
  6. ¿Quien quiere no tener padre y madre?
  7. ¿Quien quiere que su padre biológico sea un desconocido, que su madre biológica no sea la madre de la que ha nacido?
  8. ¿Quien gana con todo esto, el ser humano, o la esclavitud que nos somete a esos experimentos?
  9. ¿Y si hay métodos científicos diferentes para sanar enfermedades que no implican esos procedimientos, porqué hemos de seguir este camino de locos?


Apuntes sobre la clonación (V). Consideraciones éticas y científicas.

Algunas consideraciones a tener en cuenta sobre la clonación humana:

Dice la Pontificia Academia para la Vida: “la clonación constituye una radical manipulación de la racionalidad constitutiva y la complementariedad que se encuentran en el origen de la procreación, tanto en su aspecto biológico, como en el propiamente personal; pues tiende a convertir la existencia de dos sexos en un puro residuo funcional, unida al hecho de que es necesario utilizar un óvulo, privado de su núcleo, para originar el embrión-clon y necesita, por ahora, un útero femenino para poder llevar hasta el final su desarrollo. De este modo se utilizan todas las técnicas experimentadas en zootecnia (...)

Se produce una instrumentalización radical de la mujer, reducida a algunas de sus funciones puramente biológicas (prestamista de óvulos y útero) y se abre la perspectiva hacia la posibilidad de construir úteros artificiales, último paso para la construcción “en laboratorio” del ser humano.

En el proceso de la clonación se pervierten las relaciones fundamentales de la persona humana: la filiación, la consanguinidad, el parentesco, la paternidad-maternidad. Una madre puede ser gemela de su made, carecer de padre biológico y ser hija de su abuelo. Con la FIVET ya se ha introducido la confusión en el parentesco, pero con la clonación se verifica la rotura radical de esos vínculos” (Academia Pontificia para la Vida; Reflexiones sobre la clonación, Observatore Romano de 25 de junio de 1997; páginas 180 y 181 del libro).

Dos preguntas sencillas, pero sin respuesta limpia:

Pregunta sin contestar aún por la falta de éxito: ¿cuántos seres humanos se han sacrificado ya para ese experimento? Para llegar a la oveja Dolly se utilizaron 267 embriones. Luego para el éxito se requerirán centenares de intentos.

¿No es acaso la clonación no es mas que un comercio abierto y criminal, se trafica con seres humanos de encargo, y se asemeja al mercado de esclavos?

Apuntes sobre la clonación (IV). Clonación terapéutica y las células madre embrionarias

La clonación humana terapéutica con células madre.

Esta clonación tiene como objeto producir y utilizar células madre en el campo de los injertos de tejido en pacientes que sufren graves enfermedades metabólicas, neurológicas, musculares, cardiovasculares, neoplásticas, etcétera como son la enfermedad de Parkinson, el Alzhaimer, la esclerosis múltiple, isquemias o lesiones espinales, diversas enfermedades de la sangre, del hígado, etcétera. Pero también se está aplicando para cirugías de regeneración de huesos en implantes bucales y otras aplicaciones menores.

Células madre no embrionarias: son células no diferenciadas de un tipo de tejido específico que, en cultivo, tienen la propiedad de renovarse sin perder sus propiedades de replicarse y epigénica, y de diferenciarse en ciertas condiciones dando lugar a tipos celulares que componen tejidos y órganos. Son células multipotenciales.

Estas células son numerosas en el embrión en el estado de blastocito (alrededor de los cinco días, cuando las células oscilan entre 150 a 200). También se dan en el embrión ya anidado en el útero y en el feto; y en especial en algunos órganos como el hígado, la médula ósea y el cerebro: todas ellas son células madre embrionarias.

Además de en el embrión se dan células madre en la sangre del cordón umbilical y en algunos tejidos del cuerpo del adulto.

Ante el rechazo de los transplantes se inició una investigación de clonar seres humanos en células embrionarias con células somáticas del paciente, con el objeto de disponer de células de respaldo.

Con la investigación con células madre adultas se han logrado éxitos en la reconstrucción de la cornea de pacientes en Italia. En Dusseldorf se logró curar a un paciente de un infarto grave gracias a la inyección de células madre extraídas de la médula ósea. También se está utilizando para tratar la leucemia aguda y crónica, linfomas, mielomas y mieloplasias y algunas enfermedades metabólicas monogenéticas (hemoglobinopatías, inmunodeficiencias congénitas, enfermedades de lisosoma, anemia de Fanconi, etcétera.

La investigación con células madre adultas no tiene problemas éticos, salvo los comunes de otros aspectos de la medicina.

La succión de masa celular de embriones en fase de blastocitos es matarlos. También es asesinato el clonar desde un embrión las células de un paciente. No se puede quitar una vida para salvar otra vida.

Ahora unos científicos dicen que han extraído células madre de un embrión sin matarlo; se les puede hacer las siguientes preguntas:

  • Qué hacía ese embrión fuera del útero de la madre, que es el lugar más seguro para su vida?
  • ¿Si de los embriones que no se han manipulado, sólo cuatro de cada 100 dan lugar a un niño nacido, cuantos morirán entre los manipulados?
  • ¿Si la célula extraída es omnipotencial, capaz de generar otro ser humano, no es acaso un gemelo del otro, y, por tanto, otro ser humano?
  • ¿Si las células madre extraídas son de un embrión más maduro, sólo pluripotenciales, qué parte del embrión se ha extraído, un dedo, la pierna, el corazón?
  • ¿No es más sencillo utilizar células madre adultas que son las que no dan problemas de conciencia, y son, además las únicas que han logrado tener aplicaciones terapéuticas?

Apuntes sobre la clonación (III). Razones que no se sostienen.

Motivos que se podrían plantear para una petición de clonación humana.

Motivos principales: la esperanza de conseguir dar un hijo a padres con esterilidad radicalmente incurable; dar un hijo sano a padres afectados con patologías hereditarias; mejorar las técnicas de la FIVET y su porcentaje de éxitos; diagnóstico perimplanto a favor del embrión original (investigar con la réplica).

Motivos eugenésicos: replicar individuos particularmente bien dotados; asegurar la disponibilidad de órganos de transplante sin rechazo alguno; generar un número significativo de individuos idénticos para la investigación de la influencia de los aspectos hereditarios en la salud y en la personalidad; asegurar el sexo del hijo; la generación de superatletas; la mera experimentación y curiosidad humana.

Valoraciones de la clonación ampliamente compartidas en la sociedad contemporánea.

El consenso es casi unánime sobre la inadmisibilidad de la clonación de seres humanos. Esta valoración ética ha de ser jurídicamente sancionada.

Razones éticas: respeto a la identidad individual (nadie tiene derecho a decidir cómo debo ser); respeto a la dignidad humana (no manipularla ni replicarla; ni arriesgar la vida del hipotético clon); protección de la autonomía genética.

Es antinatural y antiecológico; dice H. Jonás: “la clonación es en el método la más despótica y en el fin la más esclavizadota forma de manipulación genética: su objetivo no es la modificación arbitraria de la esencia hereditaria, sino precisamente su también arbitraria fijación en contraste con la estrategia dominante en la naturaleza”.

Además, desde el punto de vista de una ética personalista:

En el origen, la clonación se separa del acto conyugal. Incluye la alteración del orden natural de la IAD, de la FIVET y de la GIFT en lo referente a la generación del ser humano, al riesgo de su vida, a su desvinculación de los padres biológicos. Además la intervención técnica asexual desvincula totalmente ese ser humano de los antepasados. Es un ser sin historia.

La clonación es equivalente a deshumanización en la procreación.


El individuo sería querido como réplica de otro, no por sí mismo. Y se le encargaría una misión, si viviese, que él no ha elegido. Se le intentaría programar la vida.

Un individuo clonado es un individuo instrumentalizado.

Apuntes sobre la clonación (II). Un largo camino hacia la manipulación humana.

Las etapas de un camino de investigación de cincuenta años.

Primeros experimentos de clonación: Estados Unidos en 1952 con embriones de rana, posteriormente en muchos anfibios.

A partir de 1975 se investiga con mamíferos. Primeros éxitos y parciales con ratones en 1981. Verdaderos clones en 1986 con ovejas y con becerros, posteriormente con simios. Todos estos casos son de escisión embrionaria.

Caso de utilización de células adultas: Oveja Dolly en 5 de julio de 1996; anunciado en Nature el 27 de febrero de 1997. Se realiza por sustitución del núcleo de un óvulo por el de una célula adulta. El éxito se logró después de ensayar 29 blastocitos derivados de 277 embriones reconstruidos con células de las glándulas mamarias. Un porcentaje de éxito de 1/277 ó 0,003.

El primer intento de clonación humana es del profesor J. L. Hall de la George Washington Scool of Medicine en 1993. En ese caso, todos los clones utilizados sucumbieron. Sin embargo para ello eligieron 17 embriones humanos compuestos de 2 a 8 células no transferibles al útero. Se separaron las células envolviendo cada una en una zona pelosa artificial; se sumergieron en el caldo de cultivo adecuado iniciando el desarrollo de 48 embriones. De ellos sólo los que derivaron de un embrión compuesto por dos células alcanzaron el desarrollo hasta 32. Todos los embriones fueron eliminados. Esta técnica es clonación impropia o splitting. Como consecuencia de la polémica que suscitó, el Profesor Hall abandonó la Universidad al año siguiente.

Conclusión: hasta ahora todos los frutos de la clonación humana han sido asesinados, o lo que es lo mismo, se ha llevado al embrión a un imposible desarrollo.

Apuntes sobre la clonación (I). Precisiones terminológicas

En los medios de comunicación nos están vendiendo que se ha logrado extraer células madre sin matar al embrión. Y argumentan que se acabaron ya así los problemas éticos.

Ante esa falacia, traigo en mi blog los apuntes de una persona interesada en el tema y en qué hay de verdad de todo esto, porque el tema trata sobre seres humanos, que son lo más preciado y delicado.


Precisiones conceptuales y terminológicas:

Clon deriva del griego: klon o “capullo o ramito”. En biología: clon es el resultado de duplicar el patrimonio genético de una estructura molecular, es decir, obtener dos individualidades biológicas idénticas genéticamente.

Este fenómeno parece que se da espontáneamente en los gemelos homocigóticos. Esto es posible en la fase del embrión totipotencial: cada célula está capacitada para generar un individuo completo de la especie humana.

En la fecundación in vitro se produce la gemelación a través del splitting: separación de una de las células del embrión original: es clonación por escisión embrionaria o clonación impropia.

Cada uno de los seres así generados es un ser humano completo.

Clonación en sentido propio: se ha descubierto que células que han perdido ya su capacidad totipotencial pueden verla reaparecer cuando el núcleo de esa célula se ha transferido a un óvulo privado de su núcleo: es la reprogramación del genoma: transplante nuclear. Y es “la producción de sujetos caracterizados por una identidad genética fundamental, partiendo de células adultas llevadas de nuevo a la condición original de potencialidad informativa y transplantadas en oocitos privados de sus núcleos”.

La clonación se refiere a individuos enteros, a moléculas de DNA, a células, a tejidos y otros. Esta el la clonación incompleta o parcial de gran utilidad para la medicina; también se denomina clonación terapéutica para diferenciarla de la reproductiva.

La identidad con el ser originario no es completa. En el caso del transplante nuclear la identidad es sólo del patrimonio del núcleo, pero se diferencian en la parte aportada por el ovocito sin núcleo. De todos modos la diferenciación básica está en la diferente identidad.

En el caso de transplante nuclear se mata un embrión para "fabricar otro", que ya pierde su relación completa con toda referencia sexual.

Bibliografía para los post (I al VII inclusive): Ver Bioética, de Lino Ciccione, Ediciones Palabra, 2ª Edición; Madrid 2006.

Falacias de un ateo

Las falacias de un ateo:

Reflexiones-liberales

Ha caído en mi blog un defensor acérrimo de la ideología atea; un aspirante a "un mundo ateo". Su blog es negro y es razonable. No tiene luz. Sin embargo dice que no impone su mundo, lo que no creo en absoluto. Sin embargo algo podré decirle. Yo no creo en que Dios existe, sino que tengo evidencias de su existencia. Es más razonable pensar que Dios existe a pensar que el azar lo hizo todo o que el mundo sigue las leyes del eterno progreso. Y en eso están de acuerdo los agnósticos, que dudan, no se atreven a dar el paso de ese señor, son más humildes. No han podido demostrar la existencia de Dios y la dejan en suspenso.

El ateismo es algo relativamente reciente, la humanidad siempre se ha preguntado la causa última de las cosas y ha ido atribuyendo esa causa a seres que consideraba superiores. De hecho en la raíz de los ídolos hay una parte de verdad. Es cierto que el sol y la luna se escapan de la voluntad humana y de su poder, por ahora... porque quizá inventemos algo con lo que los destruyamos. Pero no son superiores a los hombres. El que nos supera es el que comenzó todo esto. ¿Cómo lo hizo? Ese es un misterio incluso para la ciencia que sólo puede encontrar respuestas del día después.

La metafísica, que es racional, da un paso adelante y, con el razonamiento, concluye en la existencia de un Principio. Pero a ese Principio, al Dios de la Ilustración racionalista, al Dios como causa, no le reza nadie.

Los que rezamos lo hacemos a ese Dios en cuanto se ha revelado a los hombres.

Es falso que la educación de las Escuelas en las que no se hable de Dios sea indiferente, porque la respuesta es clave para la interpretación del mundo.

Es una injusticia y una monstruosidad negar a los padres el derecho a educar a los hijos en unas creencias, y ahí engarza mi oponente con los marxistas y todos los laicistas de la tierra. Aunque se contradiga acaba de sobrevalorar la función del Estado.

Si mi oponente fuese capitalista, ni habría entrado en la cuestión de la educación, habría aspirado a un sistema liberal; y si fuese más liberal habría entendido que los países de mayor riqueza generada son los de raíces cristianas.

Sus numerosos prejuicios le ciegan los ojos. Porque nadie niega lo nefasta que es la Inquisición, ya superada. Pero ahora toca condenar los campos de concentración en la China Comunista, el régimen de Castro y los demás totalitarismos ateos que nos invaden. El crimen, sin Dios, es más fácil.

Y llamar egoísmo al consuelo es un absurdo. Estoy harto de que llamen a los que aspiran al cielo egoístas y, sin embargo, a los que aspiran a sacar una plaza en una oposición, aprobar una carrera universitaria, comprar un televisor, casarse con una moceta maja, se diga que tienen aspiraciones legítimas. Lo natural es aspirar a la felicidad, está impreso en la naturaleza.

Por eso mismo dudo incluso sobre si no se ha delatado mi oponente como un acérrimo laicista al comenzar su discurso, cuando quiere arrojar la religión de la vida pública. Si fuese demócrata respetaría a la mayoría, que es católica en España, y dejaría estar esas manifestaciones religiosas, esa educación religiosa para los que la quieran... y con el mismo dinero con el que se financian las otras opciones. O... ¿los católicos, los judíos, los musulmanes, no pagamos impuestos?

frid

martes, agosto 22, 2006

Un breve resumen sobre la autoría de los Evangelios canónicos.

Una autoría más que contrastada.

Ante un comentario emitido en la red poco fundamentado, me he permitido traer a colación esta estractada documentación.

Ningún historiador serio discute la autenticidad de los evangelios canónicos, es decir, que fueron escritos por Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

Hay más de 4.000 códices griegos, traducciones latinas, coptas y siríacas entre los siglos IV y IX que atestiguan esto. Incluso los escritores de los “evangelios apócrifos” no niegan la autoría de estos evangelios, sino que para enfrentar autoridad con autoridad atribuyen sus obras a otros apóstoles o discípulos de Jesús, si bien esos textos no soportan un análisis crítico de autenticidad ni de veracidad.

Pero además de esos testimonios, dan fe de ello numerosos escritores de los primeros siglos del cristianismo, algunos de ellos son personas que convivieron con los apóstoles y los evangelistas o bien que convivieron con los que los conocieron de primera mano.

Así tenemos a Papías, obispo de Hierápolis de Frigia, que hacia el años 125 nos atestigua a través de Juan el presbítero, discípulo de Juan Evangelista que Marcos era el intérprete de Pedro; que Mateo, discípulo del Señor, escribió en arameo sobre las cosas hechas y dichas por Jesús. Este testimonio lo recoge después el historiador Eusebio de Cesarea.

San Ireneo (siglo II) era discípulo de San Policarpo, que a la vez lo era de Juan el Evangelista. Su testimonio es el siguiente: Mateo escribe cuando Pedro y Pablo evangelizaban Roma, hacia el año 50, en lengua hebrea; Marcos transmite la predicación de Pedro, hacia el año 65; Lucas colaborador de Pablo, escribe el evangelio enseñado por éste a los gentiles entre los años 67 y 70; Juan escribe en Éfeso hacia finales del siglo primero.

Clemente de Alejandría (siglo II y III) habla de los cuatro evangelios en sus escritos y conoce la tradición sobre ellos.

Orígenes (185-255), en Egipto, nombra a los cuatro evangelistas y el orden en que escribieron.

Tertuliano (160-223) en África, afirma la autoridad de los evangelios.

Otras autoridades de primera fila son San Clemente Romano, discípulo de Pedro y que fue Papa del año 91 al 100; San Ignacio de Antioquia (discípulo de San Juan), el Pastor de Hermas (siglo II).

Como puede observarse la relación de testigos directos es tal que se entiende que hasta la aparición del Modernismo y de la interpretación de la “teología liberal” de los textos de la Biblia, era una verdad pacíficamente poseída el que los evangelios canónicos los han escrito los cuatro evangelistas y eran testigos directos de la predicación y vida de Jesús o de la de los Apóstoles (Lucas).

Las dudas no surgen de los historiadores sino de los que, con prejuicios previos, no pueden aceptar la existencia real de Jesús. Pero negar eso y negar la autoría de los Evangelios está menos fundado que el negar al existencia de Alejandro y del historiador Herodoto, de Julio Cesar y Tácito, de los Reyes católicos y Pulgar.

Por otra parte no hay documento antiguo con más referencias a sus autores y más cercanas a la fecha de composición. El primero sería el testimonio de Herodoto sobre Aristóteles cien años después de su obra (Papías testifica sobre los evangelistas 55 años después del más antiguo de ellos).

Con respecto a los papiros encontrados es lógico que un documento tan valioso se copiase más que ningún otro y, por supuesto, más que los evangelios apócrifos. Y de hecho conservamos más códices que de ningún otro (véanse los 4.000 códices antes citados que conservan entre ellos una identidad casi absoluta); pero es que además se conservan papiros de los Evangelios de sólo 35 años después del primer texto (Papiro Rylands de Manchester), de 100 años después (papiro Bodmer II de Ginebra); de los tres siglos posteriores a Jesucristo al menos se conservan treinta papiros de los evangelios. Es un caso único en la histografía grecorromana.Además se ha encontrado un papiro con un fragmento del evangelio de Mateo datado en el año 70 por parte de Carsten Peter Thiede (el Magdalen Cr. De Roma 17)

La datación de los Evangelios más probable está entre la fecha dada por el Padre B. Manzano S. I. ( la versión aramea del evangelio de Marcos: años 37 al 42, escrito en Palestina; la versión griega del de Marcos: años 40 al 45 en Roma; del de Lucas: años 47 al 56 en Roma; y del de San Juan alrededor del año 95 en Éfeso) y la del profesor H. J. Shultz e la Universidad de Würtzburg (Alemania) (los sinópticos todos escritos antes del año 70 y el de San Juan antes del año 100).

frid

Para saber más ver: catholic.net