viernes, octubre 06, 2006

Intr. Teología V. La fe y la revelación.

En la fe tanto Dios como el hombre tienen mucho que ver. Sin querer no creeremos. Sin la gracia (que no nos faltará) no podríamos creer. Dios, que nos creó libres no nos salvará contra nuestra libertad. Dios que es misericordioso, no dejará de hablar al que le busca con sincero corazón.


Introducción a la Teología (V)

I.4. Los dos sentidos del vocablo fe:

a) Virtud sobrenatural: se refiere al Acto de fe y al Contenido de la fe.

b) Acto de la virtud sobrenatural: es la adhesión libre, auxiliada por la gracia a las verdades que Dios nos ha revelado, no por la verdad extrínseca de lo que se manifiesta, sino por la autoridad de Aquél que revela.

El acto de fe supone:

· Un testigo a quien se cree
· Un sujeto que cree, hay una relación interpersonal.
· Una proposición que se presenta al asentimiento como verdadera.
· Una razón para el asentimiento basada tanto en la autoridad del testigo como en la coherencia de lo revelado.
· Un acto de la voluntad. Se cree porque se quiere creer. Se ejercita la libertad.
· En el caso de la fe sobrenatural: un auxilio divino para elevar la inteligencia y la voluntad y prestar el asentimiento.

Cuando Dios revela hay que prestarle la obediencia de la fe. Constitución Dei Verbum nº 5: "Cuando Dios revela hay que prestarle "la obediencia de la fe", por la que el hombre se confía libre y totalmente a Dios prestando "a Dios revelador el homenaje del entendimiento y de la voluntad", y asistiendo voluntariamente a la revelación hecha por El. Para profesar esta fe es necesaria la gracia de Dios, que proviene y ayuda, a los auxilios internos del Espíritu Santo, el cual mueve el corazón y lo convierte a Dios, abre los ojos de la mente y da "a todos la suavidad en el aceptar y creer la verdad". Y para que la inteligencia de la revelación sea más profunda, el mismo Espíritu Santo perfecciona constantemente la fe por medio de sus dones".

Ejemplo de la fe de Abraham: Génesis 12, 1-9: “Yahvé dijo a Abraham: vete de tu tierra y de tu patria a la tierra que yo te mostraré. Haré de ti una nación grande y te bendeciré. Marchó Abraham tal como le había dicho Yahvé”.

· Abraham oye la palabra de Dios.
· Abraham percibe la autoridad de quien habla.
· Acepta lo que se le dice: asiente a la verdad revelada.
· Obedece: se pone en camino. Pone en práctica su fe.

Jesucristo pide a sus discípulos fe en El, y como consecuencia de ello les pide que le sigan: “Venid conmigo y haré de vosotros pescadores de hombres” (Mc 1,17); “Vio a Leví... y le dice: Sígueme” (Mc 10,21).

San Pablo muestra que la fe supone: aceptar el mensaje de Cristo, un mensaje no evidente por sí (escándalo para los judíos y locura para los gentiles), y que lleva a manifestarse de modo externo, a dar testimonio de la fe.

San Juan muestra cómo la fe supone un impulso interior para reconocer a Cristo como Mesías. Además es la incoación de la vida eterna.

Intr. Teología IV. La seguridad de la Iglesia

Un gran consuelo: Dios no nos dejó solos, fundó la Iglesia como camino, como testigo y como guardián de la fe. En ella instituyó el orden sacerdotal en el que confió el depósito de la fe y le asiste con la gracia del Espíritu Santo para que el depósito de la fe se transmita a lo largo del tiempo.

Nosotros, los fieles cristianos, lo transmitimos también con nuestra propia vida. Somos parte viva de esa tradición. Si somos fieles formaremos parte de la cadena que conduce desde Cristo hasta el final de los tiempos hacia la salvación de los hombres.



Introducción a la Teología (IV)

I.3. La Revelación y la Iglesia:

Razón de ser de la Iglesia: Depositaria de la Revelación y Administradora de la gracia.

Cristo es el Mensaje central de la Iglesia. Le encontramos en los Sacramentos (especialmente en la Sagrada Eucaristía), en la Escritura, en la Predicación cristiana, en el papel de los pastores (son “otros Cristos”, hacen sus veces en la Tierra) y de los cristianos (somos su Cuerpo Místico) .

La Iglesia es signo y motivo de credibilidad. Concilio Vaticano II: Constitución Dogmática Lumen Gentium nº 1: la Iglesia es en Cristo como un sacramento o señal e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano, insistiendo en el ejemplo de los Concilios anteriores, se propone declarar con toda precisión a sus fieles y a todo el mundo su naturaleza y su misión universal.

Asistencia del Espíritu Santo a la Iglesia:

a) Como depositaria de la Revelación.

b) Como intérprete infalible de la Revelación. Dei Verbum nº 10: ...Pero el oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios escrita o transmitida ha sido confiado únicamente al Magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en el nombre de Jesucristo. Este Magisterio, evidentemente, no está sobre la palabra de Dios, sino que la sirve, enseñando solamente lo que le ha sido confiado, por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo la oye con piedad, la guarda con exactitud y la expone con fidelidad, y de este único depósito de la fe saca todo lo que propone como verdad revelada por Dios que se ha de creer.

Intr. Teología III. Cristo el culmen de la Revelación.

Muchos, después de Cristo, han querido completar la revelación. Ejemplo hay desde el movimiento gnóstico, Mahoma, los mormones y otros muchos que han necesitado encumbrarse y rebajar a Cristo a la categoría de profetas. A un nivel ínfimo algo parecido intentó el panfletario Dan Brown. Y es que si se admite su divinidad ¿qué más se puede decir sobre Dios que Él no haya ya comunicado?




Introducción a la Teología (III)

I.2. La Plena Revelación en Jesucristo:

Con su presencia, palabras, obras, señales, milagros, Resurrección gloriosa y envío del Espíritu Santo. Ver Dei Verbum nº 4: Después que Dios habló muchas veces y de muchas maneras por los Profetas, "últimamente, en estos días, nos habló por su Hijo". Pues envió a su Hijo, es decir, al Verbo eterno, que ilumina a todos los hombres, para que viviera entre ellos y les manifestara los secretos de Dios; Jesucristo, pues, el Verbo hecho carne, "hombre enviado, a los hombres", "habla palabras de Dios" y lleva a cabo la obra de la salvación que el Padre le confió. Por tanto, Jesucristo -ver al cual es ver al Padre-, con su total presencia y manifestación personal, con palabras y obras, señales y milagros, y, sobre todo, con su muerte y resurrección gloriosa de entre los muertos; finalmente, con el envío del Espíritu de verdad, completa la revelación y confirma con el testimonio divino que vive en Dios con nosotros para librarnos de las tinieblas del pecado y de la muerte y resucitarnos a la vida eterna.

La economía cristiana, por tanto, como alianza nueva y definitiva, nunca cesará, y no hay que esperar ya ninguna revelación pública antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo (cf. 1 Tim., 6,14; Tit., 2,13).

Al llegar la Plenitud de los tiempos, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad se Encarna ¿hay algo más perfecto que Dios mismo?.

Cristo es el Alfa y Omega, principio y fin de la Revelación.

Cristo es el perfecto testigo, mediador y portavoz del Padre.

Intr. Teología II. Aspectos de la Revelación Sobrenatural

En la Revelación sobrenatural lo verdaderamente importante es lo que Dios quiere decir al hombre y el por qué de ese mensaje. No se trata de que hagamos nuestra propia teoría, si bien sí nos pide Dios que pongamos nuestra inteligencia a su servicio. Pero Él no habla para alagar nuestra inteligencia, lo hace para mostrarnos el camino del cielo, un camino interrumpido por el pecado de los hombres. Unos se pararán preguntándose de qué material está hecho; otros se preguntarán por qué ese camino y no otro; pero aunque se lo pregunten, lo importante es que vayan caminando por ese sendero, porque el no avanzar es retroceder. No nos salvaremos por ser muy inteligentes, sino por ser muy obedientes. Y la inteligencia debe servir para conocer mejor la senda y enseñarla a otros.



Introducción a la Teología (II)

Algunos aspectos a considerar de la Revelación Sobrenatural:

a) Automanifestación de la vida íntima de Dios, fundamentalmente el Misterio Trinitario y de la Humanidad Santísima de Cristo, de un modo libre y gratuito. Dios toma la iniciativa.

b) A través de la Sagrada Escritura, Nuevo y Antiguo Testamento: la Palabra de Dios se comunica al hombre en el lenguaje de los hombres.

c) A través del acontecer de la vida de los hombres: se desarrolla en la Historia. No es un acontecer plano, se manifiesta en momentos de especial intensidad como pueden ser el episodio de Moisés y la zarza ardiente, las plagas de Egipto, la nube que acompaña al Pueblo elegido en el Desierto, la entrega de las tablas de la Ley, etc. Estas teofanías alcanzan su plenitud al final de los tiempos, cuando se encarna el Hijo de Dios. Es un mensaje para todos los hombres, no sólo para unos pocos privilegiados.

d) Es un mensaje que salva. No sólo anuncia la conversión, sino que otorga la gracia para recuperar la amistad con Dios. En este caso, al ser palabra divina, tiene el poder de causar lo que proclama.

e) Es un don gratuito de Dios, superior a cualquier ciencia y poder humanos.

Intr. Teología I. Los grandes acontecimientos de la salvación.

Comenzamos en este post un resumen sencillo de lo que pudiera llamarse un curso de Introducción a la Teología. Serán esquemas que admiten, con posterioridad, debates o digresiones sobre algunos de los asuntos que aquí se tratan. Esos serán asuntos más actuales y susceptibles del debate con el lector.



Introducción a la Teología (I)

I. Fe y Teología:

I.1. Salvación y Revelación:

Los grandes acontecimientos de la acción de Dios en el mundo y en la historia de los hombres podrían resumirse el los siguientes:

1. Creación del mundo, del hombre y de la mujer (Génesis).
2. Revelación de Dios al pueblo de Israel: la Promesa y su concreción en el tiempo.
3. La Encarnación de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, su vida oculta y pública.
4. La Muerte y Resurrección de Jesucristo: la Redención.
5. La Fundación y la vida de la Iglesia con la institución de la Eucaristía y de los demás Sacramentos.

Dios interviene en la vida de los hombres, les revela el sentido de su vida y los misterios de la Intimidad divina. Es una muestra del amor de Dios a los hombres, ver Concilio Vaticano II, Constitución Dogmática Dei Verbum nº 2: Naturaleza y objeto de la revelación: “Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a Sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad, mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina. En consecuencia, por esta revelación, Dios invisible habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor y mora con ellos, para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía. Este plan de la revelación se realiza con hechos y palabras intrínsecamente conexos entre sí, de forma que las obras realizadas por Dios en la historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina y los hechos significados por las palabras, y las palabras, por su parte, proclaman las obras y esclarecen el misterio contenido en ellas. Pero la verdad íntima acerca de Dios y acerca de la salvación humana se nos manifiesta por la revelación en Cristo, que es a un tiempo mediador y plenitud de toda la revelación.”

Dios se ha manifestado al hombre desde siempre, primeramente en el orden de la naturaleza, con lo que puede llamarse Revelación natural, a través de la Creación y providencia ordinaria. Ver textos del Salmo 19,2-5 ; Sabiduría 13, 1-9 y Romanos 1,18-23 .

Además ese mismo orden está impreso en la naturaleza del hombre como una voz interior que manifiesta la ley natural a través de la voz de su conciencia.

Sin embargo, en lo referente al Misterio de Salvación se manifiesta la Revelación en un orden superior, el sobrenatural, que requiere la iniciativa divina.

Para el curso que comienza. San Bruno teólogo del silencio y la contemplación.


Traigo a colación, como comienzo de este nuevo curso, la reseña del VIS con las palabras que Benedicto XVI ha dirigido a la Comisión Teológica Internacional sobre la misión del teólogo.

En el fondo, para profundizar sobre el conocimiento de Dios hay que escucharle a Él. No se trata de pensar nosotros lo que nos parece que es Dios sino, más bien, en meditar lo que Dios nos ha comunicado sobre Él. Y eso con humildad: dispuestos a aprender y a rectificar.

La seguridad del teólogo está en esa humildad que le permite estar firmemente amarrado a la barca de Pedro. Si alguien errase, ese sería yo. Y así estoy tranquilo y voy con una gran libertad y seguridad investigando, viviendo y dando gracias al Dios de la Gloria, de la Sabiduría y de la Obediencia.



MISION DEL TEOLOGO PASA POR EL SILENCIO Y LA CONTEMPLACION


CIUDAD DEL VATICANO, 6 OCT 2006 (VIS).-Esta mañana en la Capilla Redemptoris Mater el Santo Padre concelebró misa con los miembros de la Comisión Teológica Internacional.


El Papa, en su homilía, aludió a la figura de San Bruno, cuya festividad se celebra hoy y cuya misión se caracterizó por "el silencio y la contemplación (...) que sirven para encontrar en la dispersión de cada día la unión profunda y continua con Dios".



La misión del teólogo, observó Benedicto XVI, es la "hacer presentes las palabras esenciales en la locuacidad de este tiempo y de otros tiempos (...) mediante la purificación de nuestras parolas y por lo tanto, por la purificación de las palabras del mundo, necesitamos ese silencio que se transforma en contemplación, que nos hace entrar en el silencio de Dios y llegar al punto donde nace la Palabra, la Palabra redentora".


"Nuestro hablar y pensar -prosiguió. debería servir para que pueda escucharse y encontrar espacio en el mundo el hablar de Dios, de la palabra de Dios. Así, de nuevo, nos encontramos invitados a este camino de la renuncia a nuestras palabras, a este camino de purificación para que nuestras palabras sean solo instrumento mediante el cual Dios pueda hablar y de esa forma Dios sea realmente no el objeto sino el sujeto de la teología".


Después citando la Primera Carta de San Pedro, recordó que "hablar para encontrar aplausos, hablar orientándose a cuanto los hombres quieren escuchar, hablar obedeciendo a la dictadura de las opiniones comunes, se considera como una especie de prostitución de la palabra y del alma", pero "no hay que someterse a esta tipología" sino "buscar la obediencia a la verdad. Pienso que esta sea la virtud fundamental del teólogo, esta disciplina dura de la obediencia a la verdad, que nos hace colaboradores" y "bocas de la verdad"

BXVI-HOMILIA/TEOLOGIA/... VIS 061006 (320)

lunes, septiembre 25, 2006

El mal del hombre y la paciencia de Dios.

El mal del hombre y la paciencia de Dios.

Los ateos suelen decir que no creen en Dios porque si Dios fuese infinitamente bueno, ¿permitiría el mal en el mundo? Y se quedan tan tranquilos sin mover un dedo por erradicar el mal, mientras que emplean toneladas de verborrea para eliminar a Dios de la faz de la tierra.

No les vale que entre los cristianos haya personas que hayan, durante todos los siglos, desarrollado maravillosas iniciativas para combatir la ignorancia, la enfermedad, el sufrimiento y la soledad. Para ellos la suerte está echada. Hay mal, luego arrojemos a Dios del mundo por permitirlo.

Son los mismos que eliminan a la mitad de la humanidad para salvar a la otra mitad, que toleran como progreso la figura infernal del aborto, que se callan (cómplices) ante los campos de concentración chinos, ante los asesinatos de católicos en el mundo musulmán, ante la falta de libertad en el paraíso comunista residual de Cuba.

Frente a ellos se levanta un gran misterio: Cristo en la cruz; un Dios que se ha encarnado y ha muerto por ganarnos el cielo... y que ha resucitado. Pero aún sin fe es algo desconcertante: alguien que ha dado la vida por los pecadores.

Y razonan: qué cruel es Dios que permite que maten a su Hijos. Y no razonan: qué grave es el pecado del hombre que para repararlo Dios ha mandado a su Hijo que muriese por nosotros. Y no quieren ver que después de la muerte vino la Resurrección, ni tampoco que la vida del hombre en la tierra es temporal; estamos de paso.

Y, sin querer desentrañar el misterio, quiero apuntar una consideración que nos abrirá los ojos. La naturaleza humana, en cuanto corporal, es mortal. Y si sabemos que el hombre fue creado inmortal lo sabemos porque está así expresado en la Revelación. Nacemos para morir. Y mantenemos la esperanza porque estamos seguros de la inmortalidad del alma. Eso es lo importante: la trascendencia del alma, su felicidad última. Ese incierto destino del alma después de la muerte, del que sabemos muy poco con la luz de la razón y todo lo que necesitamos con la luz de la fe.

Si pensamos lo pocos que son los años aquí en la tierra para todos, para buenos y malos; tendremos que analizar donde está el verdadero mal; y qué saca Dios del mal del hombre sobre la tierra.

Otra luz: Dios nos ama como nos ha creado, con libertad de elegir; y esa libertad es la que nos abre el camino del bien o de la vida; y el del mal o de la condenación eterna. Ahí es donde debemos preguntarnos ¿por qué Dios permite el mal moral; todo mal físico encontrará una explicación y un alivio? Una explicación: la libertad humana; un doble alivio: su temporalidad y su valor redentor desde que Cristo nos asoció a Él en la cruz.

Del mal moral del que no nos arrepentimos deriva la condenación eterna. Pero ahí topamos con la libertad y la gracia divina. Dios ofrece a todo hombre los medios para que vaya al cielo, pero no violenta su libertad. Libre lo creo y libre lo salvará. Pero también, libre, el hombre puede rechazarlo.

frid

Creación y progreso. El hombre moderno opta por acelerar el proceso evolutivo (II).

Creación y progreso. El hombre moderno opta por acelerar el proceso evolutivo (II).

El progreso continuo, definido también como “evolución atea” está sustentado en el aire, mezclando una experiencia científica sobre la evolución de las especies con el saber práctico de aplicar esa evolución, a través de la política, a la esfera social del hombre. Es otro tipo de intento, “la ingeniería social” que pretende acelerar el camino hacia el superhombre alterando sus valores y principios morales, así como la base de su estructura social. Han imaginado un ser con apariencia de humano, insensible al bien y al mal, capaz de estructurarse según decisiones autónomas sobre su sexo de elección contra el sexo de la naturaleza (intentando romper el límite de la barrera natural); la elección de las uniones afectivas (intentando superar la estructura social basada en la familia); la elección de la ética de la mayoría (intentando superar la barrera del bien y el mal de la ética de la naturaleza)

Con este empeño el hombre sustituye las leyes de Dios creador, que admiten un modo de crear no estático y en el que encajan todos los últimos descubrimientos científicos, por las leyes que “desde ahora”, se determinan por el ser más evolucionado de los seres conocidos. El hombre en un empeño colectivo (rememorando al creador) ha hecho suya la ley evolutiva. Y fabrica mundos imaginados donde deben moverse sus peones.

Esos mundos chocan indefectiblemente con la “libertad”. Los peones no dejan de ser humanos, con ideas propias y, por tanto, imprevisibles; con ansias de felicidad y con preguntas sobre la eternidad. Y esos seres son los menos susceptibles a aceptar un experimento. Lo que lleva a los “programadores del progreso”, a los que afirman que ese es “el proceso natural” a imponer las condiciones de contorno para que se realice su experimento. No les sirve el aviso de que ese experimento hará tremendamente infeliz al hombre, su experimento exige sacrificios. No os preocupéis “cobayas” que si no sois felices, la felicidad vendrá mañana para otro tipo de seres, los superhombres, que se moverán por otro tipo de coordinadas.

Yo prefiero creer en Dios, al menos le deja al hombre tranquilo; le propone su felicidad en la tierra, limitada, pero en el cielo ya sin límites; le quiere como es y como ha sido siempre; considera hombre lo mismo a un africano que a un europeo; a un hombre fuerte y a uno débil; a un creyente y a otro que no cree; para todos tiene una meta: la felicidad eterna. Y, todo este mundo creado es “sencillamente” un medio, pero un medio divino para lograr nuestra meta.

frid

Creación y progreso. El Dios de los cristianos y el dios del progreso (I)

Creación y progreso. El Dios de los cristianos y el dios del progreso (I)

Seamos sinceros. El hombre moderno también cree, porque para él es mucho más necesario creer que para los cristianos.

A ver si me explico, nosotros estamos convencidos de que Dios ha creado el mundo y ha creado nuestra inteligencia. Y ha obrado bien. “Y vio que el mundo era bueno”. Por eso confiamos que con nuestra cabeza, don de Dios, podemos desentrañar, algunas veces con facilidad y otras con creciente complicación, algunas de las claves del mundo creado. Y esas verdades logradas con el esfuerzo de los hombres de generación tras generación son nuestro bagaje cultural y científico. Somos ricos de saber por el esfuerzo de nuestros antecesores.

Tenemos el tesoro de la tradición de nuestros antepasados, de un mundo que ha creado un Dios Inteligente, el don de la inteligencia. Además, por ser cristianos, somos depositarios de una serie de revelaciones divinas de orden natural y sobrenatural que nos ponen en una situación ante el mundo infinitamente superior al mero conocimiento humano. Tenemos la ciencia sobrenatural y el don de la sabiduría; si bien ahí ejercemos el don de la fe. Creemos sólo lo necesario, aquello que sólo creyendo conocemos. De las demás realidades somos más críticos que nadie, porque sólo las aceptamos con una explicación razonable y convincente.

Sin embargo, los que se empeñan en justificar el mundo sin Dios tienen que creer en productos de su propia imaginación. Creen en presupuestos humanos fabricados por ellos mismos, con la ilusión de que sea cierta su ocurrencia.

Para eso han deificado al progreso, que definen como una fuerza ciega, un azar que, curiosamente, hace que el universo material se eleve en un orden cada vez superior, del que el último exponente “por ahora” es el hombre. Pero su “mito” del progreso continuo les lleva a creer algo horrible: que después del hombre, mero estadio temporal, surgirá un superhombre, otro tipo de seres que se empeñan en construir manipulando la genética. Curiosos fabricantes del Leviatán, de alguien que una vez fabricado nos mirará como “simios”, nos enjaulará para sus zoos y experimentará con nosotros como seres inferiores.

Paradoja: mi cabeza crea una explicación del mundo que luego impongo como verdad. Es sencillamente un ídolo intelectual, una criatura de la imaginación puesta en el templo de la divinidad.

frid

Acto de fe y la aceptación de la voluntad:

Acto de fe y la aceptación de la voluntad:

Todo acto humano implica una interrelación entre la inteligencia y la voluntad.

Para realizar el acto de fe, por muy razonable que sea el creer, si no quiero no creo.

La fe es, además de un acto sobrenatural, un acto humano: Catecismo de la Iglesia Católica nº 154: Sólo es posible creer por la gracia y los auxilios interiores del Espíritu Santo. Pero no es menos cierto que creer es un acto auténticamente humano. No es contrario ni a la libertad ni a la inteligencia del hombre depositar la confianza en Dios y adherirse a las verdades por él reveladas. Ya en las relaciones humanas no es contrario a nuestra propia dignidad creer lo que otras personas nos dicen sobre ellas mismas y sobre sus intenciones, y prestar confianza a sus promesas (como, por ejemplo, cuando un hombre y una mujer se casan), para entrar así en comunión mutua. Por ello, es todavía menos contrario a nuestra dignidad "presentar por la fe la sumisión plena de nuestra inteligencia y de nuestra voluntad al Dios que revela" (Cc. Vaticano I: DS 3008) y entrar así en comunión íntima con El.

El creer no anula la voluntad sino que la mueve hacia una aceptación de la Verdad que le dice el Sumo Bien, que Dios mismo le muestra como razonable. No creemos a ciegas ni afirmando la voluntad contra toda evidencia. Es razonable adherirse a lo que Dios diga ya que es la Suma Sabiduría, y es razonable querer adherirse a lo que Dios nos muestra ya que es la Suma Bondad.

Si nos preguntamos ¿por qué queremos creer?, tendremos que responder que la voluntad no es movida por la evidencia del objeto, sino por una serie de motivos “razonables” que muestran el bien de la adhesión al acto de fe; unos motivos que no determinan ni condicionan la libertad. Para creer Dios ha querido que Él y el hombre quieran.

En el acto de fe hay un querer amar, una relación de afecto y amor a Jesucristo, como transmisor de la Buena Nueva. Pero es que el objeto de la fe es un Dios amable, un Dios redentor, un Dios encarnado que ha querido compartir nuestra vida terrenal, un Dios cercano. El conocimiento de fe no es puramente teórico, es afectivo y enamorado.

Dice el Catecismo de la Iglesia Católica sobre la libertad de la fe: nº 160 "El hombre, al creer, debe responder voluntariamente a Dios; nadie debe estar obligado contra su voluntad a abrazar la fe. En efecto, el acto de fe es voluntario por su propia naturaleza" (DH 10; cf. CIC, can.748,2). "Ciertamente, Dios llama a los hombres a servirle en espíritu y en verdad. Por ello, quedan vinculados por su conciencia, pero no coaccionados...Esto se hizo patente, sobre todo, en Cristo Jesús" (DH 11). En efecto, Cristo invitó a la fe y a la conversión, él no forzó jamás a nadie jamás. "Dio testimonio de la verdad, pero no quiso imponerla por la fuerza a los que le contradecían. Pues su reino...crece por el amor con que Cristo, exaltado en la cruz, atrae a los hombres hacia Él" (DH 11).

Habría que resaltar una y otra vez que la fe cristiana no se impone por la fuerza. La aceptación de la voluntad no es la aceptación de la apariencia, es aceptar unas verdades como ciertas y plasmarlas tanto en la vida exterior como en la interior. La fe riega el obrar, los afectos y el pensamiento.

El acto de fe y la humildad de la inteligencia.

El acto de fe y la humildad de la inteligencia.

El hombre moderno ha añadido trabas al acto de fe debido a la exaltación de su yo. Se ha autodefinido como “la autonomía de la voluntad” y no reconoce que la verdad le pueda venir desde fuera. Es en su inmanencia donde se encuentra cómodo.

Ciertamente ha descubierto en su interior un mundo maravilloso. Se ha encontrado con una imaginación capaz de crear mundos soñados; ha exaltado el arte como muestra de su propia expresión. Ciertamente necesita admiradores que le aplaudan; pero al tiempo no admite críticos que le muestren lo que debe mejorar. No tolera que alguien le corrija o le diga que otros puntos de vista pueden ser mejores. A lo más que llega es que esa opinión, cuando no coincide con la suya, es muy valida como expresión de otra subjetividad.

Nos hemos convertido en burbujas vivientes. Cada uno lleva en su concha todo. Caracoles que no dejan rastro porque sólo viven para sí. Seres incomunicados salvo con una antena para el halago y un escudo para la crítica.

Así, con la sublimación de la “verdad para mí”, qué sentido tiene que venga incluso Dios y me diga algo. Porque si admito la existencia de otras burbujas o caracoles sé que entre nosotros hay un entendimiento inmediato: cada uno tiene su verdad y lo más que hacemos es mostrárnosla. Pero si Dios dijese algo es como si alguien desde fuera, con un alfiler, pinchase la burbuja y nos pusiese delante una realidad universal común para todos. Nos convertiría en unos ojos abiertos a la verdad.

Pero donde hay ojos hay una realidad objetiva que se hace contemplar. Hay algo que está antes que nosotros. Hay necesidad de buscar una explicación anterior a nuestra propia existencia. Y hay necesidad de encontrar una explicación que sostenga el mundo material.

Pero eso ya supone un cierto acto de humildad, en el sentido de una búsqueda sincera de la verdad, además de aceptar la condición de criatura, de ser finito y limitado en la inteligencia.

Esa aceptación de que la verdad no es “mi verdad” sino la verdad para todos me hace grande, rompe mi burbuja y me abre a la comunicación con los demás humanos para una búsqueda común. Eso, en términos de empresa sería “la búsqueda de la verdad en equipo”. Y supone la aceptación de la interdependencia.

Pero también, ese aceptar nuestra condición de “criatura”, de ser dependiente, nos abre a la posibilidad del infinito, a la búsqueda de una verdad superior a la que ya poseemos. Y, si nuestra humildad nos lleva a no poner trabas a la justificación del mundo a través de un acto creador de Dios, nos abre también a la posibilidad de escuchar a ese Dios, nos abre a la trascendencia, a lo que ese Dios nos quiera revelar.

Desde la humildad ascendemos a la Sabiduría.

frid

La Revelación y la Tradición. Continuidad y profundidad el mensaje (III).

La Revelación y la Tradición. Continuidad y profundidad el mensaje (III).

Nosotros creemos lo mismo que creyeron Pedro, Pablo o Santiago, lo mismo que Ireneo y San Clemente Romano, que Ambrosio y Agustín, que Atanasio y Tomás de Aquino, que San Francisco y Santo Domingo, que Ignacio y Santa Teresa, que San Pío X y que el santo cura de Ars. Formamos una continuidad de creyentes pero que hemos plasmado esa creencia en vidas distintas; al modo como la misma naturaleza humana se realiza en muchos hombres para mostrar su riqueza y potencialidad; el cristianismo se vive en muchos cristianos para mostrar la riqueza de la vida de la gracia.

Dentro de la variedad de carismas e inteligencias, hay un hilo conductor único. Al defender nuestra fe, estamos defendiendo lo mismo que los primeros cristianos y lo mismo que defendieron los cristianos perseguidos por los regímenes comunistas.

Esa continuidad en la tradición hizo que Newman se acercase al catolicismo y comprobase que era la doctrina que encajaba mejor con la tradición de los primeros tiempos del cristianismo. Y esa continuidad muestra que seguimos creyendo la misma Verdad que creyeron los primeros cristianos, creemos en el mismo Cristo, amamos a su misma Madre, la Virgen María, veneramos a sus mismos Apóstoles, y “morimos” por si misma fe.
Y esa continuidad en el contenido, con su mayor profundización con los dones que Dios nos ha dado (la fe y la razón) es de la que habla el Concilio Vaticano II continuando la cita de la Constitución Dogmática Dei Verbum: “Esta Tradición, que deriva de los Apóstoles, progresa en la Iglesia con la asistencia del Espíritu Santo: puesto que va creciendo en la comprensión de las cosas y de las palabras transmitidas, ya por la contemplación y el estudio de los creyentes, que las meditan en su corazón y, ya por la percepción íntima que experimentan de las cosas espirituales, ya por el anuncio de aquellos que con la sucesión del episcopado recibieron el carisma cierto de la verdad. Es decir, la Iglesia, en el decurso de los siglos, tiende constantemente a la plenitud de la verdad divina, hasta que en ella se cumplan las palabras de Dios.
Las enseñanzas de los Santos Padres testifican la presencia viva de esta tradición, cuyos tesoros se comunican a la práctica y a la vida de la Iglesia creyente y orante. Por esta Tradición conoce la Iglesia el Canon íntegro de los libros sagrados, y la misma Sagrada Escritura se va conociendo en ella más a fondo y se hace incesantemente operativa, y de esta forma, Dios, que habló en otro tiempo, habla sin intermisión con la Esposa de su amado Hijo; y el Espíritu Santo, por quien la voz del Evangelio resuena viva en la Iglesia, y por ella en el mundo, va induciendo a los creyentes en la verdad entera, y hace que la palabra de Cristo habite en ellos abundantemente (cf. Col., 3,16)”.

Sin tradición, sin fe meditada, asimilada y vivida, no se habría recibido la Sagrada Escritura”. Porque nosotros no creemos en el Libro, sino en el Autor del Libro. Y ese Autor sigue vivo entre nosotros, pero no nos deja abandonados a nuestra suerte, nos asiste con su Espíritu Santo y cuida de nuestra Unidad a través de la Unidad con la Cabeza, con el Vice-Cristo.

frid

La Revelación y la Tradición. La seguridad del católico (II).

La Revelación y la Tradición. La seguridad del católico (II).

Dice el Concilio Vaticano II en la Constitución Dogmática Dei Verbum al hablar de La Sagrada Tradición : “Así, pues, la predicación apostólica, que está expuesta de un modo especial en los libros inspirados, debía conservarse hasta el fin de los tiempos por una sucesión continua. De ahí que los Apóstoles, comunicando lo que de ellos mismos han recibido, amonestan a los fieles que conserven las tradiciones que han aprendido o de palabra o por escrito, y que sigan combatiendo por la fe que se les ha dado una vez para siempre. Ahora bien, lo que enseñaron los Apóstoles encierra todo lo necesario para que el Pueblo de Dios viva”.

Esto nos llena de seguridad, pero no nos exime de la tarea de profundizar sobre esa revelación.

Y ¿cómo profundizar en las verdades reveladas, y no caer en una religión para cada hombre, en una interpretación subjetiva?

Aquí hemos de acudir a las realidades instituidas por Jesucristo. “Tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”; “Lo que atares en la tierra quedará atado en el cielo, lo que desatares quedará desatado en el cielo”. Cristo puso al frente de la Iglesia a Pedro y a los demás Apóstoles, al Santo Padre y a los Obispos para que cuidaran de su grey: para que la gobernaran, enseñaran y santificaran. Y, en lo referente a la enseñanza, prometió la asistencia del Espíritu Santo.

Podemos estar tranquilos en ese sentido los cristianos. Cuando pensamos sobre nuestra fe y decimos nuestra opinión sometemos lo que pensamos y decimos a una luz superior. De hecho estamos hablando de algo que hemos recibido, no de algo que hayamos creado nosotros. Y Dios cuida de su depósito a través de los Pastores y de la asistencia de la gracia. Nosotros viviendo la fe somos tradición para nuestros hijos. Y así la Revelación se transmite no sólo como doctrina sino como vida de cristianos.

Además, desde los primeros tiempos, ha habido cristianos que, fieles a la cabeza, han interpretado los textos sagrados y han transmitido la tradición de la Iglesia. Los primeros escritores eclesiásticos están en perfecta armonía con las Cartas de San Pedro o de San Pablo; San Clemente Romano o San Ireneo utilizan el mismo lenguaje epistolar. Poco a poco la doctrina cristiana se hace más teológica, sin dejar de ser ascética, como consecuencia de la necesidad de plasmar la verdad revelada frente a las desviaciones gnósticas, judaizantes (esas ya presentes en los primeros tiempos del cristianismo) o para definir indiscutiblemente las principales verdades de nuestra fe (ya presentes en los primeros credos de la Iglesia). Y eso hace que, para conocer con profundidad la doctrina cristiana, sea tan importante acudir a los Padres de la Iglesia; y también a los santos teólogos que, a lo largo del tiempo, han abierto un poco de luz o un mucho a los contenidos de las verdades reveladas.

Y es que en cuestión de fe, para el cristiano, lo importante es que Dios tomó la iniciativa y habló al hombre. Nosotros tenemos que escuchar y asentir. Mi fe es personal en cuanto que es un don de Dios para mí; pero es Universal en cuanto que creo en el mismo Dios que ha revelado y en las mismas verdades que nos ha comunicado. Y sigo la misma línea continua que he heredado de los primeros cristianos.

frid

La Revelación y la Tradición. La Tradición en la Iglesia y su desarrollo (I)

La Revelación y la Tradición. La Tradición en la Iglesia y su desarrollo (I)

Algunos amigos me han comentado que una gran diferencia entre el catolicismo y el judaísmo con el protestantismo y el islamismo está en el modo de acudir a los textos inspirados.

Los católicos y judíos derivan de una revelación que se ha ido plasmando en los “libros” a través de la Historia. Y ambos han tenido una larga tradición de interpretación de los textos sagrados. La Ley interpretada sólo como letra, mata, el Espíritu vivifica.

Los protestantes, con el principio “sola scriptura” se apartan del árbol de la tradición cristiana. Y, con la noble aspiración de ir al principio de la revelación de Cristo, se encuentran fuera del “principio” de esa revelación, de esa enseñanza oral que fue transcrita parcialmente en los Evangelios.

Los musulmanes se amparan en la “literalidad de las palabras” del Libro, de ahí que sea vital no perder la lengua en la que fue escrito el Corán por Mahoma. E, incapaces de interpretar las duras palabras del Corán, se hayan visto impelidos a defender su doctrina con la razón de la fuerza, ya que la fuerza de la razón implicaría interpretaciones muy difíciles de asumir por una persona razonable o la alteración y modificación del discurso del Profeta.

Es lógico que el judaísmo sea el sistema religioso más congruente con el cristianismo; son nuestros “hermanos mayores”. Lo que les dijo Dios es en gran parte válido para los cristianos de todos los tiempos; si bien algunos preceptos legales se han visto modificados como consecuencia de la liberación de la esclavitud del pecado realizada por Cristo en la Cruz.

“No vine a abolir la Ley y los profetas, sino a darles su perfecto cumplimiento”: El diálogo con los judíos es parte necesaria de nuestra tradición católica. Y en ese “perfecto cumplimiento” se abre un velo más de la Revelación de Dios, en este caso el “último velo” hasta la Segunda venida de Cristo en su Poder y Gloria.

Y curiosamente, esta revelación definitiva, al ser divina no está encorsetada en un mero instrumento material... “muchas más cosas hizo y dijo Jesús, que si se recogieran todas no cabrían en todos los libros de la tierra”. Pero, al mismo tiempo, Cristo, Dios, se hizo hombre. Y, desde entonces, la divinidad habitó en la humanidad. Por eso lo infinito de Dios, se hizo presente en la finitud de la Humanidad.

Dios se vale de realidades humanas para manifestarse y manifestarse en plenitud. Pero, por ser divino, nunca podrá “la finitud humana” captar con perfección y en totalidad su mensaje. Y, al tiempo, Dios obra con perfección y eso implica que podemos captar y vivir con “suficiencia” su mensaje de salvación, con el auxilio de la gracia divina.

Por tanto, la Revelación cristiana muestra una paradoja: es completa por el mensajero; es incompleta pero suficiente la apreciación de aquel que recibe el mensaje. Cabe una mejor comprensión, no se encierra en la literalidad exclusiva de los libros sagrados.

frid

Fe, razón y voluntad. Paradojas del Pensamiento débil (III)

Fe, razón y voluntad. Paradojas del Pensamiento débil (III)

Paradoja moderna: al negar la verdad objetiva, han convertido la fe en un acto irracional sin fundamento; han condenado de la inteligencia su afán de conocimiento racional y la han reducido a la técnica; han encadenado la voluntad al sentir de la apetencia; y al mismo tiempo la han esclavizado con la apetencia de la mayoría. Y en vez de regirse por la razón se rigen por el instinto. Pasan de ser animales racionales a ser unos simples animales irracionales y salvajes.

Detrás de esta opción están los ecos de la filosofía nietzchiana: la voluntad de poder. Una voluntad sin freno que lleva o al imperio individual de los fuertes en el caso del individualismo subjetivista; o a la tiranía de la mayoría, plasmada normalmente a través de una clase dirigente: las castas de las que hablaba Nietzche, actualmente, en occidente, esa es la visión del partido socialista español dirigido por un nihilista nietzchiano y marxista como es Rodríguez Zapatero que sostiene en estado puro estas teorías: la falta de verdades, el relativismo del bien y la no existencia de las virtudes.

En contraste a ese pensamiento brilla el optimismo del cristianismo, como dice la conclusión de “Fides et ratio”: “la Iglesia está profundamente convencida de que fe y razón «se ayudan mutuamente», ejerciendo recíprocamente una función tanto de examen crítico y purificador, como de estímulo para progresar en la búsqueda y en la profundización”.

Y como dice Juan Pablo II, la Iglesia, desde siempre ha tenido confianza en la razón. Dijo Juan Pablo II a los teólogos en su carta dirigida a las dos academias teológicas pontificias en 1999: “la intuición del doctor Angélico radica en la certeza de que existe una armonía fundamental entre la fe y la razón : «Es necesario, por tanto, que la razón del creyente tenga un conocimiento natural, verdadero y coherente de las cosas creadas, del mundo y del hombre, que son también objeto de la revelación divina; más aún, debe ser capaz de articular dicho conocimiento de forma conceptual y argumentativa»”.

En definitiva: La Iglesia tiene confianza en el hombre y en sus potencialidades. El pensamiento débil, desde la desconfianza en el hombre, le hace un irracional incapaz de un pensamiento verdadero.

frid.

Fe, razón y voluntad. La fe cristiana en el pensamiento débil (II)

Fe, razón y voluntad. La fe cristiana en el pensamiento débil (II)

Váttimo como máximo exponente del pensamiento débil va afirmado que él es cristiano pero que cree en un cristianismo que no se imponga, que renuncie a afirmar que es verdadero, que reduzca su fe a una opinión plausible y que entienda que todas las religiones son igualmente verdaderas y válidas.

Estas afirmaciones están en boca de muchas gentes que las repiten, sin darse cuenta del alcance de las frases, pensando que están en línea con la modernidad. Son pensadores según “la moda”, más que según “la verdad”. Para ellos el consenso es la clave del conocimiento. Y la verdad no es objetiva sino fruto del diálogo.

No niego que el diálogo sea muy importante para la búsqueda de la verdad, pero no podemos confundir un medio para aprender con la realidad de lo aprendido. América no es fruto del viaje de Colón. Colón inició la búsqueda con el diálogo de las carabelas, pero encontró la realidad de las Américas.

La fe no es una mera elección indiferente. Eso la convertiría en algo irracional y falso. Si elijo tener fe es porque antes he visto que es razonable creer, que las verdades que propone mi religión no se contraponen con las verdades que conozco en el orden de la naturaleza. Pero para poder afirmar que creo porque es razonable, debo de saber que mi inteligencia es también razonable, que está capacitada para conocer la verdad, que no es un instrumento de falsedad sino de conocimiento verdadero.

Por eso, si la fe es razonable, admite el diálogo con la razón y con las demás religiones, sin miedos y sin complejos. Y está dispuesta a mostrar que es más razonable creer que no creer, porque es más razonable la deducción de la existencia de Dios que su negación, y que Él pueda hablar al hombre a que no pueda hacerlo. También está dispuesta nuestra fe a dialogar con las demás religiones y mostrar que le asisten más razones para ser auténtica que las otras.

Y eso no es violencia, salvo que se defina como violencia la luz del sol cuando ilumina la tierra. El uso de la razón, en un diálogo para convencer, es mucho más humano que su contrario. Confiamos en la capacidad de entender de nuestro contertulio. Y esa es una manera de ver lo que es el “proselitismo”, como el mostrar nuestras razones, sopesarlas con las del otro y dejar que uno y otro vean a qué lado se inclina la balanza.

El pensamiento débil ve en eso violencia, pero violenta al hombre al considerarlo débil y manipulable. Se erige en su protector, pero qué protege ¿si la verdad es fruto del consenso, no es más fuerte su imposición que si la verdad fuese fruto de la búsqueda personal y objetiva?

El pensamiento débil destruye la fe del creyente al convertirla en un acto de voluntad irracional, pero también destruye las potencias intelectuales del hombre al negarles su capacidad de conocer la verdad.

El pensamiento débil nos quiere proteger de las decisiones permanentes de la voluntad, pero nos esclaviza en un relativismo incierto. Nos niega el camino de creer en Dios y en la Iglesia; pero sólo nos deja creer en una verdad: “que no hay camino”, en la verdad de la indiferencia.

frid

Fe, razón y voluntad. La irracionalidad del pensamiento débil (I)

Fe, razón y voluntad. La irracionalidad del pensamiento débil (I)

Hoy en día se ha hipertrofiado la voluntad a costa de la razón. Las ansias de una libertad ilimitada han dado paso al dominio de la voluntad. La voluntad como norma absoluta de conducta aparece sin freno ante nuestros ojos.

Con esa exaltación del querer caen dentro de nuestro interior todas las barreras que establecía la razón en cuanto asignaba a nuestros razonamientos un freno: el freno de lo verdadero o de lo falso. Ahora la falsedad de mis proposiciones la dictamino con mi voluntad soberana. Soy yo, un ser autónomo, el que elijo por un acto puro de voluntad y sin condicionantes lo que quiero considerar como verdadero.

Y si trasladase ese criterio individual al ser social, sería la sociedad, la mayoría, la que determinase las verdades por expresión de la voluntad popular. Ya no se eligen los caminos para el “bien común”, ya no hay bien, hay sencillamente un campo sin explorar, sin caminos y sin metas... es la voluntad mayoritaria la que determinará los objetivos y los medios para esos fines, fines también liberados del freno de la bondad o maldad de nuestras acciones.

Hoy, tanto desde un pensamiento individualista como colectivista, se ha sustituido la objetividad de la verdad y del bien por la subjetividad de la determinación de la voluntad individual o colectiva.

Pero hay diferencias. Cuando nos quedamos en el individualismo, esa determinación autónoma de lo que consideramos verdad o bueno para nosotros admite que haya “otros” que hayan elegido, también de un modo irracional según sus principios subjetivistas, un sistema “aparentemente idéntico” al que podría tener un cristiano o una persona que sostuviese verdades objetivas en el orden natural; lo único que no admite es que pienses que ese sistema elegido sea la Verdad, será tu verdad.

El sistema colectivista, que coincide con el desarrollo que estamos haciendo de la democracia occidental, considera que el individuo debe someterse a los dictados de la mayoría. Y si la mayoría ha decidido que la verdad es hoy de determinado color, no cabe que seas cristiano o que consideres que existen verdades de orden natural. Para ese sistema eres un trasgresor. Lo más que puede pasarte es que se te tolere, pero no se permitirá que eduques a los hijos según tus valores, porque son “anti-sociales”, son considerados como una falsedad.

Los dos caminos llevan a un mismo juicio sobre el ser humano. Se le ha convertido en un ser irracional. Al exaltar la voluntad autónoma no cabe el razonamiento en busca de la verdad. La razón pierde protagonismo y sentido.

Eso sí, quedan parte de las funciones de la razón: la búsqueda “técnica” de los procedimientos para lograr los objetivos que le dictamine, tiránica, la voluntad soberana. Valga por ejemplo el avance en la técnica de hornos crematorios de la ciencia alemana al servicio del nazismo.

El hombre, llevado por la voluntad soberana también pierde el fin específico de la voluntad: adherirse al bien; y pasa a ser gobernado por el “me apetece”, “me gusta”, “me sienta bien”... y, en definitiva, cae en manos de sus instintos y pasiones. Se animaliza.

Así es el hombre del pensamiento débil. Sin razón, irracional. Sin voluntad del bien, seguidor de instintos y pasiones.

frid

martes, septiembre 19, 2006

La corrupción de menores en Educación para la ciudadanía:

Otro ejemplo de imposición ideológica a nuestros hijos por parte del partido socialista.
La corrupción de menores en Educación para la ciudadanía:


Cualquiera que hubiese leído hace unos años los textos del Borrador de la asignatura Educación para la ciudadanía, habría pensado que lo ha escrito un obseso sexual o una persona que no le importa matar a un inocente. Hoy nos venden esas conductas como dignas de toda tolerancia.

Veamos: Asesinato impune de seres humanos:

Sobre el comienzo de la vida: “El derecho a la vida comienza a partir del nacimiento. Mientras el embrión no es persona. Entre la fecundación y los 14 días, existe el preembrión, sin protección jurídica alguna”.

Aclaración: no hay mas que un ser humano desde el momento de la fecundación. El preembrión es una simplificación demagógica que no se sostiene desde el punto de vista científico. La persona o individuo humano es el mismo antes y después de nacer. La protección jurídica no le hace distinto. El que la ley no proteja a un ser humano no legitimiza el matarlo. Esa es la puerta de la eugenesia, del nazismo, y de todo tipo de crímenes contra la humanidad: negar la condición de persona al embrión, al feto (que es el mismo embrión más desarrollado), al bebé enfermo, a todo el que el Estado o la mayoría quiera eliminar.


Sobre el Aborto. “la interrupción voluntaria del embarazo es una dimensión del derecho fundamental de la mujer a la salud reproductiva”.


Aclaración: el embarazo no es una enfermedad, es lo normal en una mujer en edad fértil. El hijo es otro ser humano que tiene el derecho a vivir. La sociedad tiene la gravísima obligación de proteger esa vida, la más indefensa de todas. Fomentar el aborto como un derecho desde la infancia facilita la promiscuidad sexual, el desprecio a la vida humana y a la infancia, la consideración del hijo como una posesión al modo de una mascota. La experiencia demuestra que la naturaleza pide la vida y que matar un niño en el seno de la madre deja profundas secuelas en la mujer. Es razonable que se explique todo lo contrario: que lo más natural de una mujer embarazada es que quiera al hijo que tiene en sus entrañas, que es el momento de comenzar una relación de amor que va a durar toda la vida, que ese hijo es un ser humano que necesita toda su protección desde el ser de madre, que ser madre es la misión más gratificante de una mujer y la mejor oportunidad de proyectarse al futuro en un camino de amor.

Con estos principios se forman asesinos de sus hijos y, se incita a la promiscuidad sexual y a la debilidad de la voluntad, se promueven uniones temporales e inestables que difícilmente cuajan en un amor sólido y duradero, se destrozan hogares y se dejan a las personas indefensas para entrar, buscando refugio, en el alcohol y la droga.

frid

Educación para la ciudadanía o educación para la mentira.

En España, el partido socialista tiene un plan: ideologizar a nuestros hijos.
Educación para la ciudadanía o educación para la mentira.


Nuestros gobernantes en vez de preocuparse de los problemas reales de la juventud están preocupados por generar problemas a los jóvenes que no los tienen.

En vez de legislar para evitar los males que conlleva el botellón, el gamberrismo juvenil, el aumento de la delincuencia juvenil, el consumo de drogas de diseño, la corrupción de menores, parece que, desde el Partido Socialista, están empeñados en aumentar esa población de riesgo aumente.

Porque lo que se inculca en los jóvenes tiene rápidas consecuencias, es claro que las consignas de la nueva asignatura de la Educación para la ciudadanía formarán jóvenes que vivirán con esos nuevos valores.

Veamos alguno de esos valores:

Verdad: “No existe; es el fruto del acuerdo o el consenso. El que afirma que existe la verdad es un fundamentalista contrario a la libertad”.


Verdad científica ¿fruto del consenso? La verdad científica se comprueba con la “experiencia”, que muestra la inmutabilidad de unas leyes que están ahí, y se llaman leyes de la naturaleza. La ley de la gravedad ¿fruto del consenso? La existencia de las partículas elementales de la materia, su aplicación en la electricidad o para su uso en las energía nucleares, solares, o de otro tipo ¿fruto del consenso?

Luego la naturaleza tiene algo fijo e inmutable anterior al hombre, y eso no es fruto del consenso sino de la búsqueda de la verdad y de su encuentro. Y ¿un sistema que explique que eso que es “real” y por tanto “verdadero” en un Dios creador no es “al menos” un sistema pausible, razonable y digno de nuestro respeto?

Veamos su contrapunto. Si no hay verdad puedo llegar a consensuar con la mayoría cualquier cosa como apalear a mi propio padre, unirme a mi madre, matar a un pordiosero, tener esclavos, o cualquier cosa que logre con una mayoría estipulada. Y, si todos nos ponemos de acuerdo menos uno, ¿no tendremos derecho a cortarle en pedacitos? ¿Qué hay que impide que esa acción pueda ser legítima aunque hay consenso? ¿No será que hay acciones que son siempre intrínsecamente malas, aunque las consensuemos?

Va a resultar que la verdad y el bien están ahí, y hay que elegirlos. Y la mentira y el mal también están ahí y hay que evitarlos. Y ¿de qué instrumento disponemos? Pues de la libertad.

Luego la libertad no tiene como fin hacer “lo que me apetezca”, aunque pueda hacerlo, sino hacer “lo que me conviene”, es decir “lo que está bien”. Y ¿qué pasa con mi elección? Pues que si elijo el bien me hago virtuoso: justo, fuerte, prudente y moderado. Curiosamente me hago, incluso, tolerante, porque controlo mis instintos y no hago lo primero que me apetece.

Conclusión: será mejor ciudadano el peor alumno en esa parte de la asignatura.

frid

sábado, septiembre 16, 2006

Si el Islam es tolerante y ha renunciado a la “guerra santa”, ¿de qué protesta?

Si el Islam es tolerante y ha renunciado a la “guerra santa”, ¿de qué protesta?


Benedicto XVI nos advierte del peligro de la imposición de la fe por la fuerza, de la guerra por motivos religiosos. La fe no se impone, se propone. Pero saltan como aludidos imanes de varias partes del mundo. ¿Piden al Papa que retire su condena a la guerra santa? ¿no deberían pedir a los suyos que no den motivo para que se les acuse de incitar la violencia?

El Papa se adentra en la historia de los asedios de Constantinopla por un Islam violento. Espero que ese modo de entender haya pasado a la historia, ¿pero ha pasado? ¿No es real el 11-S; el 11-M; el 7-J? ¿No son reales las inmolaciones terroristas en nombre de Alá? Algo hay que cambiar...

Corren aires de guerra, Constantinopla está cercada por las tropas del Sultán. Un año antes, el emperador Manuel II Paleólogo ha tenido una conversación con un persa culto en la actual Ankara. Hay tiempo para la anotación de los recuerdos.

Quizá el Emperador se pregunta el futuro de su pueblo amenazado por el Islam que rodea sus murallas. Una horda de fanáticos religiosos que han hecho su religión la yihad, la guerra santa. Y, para ello se amparan en las palabras del Profeta, de Mahoma.

El diálogo sigue siendo actual en Occidente que ve amenazante un islamismo más y más virulento, en el que de modo manifiesto se enseña en las escuelas que Occidente y Estados Unidos son “el infiel” con el que no hay misericordia, y contra el que todo está permitido.

Ese mismo Occidente, en vez de enfrentarse con sus miedos y peligros, en vez de preguntar al mundo islámico la sinceridad de sus propuestas, la verdad de sus amenazas, mira hacia otro lado. Y, desde un cínico laicismo militante, achacan esa violencia real a quien predica sólo la paz, la concordia y el amor: a la Iglesia Católica.

El Papa Benedicto XVI se ve forzado a hablar, para proteger a los cristianos de la calumnia y para alertar a Occidente donde están sus peligros.

El Papa advierte citando al emperador bizantino (entre 1394 y 1402 decía): “Dios no goza con la sangre; no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios. La fe es fruto del alma, no del cuerpo. Por lo tanto, quien quiere llevar a otra persona a la fe necesita la capacidad de hablar bien y de razonar correctamente, y no recurrir a la violencia ni a las amenazas... Para convencer a un alma razonable no hay que recurrir a los músculos ni a instrumentos para golpear ni de ningún otro medio con el que se pueda amenazar a una persona de muerte...”

Ahí se plantea una diferencia fundamental entre el Dios cristiano y la visión de Dios que presenta el islamismo. Un Dios creador de la razón y que no se opone a ella en sus mandatos; y un Dios voluntad absoluta que podría mandar cualquier cosa (como el dios de Ockam).

Si se quiere construir la paz entre los pueblos hay que profundizar en lo que la fomenta. Ahí tenemos a una Religión, la Católica, que propugna un Dios razonable, amigo del hombre (“mis delicias son estar con los hijos de los hombres”); enemigo del dolor y de la muerte (“no creáis que me alegro con la muerte del justo”); pero que nos ha creado con libertad (“eh aquí que te presento el camino del bien y el camino del mal para que elijas). Esa religión es una religión de paz.

Otras religiones deberían profundizar sobre el camino de la paz y de la tolerancia. Más bien, deberían ahondar en cómo es Dios y corregir sus relaciones con Él.

¿Y Occidente? Hay un occidente derivado del humanismo cristiano que debe sentirse orgulloso de su pasado y esperanzado en su futuro.

Pero también hay un Occidente “de nuevo diseño”, donde se quiere avanzar hacia la paz y la libertad impidiendo que elijamos lo que consideran “políticamente incorrecto”, como tener convicciones fuertes sobre algún tema; por ejemplo: tener fe en Dios. Y esos “diseñadores de la paz”, para llegar a su meta, la imponen con la violencia mediática, de la imposición de un programa educativo sectario, la exclusión del hecho religioso, la imposición de la “religión del progreso de la ciencia”; un progreso que ya mata antes de nacer y en la vejez.

Por eso hace muy bien el Padre común de los católicos en hablar. Está enseñando cual es el verdadero peligro de la humanidad: la sinrazón, la intransigencia, la guerra santa, la imposición de las “sociedades de diseño”. Y también nos dice donde está la esperanza: en la razón, en la verdad, en el amor, en la vida.

Tenemos de nuevo dos caminos para elegir: el bien, que lleva a la vida; el mal, que lleva a la muerte. Y en medio: el tesoro de la libertad.

frid