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jueves, julio 02, 2009

En España se rompen 350 matrimonios al día, uno cada algo más de cuatro minutos

A pesar de la ralentización del incremento de la ruptura familiar por la crisis económica y el descenso del número de matrimonios:

EN EL PRIMER TRIMESTRE DE 2009 SE PRODUJERON EN ESPAÑA 31.571 RUPTURAS FAMILIARES: 350 RUPTURAS CADA DÍA, 1 RUPTURA CADA 4,1 MINUTOS

YA SE HAN SUPERADO LOS 1.200.000 DIVORCIOS ACUMULADOS EN ESPAÑA (1.217.321)

Los 29.338 divorcios, las 2.192 separaciones y las 41 anulaciones del primer trimestre del 2009 son ligeramente inferior a los ocurridos en el mismo periodo del año 2008 (1.338 rupturas menos).

Andalucía ha sido la región con más rupturas (6.149), seguida por Cataluña (5.851), Madrid (4.005) y Valencia (3.676). Sin embargo, La Rioja, Navarra y Cantabria tienen el menor número absoluto de rupturas.

La ley del divorcio Express ha traído, además del aumento en la ruptura familiar, el aumento de la conflictividad en las rupturas (ya supera el 40% de las rupturas) así como que sean en su inmensa mayoría divorcios (el 93% son divorcios)

(Madrid, 30 de Junio de 2009). “A pesar de la crisis económica que ha ralentizado el incremento en el número de rupturas familiares en España, en el primer trimestre del 2009 se alcanzaron las 31.571 rupturas matrimoniales. Con estos datos, afirma Eduardo Hertfelder, presidente del Instituto de Política Familiar- tan solo los divorcios, se han superado los 1.200.000 divorcios acumulados en España (1.217.321)- la ruptura se consolida como el principal problema de la familia”. “Los datos sobre rupturas matrimoniales del primer trimestre de 2.009 presentan y confirman un panorama desolador para los matrimonios. Trimestre tras trimestre, las rupturas en España siguen aumentando sin que las administraciones hagan nada para evitarlo o, al menos, amortiguarlo”.

En efecto, en el primer trimestre del 2009, y según datos del Consejo general del Poder Judicial (CGPJ), se produjeron 31.571 rupturas matrimoniales, de los cuales 29.338 fueron divorcios, 2.192 fueron separaciones y 41 fueron anulaciones. Estos datos suponen que en el primer trimestre del 2009 se rompieron 350 matrimonios cada día, es decir 1 matrimonio cada 4,1 minutos.

Estos datos son ligeramente inferiores a los producidos en el primer trimestre del 2008, en donde se produjeron 1.338 rupturas más. La actual crisis económica, prosigue Hertfelder, así como el menor número de matrimonios que se vienen realizando en los últimos años (ha pasado de 216.000 matrimonios anuales en el 2004 a 196.000 en el 2008), son las causas principales de esta ralentización en el incremento de las rupturas matrimoniales.

Pero por otra parte, la ley del divorcio Express está provocando, además del incremento de las rupturas matrimoniales, el que, por una parte, éstas sean cada vez más conflictivas, de manera que en el primer trimestre del 2009 las rupturas conflictivas han alcanzado el 40,5% de las rupturas y por otra parte que las rupturas, además, sean, en su inmensa mayoría (el 93% de las rupturas) una ruptura definitiva (divorcio).

Por Comunidades Autónomas Andalucía ha sido la Comunidad con más rupturas matrimoniales (6.149) en el primer trimestre del 2009, seguida por Cataluña (5.851) y Madrid (4.005) y Valencia (3.676). Sin embargo, La Rioja, Navarra y Cantabria tienen el menor número absoluto de rupturas.

Conclusiones

Más rupturas, más conflictivas y definitivas (únicamente divorcios) son los elementos comunes de la ruptura familiar en España desde la implantación en el año 2005 de la ley del divorcio Express. El primer trimestre del 2009, y a pesar de la crisis económica, ha constado y confirmado este triple efecto regresivo para la familia.

La ruptura familiar sigue siendo un trimestre más el principal problema de las familias españolas. El que cada 4 minutos se rompa un matrimonio en España es un hecho muy preocupante y que nos tendría que hacer reflexionar qué es lo que está pasando en la sociedad española. Pero lo es más aún, el que las administraciones públicas no estén haciendo prácticamente nada para reducirlo o amortiguarlo.

Mientras no se preserve y garantice el derecho de los padres a la estabilidad conyugal concluye Hertfelder, la ruptura familiar seguirá creciendo en España. Y es que el derecho a la estabilidad conyugal, y más, en situaciones de conflictividad o crisis, debe ser una tarea fundamental de las administraciones, que no pueden seguir ignorando este dramático problema.

Las administraciones no pueden seguir permaneciendo indiferentes ante una problemática como es la estabilidad familiar. Es necesario, por tanto, un auténtico cambio en las políticas familiares y que se tomen medidas para combatir el principal problema que sufren las familias: la ruptura matrimonial.

Algunos datos analizados por el IPF, y que forman parte del Boletín Monográfico Nº 3 “La Ruptura familiar en España” son:

1. En el primer trimestre del 2009 se produjeron 31.571 rupturas matrimoniales: 1 cada 4,1 minutos

En el primer trimestre del 2009 se produjeron 31.571 rupturas de las cuales 29.338 fueron divorcios (que supusieron el 93% de las rupturas), y tan solo 2.192 fueron separaciones (el 7%). Las nulidades ascendieron a 41.





Estos datos suponen que en el primer trimestre del 2009 se rompieron 350 matrimonios cada día, es decir 1 matrimonio cada 4,1 minutos. Tan solo en divorcios, en el primer trimestre se divorciaron 1 matrimonio cada 4,4 minutos Estos datos son levemente inferiores a los producidos en el primer trimestre del año cuando se produjeron 32.909 rupturas, es decir, 1.338 rupturas menos.

Causas como la crisis económica actual o el descenso en el número de matrimonios son algunas de las causas de esta leve ralentización en el incremento de las rupturas matrimoniales

2. Con los divorcios del primer trimestre del 2009, el acumulado de los divorcios supera ya los 1.200.000 divorcios.

Tan solo los divorcios acumulados desde el año 1981 en España se han superado los 1.200.000 divorcios, llegando a 1.217.321 divorcios



3. Las rupturas son cada vez más conflictivas: En el primer trimestre del 2009 más del 40% de las rupturas fueron conflictivas…

Las rupturas conflictivas en el primer trimestre del 2009 ya han superado el 40% del total.




4. …y año tras año han ido creciendo desde la entrada de la ley del divorcio Express Desde la entrada en vigor de la ley del divorcio Express, la conflictividad ha pasado de ser el 37,6% de las rupturas al 40,5% de las rupturas y con tendencia a seguir creciendo en los próximos años.




5. La inmensa mayoría de las rupturas que se produjeron en el primer trimestre del 2009 fueron divorcios, lo que representa al 93% de todas las rupturas…

…Y Las separaciones tienden a desaparecer: Las separaciones apenas suponen el 7% de las rupturas matrimoniales en España



6. …y ha explosionado desde la entrada de la ley del divorcio Express

Desde la promulgación de la Ley del divorcio-Express, el divorcio ha pasado de ser minoritario con respecto a las separaciones (el divorcio representaba el 40% de las rupturas) a convertirse el procedimiento casi unánime (el 93% de las rupturas). De hecho, 13 de cada 14 rupturas se producen así en España ahora.


7. Mientras Andalucía, Cataluña, Madrid y Valencia son las comunidades con mayor número de rupturas

2 de cada 3 rupturas matrimoniales (62,3%) se producen en estas 4 comunidades autónomas.




Sin embargo, La Rioja, Navarra y Cantabria son las comunidades con menor número de rupturas Sin embargo son la Rioja, Navarra y Cantabria las comunidades con menos rupturas matrimoniales. Entre estas 3 comunidades no llegan ni a 1.000 rupturas matrimoniales y apenas representan el 2,8% de todas las rupturas

8. Mientras Barcelona (con 4.339 rupturas) fue la provincia de España con más rupturas matrimoniales en el primer trimestre del 2009 …

Madrid y Barcelona fueron, con diferencia, las provincias españolas con más rupturas en el primer trimestre del 2009. Las 10 provincias con más rupturas fueron:


9. …sin embargo, fue Soria (con tan solo 41 rupturas) la provincia con menos rupturas Soria y Ávila fueron sin embargo las provincias españolas con menos rupturas en el primer trimestre del 2009.

Las provincias con menos rupturas fueron:

martes, septiembre 09, 2008

Por qué el matrimonio es importante para la sociedad

Magnifico artículo que plantea la pregunta más importante ¿quienes son los perjudicados del divorcio? Porque se habla de "que se ha terminado el amor"... pero siguen sus "efectos inocentes" de los que nadie habla.

Por qué el matrimonio es importante para la sociedad

M. Ángeles Burguera

Hoy día es de buen tono mantener en público que el matrimonio es sólo una opción entre otras y que la mera cohabitación debería tener los mismos derechos. Pero la realidad social prueba que el matrimonio todavía marca la diferencia. En el libro The Case for Marriage (1), publicado recientemente en Estados Unidos, las sociólogas Linda Waite y Maggie Gallagher muestran con datos los beneficios que a largo plazo supone el matrimonio para las parejas y para la sociedad.

Beneficios que justifican que el matrimonio sea tratado como una opción social preferente.

En Estados Unidos el índice de fracasos matrimoniales es muy alto y, aun así, casi el 90 por ciento de los que se divorcian o separan continúa pensando que la boda abre un camino para toda la vida. ¿Por qué se da esta contradicción? Linda J. Waite y Maggie Gallagher han investigado el asunto en un libro que combina datos estadísticos, análisis sociológico y crítica cultural. Su conclusión es que el matrimonio es lo más parecido a un seguro de vida de largo alcance.




En conjunto, los casados gozan de mejor salud, tienen un estado emocional y psíquico más satisfactorio y están más estimulados a aumentar sus ingresos que los que viven solos o cohabitan. Estos efectos positivos sólo ocurren si la sociedad da un reconocimiento público al compromiso matrimonial.

Y, ahí está el quid, porque según estas dos sociólogas, en las últimas décadas asistimos a un proceso de "privatización" de la relación matrimonial, que mina en sus mismos fundamentos el contrato más importante de una vida. Una cuestión de salud pública.


Junto a la falta de apoyo público al matrimonio, ha crecido la facilidad para divorciarse y han ganado aceptación social otras fórmulas de convivencia, como la cohabitación o la maternidad en solitario. Las autoras detectan que pocos consejeros dedican sus energías a fortalecer un matrimonio en crisis y los que deberían hacerlo -psicólogos, educadores, sacerdotes- parecen centrarse sólo en el beneficio emocional del matrimonio, como si éste fuera la única ventaja.
De ahí que cuando "la aparente felicidad" disminuye, no hay argumento para frenar el "fracaso".

Frente a esa visión reduccionista, Waite y Gallagher ofrecen en su obra un análisis pormenorizado de los principales efectos positivos del matrimonio y argumentan que la defensa del contrato matrimonial ha dejado de ser "una mera preocupación moral para convertirse en una cuestión de salud pública".


Por ello es importante advertir los beneficios a largo plazo del matrimonio, beneficios que arrancan del "poder transformante" de este compromiso: algo tan concreto como la fidelidad matrimonial.


Un seguro de vida que cubre todo


La seguridad de un matrimonio para toda la vida anima a los esposos a tomar decisiones conjuntas y a especializarse en tareas que facilitan la vida en común. Se trata de una complementariedad que supera con creces las posibilidades de un soltero -obligado a hacer frente a todas las necesidades con sus solos recursos- y también las de una pareja de hecho, en la que la duda sobre el futuro siempre actúa de freno y recorta las posibles economías de escala, pues se pretende a un tiempo nadar y guardar la ropa.


En el ámbito financiero, el libro concluye que el ahorro de marido y mujer por el mero compartir energía, muebles y electrodomésticos, instalaciones, etc. puede suponer un aumento de hasta un tercio en el nivel de vida de ambos cónyuges. Otra de las ventajas del matrimonio duradero es la de actuar como un auténtico "seguro de vida", no sólo ante eventualidades como el paro, la enfermedad o la vejez.


Una póliza que garantiza una atención global cuando marido o mujer enferman: el que quede sano "trabajará más para compensar los ingresos perdidos, facilitará cuidados personalizados al incapacitado o se encargará del trabajo de la casa que el otro ya no pueda hacer".


Pero las mejores ganancias vienen de la exclusividad. La relación afectiva garantizada por el pacto matrimonial supera cualquier otra, no sólo en los aspectos más íntimos -la promesa de estabilidad reduce la incertidumbre- sino también en el apoyo constante en los momentos de dificultad o tensión.


"El matrimonio y la familia -afirman las autoras- proporcionan un sentido de dependencia, el sentido de amar y ser amado, de ser absolutamente esencial para la vida y la felicidad de los demás". Esto da una perspectiva diferente para afrontar los problemas que uno encuentra, "porque hay personas que dependen de ti, que cuentan contigo o se preocupan de ti".


Al otro lado de este marco de ventajas, hay que situar el escaso apoyo externo a la estabilidad matrimonial. De hecho, la mayoría de las guías para el divorcio e incluso de los manuales terapéuticos para los estudiantes aconsejan no considerar o minimizar el posible efecto negativo sobre los hijos, a la hora de aconsejar sobre la continuidad de un matrimonio.


Quizá uno de los aspectos más interesantes del libro sea la refutación -con datos- de la idea de que, si el matrimonio va mal, el divorcio es la mejor solución también para los hijos. Las autoras citan un estudio en el que se analizan las características de más de dos mil personas casadas, a lo largo de quince años.


En la mayoría de los casos se llega a la conclusión de que tanto un matrimonio desgraciado como un divorcio reducen el bienestar de los hijos, pero, a largo plazo, el divorcio lleva a relaciones más problemáticas entre padres e hijos; aumenta la probabilidad de que los hijos se divorcien a su vez, y reduce también las posibilidades de éxito en la educación y en la carrera profesional de los hijos.


Divorcios inexplicables para los hijos


Un estudio más profundo de los efectos del divorcio distingue entre dos tipos de situaciones: los divorcios que ocurren en matrimonios con alto nivel de conflictividad y los que tienen lugar en hogares en los que las discusiones o la violencia no aparecen más que raramente.


"En el primer caso, los hijos pueden experimentar el divorcio -al menos psicológicamente- como un alivio; en el segundo, la experiencia de la ruptura familiar les supone un desastre absoluto e inexplicable", se concluye.


Y lo peor es que, entre los entrevistados, "sólo un treinta por ciento afirmaron haber tenido más de dos discusiones serias el mes anterior al divorcio". Los datos resultan claros: "La mayoría de los divorcios en los que hay niños implicados no rompen matrimonios desastrosos sino matrimonios que, desde el punto de vista de los hijos, son, al menos, suficientemente buenos".
Waite y Gallagher señalan también el papel que han tenido los abogados norteamericanos en la flexibilización de la legislación divorcista, hasta conseguir el divorcio unilateral, y sin necesidad de alegar ninguna causa.


Con la reforma introducida en Estados Unidos, resumen las autoras, "se requieren dos personas para casarse, pero sólo una para divorciarse a cualquier hora, por cualquier motivo y tan rápido como los tribunales puedan dividir las propiedades o definir a quién corresponde la custodia de los hijos".


Todas estas amenazas están bloqueando el descubrimiento de las ventajas del matrimonio y hacen prevalecer una mentalidad defensiva.


La falta de interés hacia el matrimonio se refleja en la disminución de ayudas específicas para la familia basada en el compromiso matrimonial. La presión de algunas minorías combativas hace parecer discriminatorio el establecimiento de políticas favorables al matrimonio -es un asunto privado, de dos adultos, en el que nadie tiene derecho a intervenir-.


Paradójicamente, otras formas de relación, como pueden ser las parejas de hecho, exigen como propias las ventajas sociales de los casados y los tribunales cada vez se sienten más proclives a considerar que puede ser incluso inconstitucional tratar de manera diferente a las parejas, en función de si están o no casadas.


Una opción social preferente Gallagher y Waite culminan su análisis con la sugerencia de unas líneas de actuación para reconocer al matrimonio como una opción social preferente. Hay que dejar de considerarlo como una opción privada más -aseguran- y verlo como lo que es: un compromiso público, un ideal moral y una institución social.


Por eso la primera propuesta se refiere a la necesidad de hablar sobre el matrimonio. En un momento en que muchas personas han dejado de usar la palabra "matrimonio", los investigadores sociales y los expertos universitarios tienen una particular responsabilidad en analizar los efectos sociales del matrimonio. Por ejemplo, el cálculo del coste público de los fracasos matrimoniales proporcionaría datos para evaluar la oportunidad de muchas subvenciones o subsidios.


Otra de las sugerencias para fortalecer el matrimonio exigiría adecuar la política fiscal, de manera que no penalice a las familias con más de dos hijos, y reformar la legislación sobre el divorcio. Algo empieza a hacerse. El último capítulo recoge la experiencia reciente de dos Estados -Luisiana y Arizona- que en 1997 y 1998 establecieron leyes más restrictivas. En el primer caso, la reforma incluye un acceso limitado al divorcio, la prolongación de los períodos de espera y la obligatoriedad de asesoramiento familiar previo.


También ofrece la posibilidad de elegir entre la legislación existente -que permite el divorcio unilateral- y un nuevo tipo de contrato matrimonial que limita el divorcio a ciertos casos.


Cambios legales


También se sugiere el restablecimiento de un estatuto legal particular para el matrimonio, con un nuevo modelo de derechos y responsabilidades. En el nuevo modelo de matrimonio, "se debería reconocer -apuntan las autoras- que cuanto más tiempo se lleva casado, más interdependientes se hacen las vidas y el daño de una separación legal es también mayor.


También se debería tener en cuenta que los derechos y responsabilidades del matrimonio cambian de manera fundamental cuando se tienen hijos que todavía no han alcanzado la edad adulta".


Otro modo de abordar el fortalecimiento del matrimonio sería desaconsejar la maternidad en solitario, para lo cual los medios de comunicación y los personajes populares deberían dejar de presentarla como una opción más.


Las consecuencias de estas campañas sobre las adolescentes pueden ser graves, sobre todo porque tener un hijo reduce las probabilidades de casarse posteriormente y complica las posibilidades de acabar los estudios.


Waite y Gallagher tienen también un mensaje para los hombres, quienes deberían tomar conciencia de los amplios beneficios del matrimonio. Estarían así más dispuestos a colaborar con sus esposas, pues muchas mujeres no encuentran ninguna ventaja en tener que trabajar para aportar ingresos y, a la vez, llevar la casa y ocuparse de los hijos. Los maridos deberían descubrir un nuevo beneficio: el de compartir la responsabilidad de ocuparse de la casa y de la familia.


Notas:


(1) Linda J. Waite y Maggie Gallagher. The Case for Marriage. Doubleday. New York (2000). 260 págs. 24,95 dólares. Linda J. Waite es profesora de Sociología en la Universidad de Chicago. Maggie Gallagher es directora del Marriage Program en el Institute of American Values.


www.aciprensa.com/

Artículo recomendado por Javier Úbeda para www.aragonliberal.es