miércoles, febrero 10, 2010

El sacerdote del tercer milenio

10.2.2010.

Nosotros, el pueblo cristiano, les necesitamos, y les necesitamos santos. Y... les queremos.


En Aragón Liberal

El año sacerdotal que el Santo Padre Benedicto XVI ha convocado para los sacerdotes, en conmemoración del 150º aniversario de la muerte del Santo Cura de Ars, nos ofrece la ocasión propicia para preguntarnos qué cosa es el sacerdote, cómo se coloca de frente a los grandes retos que la humanidad afronta y qué papel juega en el drama del hombre moderno.

Luis Garza Medina | A&A

 

 

Introducción

 

El año sacerdotal que el Santo Padre Benedicto XVI ha convocado para los sacerdotes, en conmemoración del 150º aniversario de la muerte del Santo Cura de Ars, nos ofrece la ocasión propicia para preguntarnos qué cosa es el sacerdote, cómo se coloca de frente a los grandes retos que la humanidad afronta y qué papel juega en el drama del hombre moderno.


Buscar responder de manera exhaustiva a estas interrogaciones sería pretencioso. Por lo tanto, en este breve escrito deseo simplemente dar algunas orientaciones generales e indicar las posibles claves de lectura que ayudarán a los sacerdotes, "la parte más amada del corazón de Cristo", a encontrar el camino de la propia perfección espiritual y a vivir un ministerio rico de frutos.


2. La identidad del sacerdote


Cualquier propuesta para analizar los retos que afronta el sacerdote del tercer milenio, debe partir de una reflexión sobre la propia identidad, de otra manera se corre el riesgo de privar de fundamento la vida misma del sacerdote.


Don y misterio


Antes que nada el sacerdote debe ser considerado, en su significado más profundo, como un don y misterio. Un don que supera infinitamente al hombre. Dios fija su mirada en un hombre para configurarlo ontológicamente a su hijo Jesucristo para toda la eternidad en un modo totalmente gratuito e inmerecido. El sacerdocio es un don de Dios para el hombre escogido y este hombre elegido, el sacerdote, es un don del amor de Dios para los otros. Así, el sacerdote se vuelve un misterio de elección, un misterio de amor y de confianza de parte de Dios, porque llevamos el tesoro de la gracia en vasos de barro. Es Dios quien toma al hombre llamado para invitarlo a ser sacerdote. "Ninguno puede atribuirse a sí mismo este honor, sino quien es llamado por Dios, como Aarón" (Hb 5, 4). No basta que uno quiera y decida ser sacerdote. Tal decisión es necesaria, pero como respuesta a una precedente llamada de Dios, que resuena en el fondo de la conciencia. Tampoco la comunidad cristiana puede elegir por sí misma los ministros que necesita. Es Cristo mismo quien los llama.


No obstante, lo que constituye el misterio más profundo del sacerdote es la configuración ontológica con Cristo en cuanto salvador operada por el Espíritu Santo a través del sacramento del orden. Estos hombres iguales a los otros, cuando son ordenados sacerdotes, son configurados en su ser con Cristo Cabeza y Pastor de Su Iglesia y, por lo tanto, llevan el sello sacramental indeleble que los constituye Alter Christus. Por bondad de la misericordia de Dios participan de la unción y de la misión salvífica de Cristo, así que en Su nombre y con Su poder predican el evangelio, celebran la Eucaristía y los otros sacramentos y guían como pastores al pueblo de Dios siempre en comunión con sus obispos. Pueden ser hombres pecadores y débiles, incapaces por sí mismos de vivir con elegancia el misterio cristiano, sin embargo, la eficacia de la gracia sacramental que viene de Dios por medio de sus manos y de sus palabras, permanece intacta. Entrelazada con la relación con Cristo, está la relación con la Iglesia, al punto que el sacerdocio, la palabra de Dios y los sacramentos pertenecen a los elementos constitutivos de la Iglesia y el ministerio del presbiterado es totalmente a favor de la Iglesia (1).


Presencia de Cristo Salvador


Cristo es Redentor y Salvador y su sacrificio sobre la cruz y su resurrección han traído al mundo la reconciliación de las personas con Dios y la recapitulación de todas las cosas en Cristo. (Cfr. Ef 1, 10). El sacerdote es presencia de Cristo Pastor y Cabeza entre los hombres; y sacramento viviente de Cristo en el mundo, como dice la Pastores dabo bobis (2). El sacerdote es un hombre de Dios, elegido por Dios para la gloria de Dios y para el ministerio. En cierto sentido, el sacerdote llega a ser mediador de la gracia, porque "in persona Christi" predica la fe, santifica a sus hermanos con los sacramentos y los guía por los caminos del Evangelio. El sacerdote es un puente de dos sentidos, entre Dios y el hombre. Por un lado lleva el amor de Dios a los hombres, los acerca a Dios mismo, y por otra, es el camino a través del cual pasan las almas en su viaje hacia la eternidad. Como Cristo es puente, también ellos, en algún modo, siendo sus ministros, son instrumentos eficaces para que las almas pasen y conozcan la vida eterna.


Aquel que ofrece y se ofrece en sacrificio


El sacerdote es un hombre consagrado para ofrecer dones y sacrificios por los pecados (Hb 5, 1). Por esto, la actividad principal del sacerdote debe ser ofrecer el sacrifico y ofrecerse en sacrificio. Es evidente que esto va más allá del simple presidir un oficio o una ceremonia. El sacerdote debe no sólo celebrar la Eucaristía, sino debe "Ser Eucaristía". Como nos recuerda la carta Ecclesia de Eucharistia, la expresión "in persona Christi", quiere decir algo más que "en nombre" o "en las veces" de Cristo, es la identificación especifica, sacramental, con el "Sumo y eterno Sacerdote", que es el autor y el sujeto principal del propio sacrificio (3). Por lo tanto, el sacerdote debe unir su vida al Cordero de Dios que carga con los pecados del mundo y se sacrifica por la salvación de las almas.


Signo de contradicción


La identificación con Cristo hace que el sacerdote sea además signo de contradicción. Como Cristo, su misión implica morir en la cruz en reparación por los propios pecados y por los pecados de las almas que se le han encomendado. El sacerdote está en el mundo sin ser del mundo. Y el mundo, con sus criterios, hará de él, necesariamente, un juicio negativo. El sacerdote es un hombre que vive contracorriente, ya que vive y desafía a los otros a vivir la paradoja de las bienaventuranzas, y a imitar la vida de Cristo. Nos iluminan y consuelan mucho las palabras de Cristo en la Última Cena: "Si el mundo os odia, sabed que me odió a mí antes que a vosotros. Si fueseis del mundo, el mundo amaría lo suyo, pero como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso el mundo os odia" (Jn 15, 18-19).


3. Claves para comprender el futuro


Individualizar las claves que definen el futuro es una tarea que sobrepasa la mente humana. Por ello me limito a dar algunos directrices sobre aquello que el futuro puede contener.


Progreso científico fin de si mismo


El siglo XX ha estado marcado, mucho más que los siglos precedentes, de una aceleración particular del progreso científico y tecnológico: Han sido descubiertas curas para las enfermedades, han sido resueltos problemas de nutrición, el mundo se ha vuelto pequeño gracias a los progresos de la comunicación, etc. El hombre se siente muy seguro de sí mismo, muy capaz de dominar la creación y se considera a sí mismo prácticamente sin límites ni fronteras. Junto con este sentimiento de seguridad y autosuficiencia, se ha verificado el peculiar fenómeno por el cual el hombre ha querido ver en el progreso la razón suficiente de sí mismo, dándole un valor ético y moral por el simple hecho de ser progreso.


Aquí se esconde una herejía antigua con una vestidura moderna: la gnosis. Con la gnosis el hombre cree poder garantizarse por sí mismo la salvación. En la gnosis antigua, el hombre obtenía la salvación o liberación por medio de prácticas de iniciación particulares o gracias al control del propio espíritu o del propio cuerpo. Ahora la salvación le viene dada por el progreso científico, que toma el puesto de Dios. El hombre se piensa capaz, con la tecnología, de salvar al hombre, de superar todos sus límites y de hacer esencialmente eterna la vida. Parece que la tecnología puede servir para hacer la existencia humana plenamente satisfactoria y resolver todo lo que pueda producir angustia al hombre. Este error en la concepción del progreso puede tener tremendas consecuencias para la existencia humana, porque si el progreso se da valor a sí mismo y es más importante el progreso científico que la misma persona humana, se pueden suprimir vidas humanas para obtenerlo. Es, en conclusión, lo que sostenía Joseph Mengele, el considerado "ángel de la muerte" de Auschwitz y, con él, toda la ideología nazista. Es también lo que sostiene la ideología comunista: para la construcción del paraíso futuro, se puede disponer de la persona humana. Hay también manifestaciones modernas de este error: la defensa de la investigación sobre las células estaminales embrionarias para curar enfermedades, que suprime personas por el avance científico.


El asalto contra la vida


Otra clave de la lectura del futuro es el constante asalto contra la vida, cuyas consecuencias todavía no podemos vislumbrar. Ya desde hace algunas décadas, por efecto de una masiva campaña cultural prácticamente en todo el mundo, a excepción de los países musulmanes, se ha establecido en la conciencia de los hombres una forma de rechazo a la vida que toma formas diversas. En algunos países se asiste a un brutal descenso de índices de natalidad a niveles que no pueden proveer un regreso a la estabilidad de la población. Además del aborto ya legalizado desde hace algunos años, ha sido introducida la práctica de la eutanasia en la legislación de las naciones. Es evidente que la fuente del desprecio por la vida es el egoísmo, dado que se rechaza y se hace comercio con la vida indefensa o con aquella que no aporta más a la estadística del bienestar.


Los resultados se comienzan a ver: envejecimiento de la población e incapacidad estructural de cubrir los costos de pensiones y retiros, cifras de escalofrío de abortos a nivel mundial, mantenimiento de la población de países desarrollados sólo gracias a la emigración, sobre todo musulmana. El futuro no deja presentir nada de bueno si no se hace un cambio radical en la mentalidad de las personas.


El desprecio por la vida ha traído consigo la promoción de la sexualidad para liberarla de cualquier atadura o responsabilidad y sobre todo de su consecuencia, que es la procreación. Evidentemente la vida moderna ha estado profundamente erotizada y esto ha determinado en las personas la incapacidad estructural de comprometerse para toda la vida y de establecer relaciones estables y duraderas. Se ve el sexo sólo en su aspecto lúdico, de aventura; de aquí el número alto de divorcios y de procreaciones fuera del matrimonio. Las campañas para distribuir siempre más preservativos y buscar evitar los embarazos no han dado resultado, porque no resuelven la verdadera causa, que es la adecuada educación al correcto y maduro uso de la sexualidad.


Sociedad multicultural, relativista e individualista


El mundo como lo solemos imaginar, compacto, unido y definido culturalmente ya no existe. Los países de hoy son un mosaico de culturas y modos de ver la vida y son también un mosaico de creencias y religiones. También en los países más católicos no se puede decir que los principios católicos constituyan la base de la cultura y del comportamiento de la mayor parte de las personas. Hay un alto porcentaje de personas que aceptan y aprueban el aborto, un porcentaje altísimo de personas que no acuden ya o muy poco a la Iglesia y que, por lo tanto, son católicos sólo de nombre (4). Por otra parte es una sociedad relativista porque sostiene que el conocimiento humano no alcanza jamás la verdad objetiva y universal, sino que consiste en meras "aproximaciones" que dependen del momento histórico, de la cultura y del modo personal de ver las cosas. Se ha llegado al punto de pensar que lo único que une la sociedad moderna es la tolerancia a los puntos de vista diversos de los otros.


Como ejemplo de este relativismo, basta citar las recientes declaraciones de un famoso director de cine (5) sobre el concepto de familia: "En mi mundo cinematográfico no juega absolutamente ningún papel el hecho de que el Papa sólo reconozca la variante católica de la familia. Una familia es un grupo de personas, centrado en un pequeño ser, que se quieren y cumplen sus necesidades, sin importar si se trata de padres separados, travestis, transexuales o monjas con sida. Mis familias son más reales que las del Papa, porque no viven de acuerdo a algún tipo de dogma, sino de acuerdo a sus compromisos con la vida".


La sociedad es muy individualista y ha abandonado el concepto de una naturaleza común en la cual todos los seres humanos se encuentran. Lo único que nos identifica es que cada uno busca su propio beneficio. La ética es utilitarista y se fija a partir de los propios intereses. Se piensa que todo es lícito mientras no perjudique a los demás. Por haber abandonado una ética basada en la naturaleza humana, el único principio que rige es el positivismo y el acuerdo de las partes. Se concede a la decisión de la mayoría la posibilidad de determinar lo que está bien o está mal, olvidando que la democracia, sin principios, puede ser la peor de las tiranías.


Olvido de Dios


Una de las características de la cultura moderna es el olvido sistemático de Dios y de su presencia en el mundo. Habitualmente no se postula un ateísmo sino un deísmo: Dios existe, ha creado las cosas, pero así como ha dotado de leyes la naturaleza y ha dado la libertad y la inteligencia a los hombres, son ellos que llevan adelante la historia. Dios no interviene de ningún modo en la vida de los hombres.


Cada vez son menos los que se preguntan si lo que el hombre está construyendo va de acuerdo con la voluntad de Dios. La ciencia, como ya hemos explicado arriba, sigue el propio ritmo y es fin en sí misma. El arte se aleja cada vez más de un referente ético. En algunos casos llega a ser una verdadera pornografía o blasfemia, y son pocos los que se atreven a expresar el propio rechazo por miedo a ser tachados de intolerantes. La política misma se reduce a buscar la popularidad sin preguntarse si está sirviendo verdaderamente al bien común y estamos llegando al punto de considerar como una obligación para un político excluir las propias convicciones religiosas y éticas de las decisiones políticas.


Según estas personas, la "hipótesis" de Dios, ya no es necesaria porque el hombre ha logrado dominar la naturaleza. Dios no puede existir porque anularía al hombre. Esta ausencia de Dios, del Dios personal de la revelación, ha sido sustituido en el hombre contemporáneo por la superstición o por las ofertas pseudo religiosas de las sectas, hoy en boga.


Desprecio de la autoridad


Una de las características de la era moderna es también el desprecio de la autoridad, sobre todo a partir de la crisis del 68. Durante aquellos años de contestación y revuelta, cualquier autoridad era vista como imposición o coacción de la propia libertad, único valor absoluto. La autoridad civil y política, la autoridad religiosa, la autoridad familiar, etc. fueron puestas en duda y evidentemente perdieron fiabilidad.


El desprecio de toda autoridad y la pérdida de la fe han hecho que también el Magisterio venga puesto en duda y considerado simplemente como una opinión más, entre muchas otras. Este modo de considerar el magisterio no pertenece sólo a muchos laicos, más expuestos a la secularización, sino también a un buen número de religiosos y sacerdotes.


El desprecio de la autoridad ha llevado a la prensa y a los medios de comunicación a hacer lo que hace algunos años era impensable: ridiculizar la Iglesia como institución, al Papa mismo, a los obispos y al clero en general. Es una situación con la cual debemos convivir. En el lenguaje del concilio Vaticano II, es, quizá, un signo de los tiempos.


Mentalidad dialéctica


Otra característica del mundo contemporáneo es la mentalidad dialéctica. El hombre, con su necesidad de simplificar las cosas, busca siempre etiquetar a las personas y ver los diversos grupos en oposición unos de otros. Así, no es difícil contraponer razas diversas, jóvenes a adultos, europeos a asiáticos, etc., y en otra época, capital a trabajo. Cuando se vive en un mundo basado en la contraposición, se llega mucho más fácilmente a la revolución y se apunta al objetivo de aniquilar al adversario. La contraposición como postulado, en su verdadera esencia, nos pone en las antípodas del cristianismo, porque la caridad cristiana une y resuelve la contraposición, en lugar de exacerbarla.


En todos estos procesos de transformación de la cultura han participado en modo sutil, pero muy real, los así llamados "maestros de la sospecha": Marx. Nietzsche y Freud. Marx tomó de Hegel la dialéctica como motor de la historia. Nietzsche hablando del superhombre excluyó la posibilidad de la existencia de Dios, porque para él, la fe religiosa era propia de seres acomplejados, incapaces de ser ellos mismos. Freud con su hipótesis del subconsciente, el yo y el súper yo, fue la base para la revolución sexual y la separación de la sexualidad de la procreación.


4. Los retos para el sacerdote del tercer milenio


La situación que he descrito a pinceladas, nos ofrece un panorama particularmente entusiasmante para el sacerdote. Como decía Juan Pablo II al inicio de su pontificado, "éste es un tiempo maravilloso para ser sacerdote" (6). El sacerdote, animado por la conciencia de que Cristo es el único salvador del hombre y que él ha sido constituido por medio del sacramento del orden ministro de la redención, es llamado a vivir en el mundo de hoy y en medio de los retos que éste presenta para el evangelio de Cristo, con fe y santa audacia. A pesar de la enorme responsabilidad y de las muchas contradicciones, el sacerdote sabe que el poder del mal no triunfará porque ya fue derrotado para siempre, "ésta es la esencia de la esperanza" (7).


Los párrafos siguientes resumen, de algún modo, las claves del futuro que he expuesto arriba e individúan los retos que el sacerdote de hoy encuentra frente a sus ojos. Estos retos se pueden transformar en un programa de vida para los sacerdotes que quieran realizar la misión de Cristo en la Iglesia de este nuevo milenio.


Hombres de Dios


El sacerdote debe ser un hombre de Dios. En cuanto sacerdote tiene el sello del sacramento. De consecuencia, su voluntad y sus facultades deben imbuirse de los sentimientos de Cristo (Cfr. Fil 2, 5) Si no está afincado en Cristo, será arrebatado por el huracán de la secularización. Por lo tanto debe ser un hombre de oración, hombre que escucha y medita la Palabra para adherirse amorosamente a aquello que Dios quiere de él; debe celebrar los sacramentos con el fervor y la unción propia de las cosas sagradas de las cuales se ocupa, sabiendo que para ser hombre de Dios debe hacer un particular esfuerzo y resistir al vértigo de la constante y acelerada actividad a la que nos somete el mundo moderno.


Debe también colaborar con la gracia divina para que su vida cotidiana refleje la santidad que trasmite con los sacramentos. Los sacramentos son eficaces ex opere a Christo operato, pero es evidente que Dios extiende su gracia con más abundancia a través de aquellos sacerdotes que con mayor plenitud se configuran con su Hijo, sumo y eterno sacerdote de la Nueva Alianza.


El sacerdote es un hombre profundamente consciente de que la salvación viene de Dios y por esto no puede concebir que la solución de los problemas del hombre esté en los medios humanos o en el sacerdote como persona humana, por cuanto preparado y carismático pueda ser. Comprende que debe unir sus acciones y su palabra a una profunda vida eucarística- sea en la celebración que en la adoración- que le hace a él mismo, en cierto sentido, eucarístico; es decir, alguien que se hace víctima y oblación, como sacerdote, para servir a Cristo en la misión de la salvación de las almas. Su presencia entre los hombres, sus hermanos, debe ser como la del centinela de la mañana, un anunciador de las cosas del más allá, un continuo recordatorio de Cristo para las almas, que encarna el amor de Dios en este mundo. El hombre de Dios es el único que puede darle sentido al hombre y a la sociedad de hoy porque hace posible el encuentro con el Dios amor. Se cuenta una bella historia del cura de Ars recordada en una estatua en la entrada del pueblo: Cuando S. Juan María Vianney fue a Ars por primera vez, perdió el camino. Pidió a un pastorcillo que se encontró que lo guiara y éste lo llevó hasta el pueblo. El cura le dijo: "tú me has mostrado el camino a Ars, ahora yo te mostraré el camino al cielo".


Ser un hombre de Dios no es incompatible con tener los pies en la tierra. El sacerdote es una persona que no pierde la propia objetividad ni el realismo. Sabe por una parte, que la humanidad debe someter el cosmos y dominarlo, pero por otra parte, que lo que el hombre anhela definitivamente se encuentra sólo en el cielo, meta definitiva y objetivo de nuestro peregrinar en esta tierra. No es la ciencia lo que salva al hombre, es Cristo. El sacerdote no puede ceder al horizontalismo o al naturalismo, porque dejaría de ser necesario para el mundo y se confundiría con un trabajador o un agente social, que en el mundo son ya bastantes. No debe jamás caer preso de la visión reducida de su sacerdocio, por la cual, éste no sería sino sólo un servicio o una función (8). El sacerdote es servidor de Cristo por ser, a partir de Él, por Él y con Él, servidor de los hombres.


En la formación del hombre de Dios juega un papel muy particular la devoción a la Virgen María, como madre, modelo de virtud y, sobre todo, como protectora celestial. Su relación con los sacerdotes, ministros de Cristo, deriva de la relación entre la divina maternidad de Maria y el sacerdocio de Cristo. Los sacerdotes son sus hijos predilectos y en el corazón del sacerdote debe resonar el consejo de S. Bernardo: "En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María, invoca a María. No se aparte María de tu boca, no se aparte de tu corazón; y para conseguir su ayuda intercesora no te apartes tú de los ejemplos de su virtud. No te descaminarás si la sigues, no desesperarás si la ruegas, no te perderás si en ella piensas. Si ella te tiene de su mano, no caerás; si te protege, nada tendrás que temer; no te fatigarás si es tu guía; llegarás felizmente al puerto si Ella te ampara" (9).


Constructores de caridad


El sacerdote precisamente por estar centrado en la eternidad y por ayudar a los hombres en su camino hacia el cielo, debe construir la caridad, porque es la caridad la virtud que de algún modo anticipa el cielo aquí en la tierra.


La caridad es ante todo caridad hacia Dios y es la virtud que permite al sacerdote ser un hombre de Dios. De esta caridad brota la caridad hacia los demás que tiene diversos aspectos. El primero, el más fundamental, es tener siempre como centro en todo nuestro actuar, en cada uno de nuestros pensamientos y palabras, el bien de la persona que tenemos delante. No hace nada bien a la Iglesia que algunos sacerdotes se preocupen más por las estructuras que de las personas con las que tratan cotidianamente. Recuerdo que la madre Teresa de Calcuta, una vez, cuando le hicieron notar que ella no buscaba solución para las estructuras que provocaban las injusticias, dejó claro que eran ya muchos los que buscaban mejorarlas, mientras que ella procuraba que cada una de las personas entre los más pobres de los pobres fuera atendida según su dignidad de hijo de Dios.


El sacerdote, al buscar el bien de la persona, procura no reducirla a un número o a una estadística. No es que la estadística sea mala, es más, creo que ofrecen algunas ideas para los desafíos pastorales que la Iglesia afronta, pero no se puede reducir la persona a un simple número.


Construir la caridad exige también de nosotros construir la comunión. La Iglesia es comunión, es, con las palabras de San Cipriano, "un pueblo cuya unidad deriva de la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo" (10). El mismo sacerdocio es una "radical forma comunitaria" y no puede ser ejercitado sino en la comunión (11). La primera dimensión de esta comunión es la jerárquica, la comunión con el Santo Padre, centro visible de la unidad de la Iglesia, y con el propio obispo, pastor de la Iglesia parroquial.


El sacerdote es constructor de comunión en el interior del presbiterado diocesano. Todos los sacerdotes de una Iglesia particular participan del único sacerdocio de Cristo Pastor. Y esta unión sacerdotal debe traducirse en relaciones interpersonales llenas de caridad y de recíproca ayuda. El sacerdote es llamado a acoger con gratitud y a conducir hacia la comunión los diversos carismas presentes en su parroquia o en la diócesis. Debe tener un corazón abierto a las diversas formas de vida consagrada y a los nuevos movimientos aprobados por la autoridad competente. Son dones del Espíritu Santo para la Iglesia y deben ser acogidos sin prejuicios. En ellos muchos fieles encuentran caminos específicos de santidad cristiana y formas concretas para participar en la acción evangelizadora de la Iglesia.


El sacerdote construye la comunión con todo el pueblo de Dios y no concibe la Iglesia en forma dialéctica como oposición entre el ministerio ordenado y el sacerdocio bautismal que es propio de todos los fieles. Una de las figuras consagradas del Concilio para representar la Iglesia fue la de pueblo de Dios. En este pueblo, que es también Cuerpo de Cristo, todos tenemos la misma dignidad de hijos de Dios y unidos caminamos hacia la meta definitiva, el cielo. Y la diferencia esencial, no simplemente gradual, entre el ministerio ordenado y la función del laico no sólo no rompe la unidad, sino la enriquece.


En la predicación y en la vida de Cristo, era evidente la atención que Él prestaba a los más pobres. La atención por el más necesitado es una preocupación que debe formar la prioridad pastoral del sacerdote. Ayudar a resolver y cubrir las necesidades de las personas es algo propio del cristiano y mucho más del sacerdote. Hoy a la necesidad de los bienes materiales se han añadido muchas otras necesidades que se han vuelto urgentes: la soledad en la vejez, la depresión y el abandono de tantas personas en las grandes ciudades, las diversas dependencias, muchas veces explotadas por organizaciones o individuos con afán de lucro, la niñez abandonada sin alimentación y sin educación, etc.


El sacerdote está ahí donde hay más necesidad de consuelo y de anuncio de los bienes eternos, donde están los más indefensos. El sacerdote es aquél que lleva esperanza con la palabra y con las acciones para que estas situaciones de miseria sean aliviadas. No obstante tanto avance tecnológico, no siempre las personas tienen la posibilidad de recibir las ventajas de estos desarrollos y se encuentran solas y abandonadas.


El sacerdote tiene, en cierta medida, responsabilidad en la creación de sociedades justas. No compete al sacerdote trabajar en las estructuras políticas, sindicales, económicas; no es llamado a ser constructor de la ciudad terrena, pero tampoco puede olvidar el mundo en el que vive. Él puede y debe cooperar a la promoción de una sociedad más justa y conforme con la voluntad de Dios mediante la predicación de los valores evangélicos y la formación de las conciencias. Ésta es su aportación específica. No se excluye que él señale las situaciones injustas, pero el amor por sus hermanos exige ir más allá, más a la raíz: llegar a transformar el corazón de aquellos que provocan tales situaciones. No busca oponerse, sino unir y lograr que en medio de estas situaciones haya mutua comprensión y perdón y responsabilidad efectiva de quien puede mejorar las situaciones injustas. Sólo así se puede construir una nueva sociedad, puesto que sin cambiar los corazones, los rencores serían un peso que mantendría a las personas ancladas al pasado, sin esperanza y siempre presas de la violencia destructora.


Por último, en la construcción de la caridad, el sacerdote debe hacer siempre la caridad en la verdad. Haría un pésimo servicio como pastor si por un mal entendido concepto de la caridad abandonase la verdad. A las almas se les debe decir la verdad, ayudarles a descubrir su valor y a amarla; se necesita mostrar toda la verdad que Dios nos ha revelado en el Evangelio de Cristo que el Magisterio de la Iglesia nos trasmite. No se puede reducir o cambiar la verdad por "hacer un bien pastoral". En todo caso, se puede aplicar la ley de la gradualidad, pero jamás tergiversar la verdad. El Papa Benedicto XVI nos dice en su encíclica Caritas in veritate: "sólo en la verdad la caridad resplandece y puede ser vivida auténticamente. La verdad es luz que da sentido y valor a la caridad [] Sin verdad, la caridad cae en el sentimentalismo. El amor se vuelve un envoltorio vacío que se rellena arbitrariamente" (12).


Pastor de almas


El sacerdote es un pastor de almas, que cuida de sus ovejas y está dispuesto a dar la vida por ellas. No se puede subestimar el valor de esta donación, de esta pasión que debe arder en el corazón de cada sacerdote. Él es como Cristo, que ofrece la vida por ellas, y es movido por su mismo amor hacia ellas.


Pero además de esta donación que se hace real día tras día, instruye a las almas con la sana doctrina católica. Les enseña la fe a través de una adecuada catequesis, con todos los medios posibles, porque el pueblo de Dios tiene una urgente necesidad de conocer la fe para no dejarse arrastrar por otras ideas pseudo religiosas. Pero sobre todo el sacerdote debe ser guía y pastor de sus hermanos con un estilo de vida virtuosa, alimentada en la oración y en el contacto con la Eucaristía.


La atención por las almas se concretiza sobre todo en la administración del sacramento de la reconciliación y penitencia. El sacerdote debe estar siempre a disposición de los fieles para escuchar sus confesiones. Es ahí, en la soledad del confesionario, donde se vive la batalla más decisiva para el alma del mundo. Es ahí donde la gracia de Dios toca profundamente a las personas por medio de la humanidad del sacerdote. San Juan Maria Vianney solía confesar más de diez horas al día, consciente del valor de una sola alma y de la acción particular de la gracia en este sacramento. El ejemplo de este humilde sacerdote francés influyó de forma decisiva en la vida del seminarista, sacerdote, obispo y Papa Juan Pablo II, que durante todo su ministerio buscó siempre tiempo para el confesionario. Incluso como Papa, cada viernes santo bajaba a la basílica de San Pedro para administrar la misericordia de Dios.


Debemos reconocer que "la piedad popular es nuestra fuerza, porque se trata de prácticas y oraciones muy radicadas en el corazón de las personas" (13) y de las sociedades, es expresión del anhelo de eternidad que no se extingue jamás. El pastor de almas no despreciará esta piedad, sino la promoverá y la orientará adecuadamente para que se transforme en convicciones profundas y duraderas propia de cristianos maduros.
El sacerdote incide en la cultura a través del uso de los medios de comunicación, a través de la educación de los niños y de los jóvenes y mediante una acción evangelizadora en los círculos políticos y legislativos. Estos son los vehículos- medios, educación y legislación- que transforman la cultura (14).

 

De forma decidida, infundirá en el laico católico el deseo de vivir según su compromiso bautismal para que sean los laicos en cnonjunto, quienes evangelicen el mundo de la ciencia, del arte, de la empresa, etc., les ayudará ofreciéndoles formación espiritual y facilitando su trabajo pastoral y los sostendrá en todas sus iniciativas. Debe promover el asociacionismo porque las acciones del laico son vitales para la Iglesia futura. No se puede pensar en una Iglesia en la cual sólo el clero desarrolle un trabajo pastoral. Esta aquí el reto pastoral más importante del sacerdote y de la Iglesia de este tercer milenio. Es la hora de los laicos y sin ellos no se podrá realizar la Nueva Evangelización a la cual la Iglesia ha sido llamada por el Papa Juan Pablo II.


Por fin, el pastor de almas, con la oración, mucha esperanza y fe en la acción de Dios, desarrollará una pastoral vocacional adecuada y prudente para permitir que la invitación del Señor a la donación total sea escuchada por muchos jóvenes y apoyará este trabajo con un testimonio verdaderamente luminoso y elevado de su ser sacerdote, que suscite en el joven el deseo de dejar todo y seguir a Jesucristo.


Formación integral


Para poder realizar todo este programa, quien aspira al sacerdocio tiene necesidad de una esmerada formación personal que atienda toda su persona. La formación del sacerdote, como pide la Pastores dabo vobis, debe ser integral- espiritual, humana, intelectual y pastoral- dirigida, en modo armonioso, a todos los aspectos de su vida, para que pueda estar preparado para la misión. Una formación similar no se improvisa. Requiere años y un esfuerzo continuo durante todo el tiempo en el seminario y empeño responsable y permanente hasta el último momento de la vida.


El mundo se ha vuelto muy competitivo. Las personas obtienen mejores cualificaciones y se actualizan en el propio campo específico. Si esto sucede con personas que se ocupan de materia puramente humana, tanto más para el sacerdote que se ocupa de la salvación de las almas, de la fe, de la moral, etc. No bastan los estudios hechos y las capacidades adquiridas en el seminario, pese a la dedicación y al esfuerzo empleado, sino que es importante que en la medida de lo posible los sacerdotes busquen siempre mejorar la propia formación para poder responder a las cuestiones más comprometedoras que el mundo presenta. Sería oportuno que también el sacerdote, según el tipo de trabajo pastoral que realiza, y con el fin de entrar en contacto con las personas y con los problemas que las angustian, pudiera también tener un cierto conocimiento de temas que atañen a la vida de los hombres, como la economía, la vida social y política, las ideologías y las estructuras culturales, etc.


En su esfuerzo por adquirir una formación integral, el sacerdote tiene como único ideal a Jesucristo y busca identificarse con él no sólo en el aspecto de su personalidad, sino en todo. Sin duda, el más importante es el corazón: será sacerdote según el corazón de Cristo, como dice el profeta Jeremías: "Les daré pastores según mi corazón" (Jer 3, 15). Por lo tanto debe amar como Cristo ama, ver como Cristo ve, juzgar como Cristo juzga.


Com Petro et sub Petro


Hoy en día, mientras pululan tantas ideas equivocadas y reina la cultura del relativismo, una de los retos que afronta el sacerdote es aquella de ser promotor de la unidad en torno al Papa, principio y fundamento visible de la unidad de la Iglesia. La unidad con el sucesor de Pedro es el camino seguro para vivir en la verdad. Cristo ha fundado su Iglesia sobre Pedro y ha orado por él para que pueda confirmar a sus hermanos en la fe. Sin el sucesor de Pedro, no subsiste la Iglesia de Cristo.


No se trata de una mera unión sentimental o emotiva, sino de apoyar en la roca de Pedro nuestra fe en Cristo. De allí deriva la adhesión al magisterio y a la disciplina eclesiástica. Tal adhesión exige no dejarse arrastrar por el amor a las novedades teológicas considerando el magisterio anticuado o una opinión más que lanzan los teólogos de moda. Se requiere una postura de fe y de humildad para reconocer que sólo el sucesor de Pedro y los pastores que guardan plena comunión con él, son los depositarios del carisma Veritatis. Bajo la guía de los pastores, la Iglesia se mantiene en la verdad que Dios nos ha revelado en Cristo para la salvación de la humanidad.


De todo esto se deduce la importancia de la obediencia sacerdotal. La cultura contemporánea ha modificado el contenido cristiano de esta virtud. La considera como sometimiento humillante y como una renuncia a la propia libertad. No es ésta la obediencia propia del cristiano y del sacerdote que Cristo nos ha enseñado aceptando los designios de su Padre. "factus est oboediens usque ad mortem". La obediencia del sacerdote tiene su fundamento en la convicción de que la autoridad legítima de la Iglesia viene de Dios. El sacerdote no renuncia a la propia voluntad, sino que se adhiere con plena libertad a la voluntad de Dios constituida a través de la mediación de sus legítimos representantes. No renuncia mucho menos a su razón, porque mantiene siempre la capacidad de discernir y proponer a los superiores el propio punto de vista. Pero la fe pide al sacerdote que, siendo el mandato es moralmente bueno, si es confirmado por la autoridad una vez hecha presente a ella la propia perplejidad, lo acepte en paz y lo lleve a cumplimiento, a pesar de que no sea complaciente o sea diferente a aquello que él pudiera haber decidido. Ésta es la obediencia de la cual tiene necesidad la Iglesia de hoy en sus sacerdotes.


Defensor de la vida


Es evidente que ser defensor de la vida es uno de los grandes compromisos del sacerdote de hoy (15). La vida está bajo asedio y muchos se han unido para atacar sobre todo a aquella más débil e indefensa: la persona todavía no nacida, los ancianos, y los enfermos. Estos nubarrones negros que amenazan la vida y por tanto la cultura y la sociedad, no son nuevos. Los ecos de las locuras colectivas de la segunda guerra mundial nos llegan todavía hoy. El mismo desprecio de la vida de entonces vive en nuestro tiempo, sólo que la sociedad moderna tiene como aliada una tecnología más desarrollada y capaz de una mayor potencia exterminadora.


El sacerdote tiene la convicción de ser mensajero, promotor y defensor de la vida y ayuda a los fieles a no dejarse engañar por las falacias y manipulaciones que se usan hoy, y a crear, por el contrario, una cultura que acoja, celebre, proteja, defienda y promueva la vida. Lo que está en juego es mucho más de lo que parece a simple vista. Las sociedades cristianas son las sociedades más desarrolladas y al mismo tiempo las más inmersas en esta mentalidad anti-vida. Los países que por siglos fueron los portadores de la cultura cristiana y que dieron tanto al mundo y a la humanidad en esta simbiosis fecunda de cultura y cristianismo son los que están en un riesgo elevado de extinción por una especie de suicidio demográfico.


Con el fin de promover la cultura de la vida, en la medida de sus posibilidades, el sacerdote ayudará a las parejas que se preparan al matrimonio a optar por la vida. También se debe preocupar por suscitar investigadores en materia de ética médica, contribuir a la formación de juristas y legisladores para que apoyen la vida en las iniciativas de ley que se propongan, crear círculos de médicos y ginecólogos que promuevan la vida y ayuden a instalar en hospitales y estructuras sanitarias, asesores y consejeros de bioética.


Signo de contradicción


Aunque ya he hablado de esto, a propósito de la identidad del sacerdote, quisiera remarcar una idea. El sacerdote sabe que es "alter Christus" y que participa de la misión redentora de Cristo. Por esto realiza su misión llevando su cruz personal y ayudando a los demás hombres a llevarla como camino ineludible de la vida de cada cristiano. De este modo repara por sus propios pecados y por los pecados de los demás y da un valor sacerdotal a su propio sufrimiento.


El sacerdote vive la cruz y acompaña a los fieles cristianos para que puedan aceptarla con resignación cristiana. En cambio la humanidad busca cada vez con mayor intensidad liberarse de cada sufrimiento y dificultad y por esto el sacerdote es un incomprendido. Para los hombres de hoy es signo de contradicción porque indica que el camino hacia la felicidad eterna, no sigue necesariamente la vía del placer y de la ausencia de dificultad.


La reacción del mundo ante un sacerdote fiel es sospechar, dudar de sus intenciones, considerarlo un individuo enfermo y con una psicología alterada. Es verdad que lamentablemente algunos de nuestros hermanos en el sacerdocio, no teniendo estabilidad psicológica suficiente o la altura moral necesaria, han presentado al mundo una imagen del sacerdote que ha justificado al menos en parte, la sospecha que pesa en el sacerdocio católico, pero es justo y debido no olvidar los cientos de miles de sacerdotes que son fieles a su vocación en medio de grandes dificultades y que con su gran estatura humana y espiritual son instrumentos de bien para millones de personas.


En algunos casos para el sacerdote la cruz no se presenta sólo como desprecio moral e incomprensión. Los sacerdotes por la fidelidad a Cristo han resistido y todavía resisten a la coacción de tantas ideologías que lo quieren usar para sus propios fines políticos o de poder. El precio que pagan es alto. Muchos de nosotros hemos recibido el don de la fe por la generosidad sin límite, la fidelidad inquebrantable y la fe indomable de sacerdotes que ha preferido la muerte antes que renegar de Cristo. Esta fidelidad es la fidelidad que se espera hoy y siempre de los sacerdotes.


El sacerdote acepta su misión y su destino y reconoce que, si no es un signo de contradicción, si sus criterios son como los del mundo, si no se distingue de la forma de pensar de la moda que ciertas culturas proponen, quizá no está viviendo según su estado de vida sacerdotal y no está ayudando a los hombres en su camino hacia la patria definitiva. Quizá su sal se ha vuelto insípida. Pero no se puede confundir el ser contracorriente con la contestación y la denuncia política de ciertas estructuras sociales. El sacerdote va contra corriente porque es evangélico, no porque toma una orientación política. Es verdad que a veces hay situaciones de injusticia que claman al cielo y es debido denunciarlas y modificarlas, pero el sacerdote debe mantener su propio puesto, como un hombre de Dios y no como uno que crea agitación y subversión.


Santidad


En esta palabra quedan resumidas todas las ideas que he mencionado hasta este momento. Sólo los santos cambian la historia. La santidad es la vocación propia de todos los cristianos, pero para el sacerdote lo es todavía más. La santidad es un concepto que a fuerza de ser usado ha perdido su verdadero significado y toda su capacidad de transformación interior. El sacerdote será santo como consecuencia de la propia configuración sacramental con Cristo Pastor; vive como Cristo, imita sus virtudes y recorre el camino de su vida como una ofrenda al Padre por amor hacia los hombres. Ora y entra en el misterio de la Trinidad de la cual será reflejo. Ejercita su ministerio consciente de aquello con lo que trata y se beneficia él mismo de los sacramentos. Sin la santidad no cumple su misión y derrocha su vocación a la cual Dios la ha llamado. "Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. Quien permanece en mí y yo en él, lleva mucho fruto, porque sin mí, no pueden hacer nada" (Jn 15, 5). Es la santidad del sacerdote lo que provoca un reclamo particular en las almas que descubre en él aquel misterio de Dios que reaviva la nostalgia de eternidad, propia de cada hombre.

 

5. Conclusión


Con este recorrido he querido describir la identidad del sacerdote, las claves de lectura de la sociedad y de la cultura contemporánea y los desafíos que ésta presenta. Puede parecer, quizá, que no haya nada nuevo en todo esto. No obstante, considero que cuanto más profundamente los sacerdotes vivan su propia identidad, tanto más podrán afrontar los desafíos del mundo y podrán ayudar mejor a los hombres a vivir la común vocación a la santidad. El año sacerdotal que el Santo Padre Benedicto XVI ha convocado para los sacerdotes, en conmemoración del 50º aniversario de la muerte del Santo Cura de Ars, nos ofrece la ocasión propicia para preguntarnos qué cosa es el sacerdote, cómo se coloca de frente a los grandes retos que la humanidad afronta y qué papel juega en el drama del hombre moderno.


Buscar responder de manera exhaustiva a estas interrogaciones sería pretencioso. Por lo tanto, en este breve escrito deseo simplemente dar algunas orientaciones generales e indicar las posibles claves de lectura que ayudarán a los sacerdotes, "la parte más amada del corazón de Cristo", a encontrar el camino de la propia perfección espiritual y a vivir un ministerio rico de frutos.

 

Notas:


1. Juan Pablo II, Pastores dabo vobis (25 marzo 1992), 16.


2. Juan Pablo II, Pastores dabo vobis (25 marzo 1992), 42.


3. Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistia (17 abril 2003), 29.


4. Juan Pablo II, Novo Millennio Ineunte (6 de enero 2001), 40.


5. Pedro Almodóvar


6. Juan Pablo II, Discurso a los sacerdotes, religiosos, religiosas y misioneros, Maynooth, Irlanda (1 octubre 1979), 10.


7. Benedicto XVI, Encuentro con los jóvenes y con los seminaristas del seminario de San José, Yonkers, NY (19 abril 2008).


8. Cf. Card. Joseph Ratzinger, Il Ministero e la vita dei presbiteri, Relazione nel Simposio Internazionale in occasione del XXX anniversario della promulgazione del Decr. Conc. Presbyterorum ordinis, Città del Vaticano (23-28 octubre 1995), 1.1, in "Sacrum Ministerium", Annus II, 1/96, p. 12.


9. San Bernardo, Homilías sobre las excelencias de la Virgen Madre, 2.


10. San Cipriano, De Oratione dominica, 23; citato da Conc.
Ecum. Vat. II, Cost. dogm Lumen Gentium, 4.


11. Juan Pablo II, Pastores dabo vobis (25 marzo 1992), 17.


12. Benedicto XVI,
Caritas in veritate (29 junio 2009), 3.


13. Benedicto XVI,
Discurso a los párrocos y sacerdotes de la diócesis de Roma (22 febrero 2007).


14. Cf. Luis Garza, L.C., La batalla por el alma del mundo, Relazione a studenti universitari dagli Stati Uniti, Svizzera (2003), Ed. ART.


15. Cfr. Juan Pablo II,
Evangelium Vitae (25 marzo 1995).

martes, febrero 09, 2010

La compatibilidad entre cristianismo y marxismo, una de las estrategias del movimiento “Cristianos para el Socialismo”

9.2.2010.

 


Giulio Girardi, promotor de Cristianos para el socialismo

Por: Javier Úbeda Ibáñez /En Aragón Liberal

Una de las estrategias de este movimiento (CPS) consiste en mostrar como complementarios al marxismo y al cristianismo: Afirman que es una "descomunal ignorancia" contraponer el cristianismo al materialismo de los marxistas.

Dicen que el ateísmo no es esencial al marxismo, sino algo que surgió accidentalmente en el ambiente en que tuvo que desarrollarse. Sin embargo, la crítica de la religión es esencial en la doctrina marxista. La incompatibilidad entre marxismo y religión, repetida numerosas veces por el Magisterio de la Iglesia, no se debe simplemente a que Marx negase la existencia de Dios, sino a que toda su construcción teórica y práctica se apoya necesariamente en el ateísmo.

La religión –según Marx- es la primera alienación de la que hay que liberarse, pues es el paso previo para suprimir las restantes alienaciones: La crítica de la religión es la condición de toda crítica. El ateísmo marxista es "positivo"; no es sólo un olvido de Dios, sino una exigencia del sistema. Es su fuerza motora: rechazado Dios, nada hay superior a la humanidad. Sólo a partir de aquí se puede construir la sociedad socialista sin reparar en los medios empleados –violencia, dictadura, etc.-: es la aplicación perfecta de la afirmación de aquel personaje de Dostoievski: Si Dios no existe, todo está permitido.

Ningún revisionismo marxista –ni el eurocomunismo- ha suprimido este postulado de ateísmo. Para destruir la religión se aprovecha cualquier medio, incluso la difusión del ateísmo pre-marxista: Nuestra propaganda comprende necesariamente la del ateísmo… tendremos que seguir probablemente el consejo que dio Engels un día a los socialistas alemanes: traducir y difundir entre las masas la literatura atea de los enciclopedistas franceses del siglo XVIII1.

El propio Marx se burlaba del "clericalismo socialista", representado en la actualidad por CPS: Como el sacerdote acompañó siempre al señor feudal, así el socialismo de los curas acompaña al socialismo feudal… No hay cosa más fácil que dar un tinte socialista al ascetismo cristiano (…). El socialismo sagrado es solamente el agua bendita con la que el sacerdote bendice el despecho de los aristócratas2.

Pablo VI desautorizó este movimiento en una audiencia general, pocos días antes del Congreso de CPS en Utrecht (Holanda): El cristianismo no puede ser instrumentalizado por una concepción de la vida contradictoria con el cristianismo y, por tanto, el movimiento "Cristianos para el Socialismo" es una contradicción ideológica y práctica en sí mismo3.

¿Por qué hablan los "Cristianos para el Socialismo" con tanta convicción de la compatibilidad entre cristianismo y marxismo? ¿No será que profesan una Fe que no es sobrenatural?, ¿una esperanza que no se cifra en la vida eterna?, ¿una caridad no fundamentada en Dios? Por las contradicciones teóricas y prácticas de este movimiento se podría más propiamente denominar Excristianos para el Socialismo; es decir, cristianos que han perdido la fe y buscan sustituirla por una opción temporal.

Terminamos diciendo que la orientación de este movimiento (CPS) contradice las verdades más elementales de la Fe católica: la existencia de Dios, la libertad humana y la autonomía de lo moral y lo espiritual. Esta tendencia es temporalista, sectaria, y hace una crítica radical de la Iglesia, en cuanto institución, con argumentos y métodos marxistas, como la crítica y la lucha de clases.


Notas:

(1) V. LENIN, en "Novaia Zijn", nº 28, diciembre 1905, cit. en artículo de F. OCÁRIZ. 

(2) K. MARX-F. ENGELS, Manifiesto del Partido Comunista, 1848.  

(3) "Il Giornale", Milán, 11-XI-1976.

lunes, febrero 08, 2010

Del Big Bang al Planeta Azul

8.2.2010.

 


Por: Carlota Sedeño / En Aragón Liberal
 
Los seres humanos de todos los tiempos se preguntaron por el origen del universo y por las leyes que lo mantienen. Y la vida ¿cómo surgió? ¿Sólo en el planeta Tierra?  Hace dos mil quinientos años, la cosmología clásica, nacida de Aristóteles y Ptolomeo, hablaba de esferas cristalinas concéntricas con la tierra como centro. En el siglo XV, esta idea sufrió una revolución que fue iniciada por un joven clérigo de Polonia, Nicolás Copérnico, que situó al sol en el centro y la tierra girando en torno a él.

Posteriormente, Galileo, Newton, Kepler y otros dieron un gran impulso hacia la comprensión del cosmos y, en el siglo XX, se dieron pasos decisivos. Albert Einstein y otros científicos expusieron cómo las ecuaciones de la relatividad exigían un universo dinámico.

En 1927, Georges Lemaître, sacerdote católico y astrofísico, nacido en Bélgica, expuso la teoría de la explosión  de un "átomo primigenio" o "huevo cósmico". Más adelante se le llamó "Big Bang". El premio Nobel de Medicina, Christian de Duve, alumno de Lemaître, manifiesta cómo la gran explosión del Big Bang parece ser la teoría que mejor explica el origen del universo pero lo que sigue siendo un verdadero enigma es cómo se originó la vida en nuestro planeta. El físico Paul Davies opina que estamos muy lejos de comprenderlo y, algunos científicos han llegado a afirmar que será imposible saberlo.

La búsqueda de vida en otros planetas del universo es una constante en los programas de exploración espacial desde la llegada del hombre a la luna en 1969. Lo que sí está cada vez más claro es que la aparición de vida en la tierra requirió un cúmulo de circunstancias concurrentes que exceden a nuestra imaginación.  Cees Dekker, de la Universidad de Delft (Holanda), afirma que todo lo que se observa en las leyes de la naturaleza, como la fuerza de la gravedad o las fuerzas nucleares, están ajustadas con suma precisión para permitir la vida en la tierra. Cada vez es más difícil creer que la vida se debe a un conjunto de casualidades. Se puede creer eso, claro, pero no es una explicación racional ni satisfactoria, es una simple especulación.

La explicación del origen de la vida, desde una óptica cristiana, está muy ajustada a la lógica: Dios, que está más allá del espacio y del tiempo, ajusta los parámetros para que se origine la vida. Por otra parte, la ciencia experimental nunca bastará para explicar las preguntas que más acucian al ser humano. Como tantos científicos actuales afirman, ciencia, filosofía y religión no se oponen sino que se complementan.  Charles Darwin, cuando estaba como naturalista a bordo del "Beagle" dijo: "Me impresionaron mucho ciertos hechos que parecían dar alguna luz sobre el origen de las especies, este misterio de los misterios".

Lamentablemente, sucedió después algo que desagradó al propio Darwin: se aplicaron sus teorías a las sociedades humanas dando lugar al "darwinismo social". En efecto, la noción de supervivencia del más apto aplicado a las relaciones entre  pueblos, junto a la idea de Nietzsche del "superhombre", formaron parte del sustrato ideológico del nazismo.

Es muy interesante el libro "Darwin y el diseño inteligente", del biólogo Francisco José Ayala, científico español de reconocido prestigio internacional que desempeña su trabajo en la Universidad de Irvine (EE.UU.). Aborda con firmeza y valentía un buen número de cuestiones fronterizas entre ciencia y religión. Explica la compatibilidad entre la teoría científica de la evolución y los contenidos fundamentales de la fe cristiana, contenidos que afirman la existencia de un Dios personal, creador y providente. Según explica, el cristianismo como tal, no sólo no se ha opuesto a la ciencia sino que, durante siglos, la ha fomentado. Recuerda que George Mendel, padre de la genética, era un monje cristiano. Cita a Georges Lamaître, primer científico en proponer el modelo cosmológico actualmente imperante, que también era un sacerdote católico. A lo largo de la historia ha habido muchos religiosos que han cultivado la ciencia e, igualmente, muchos científicos de renombre que han profesado una fe sincera sin problema alguno de compatibilidad entre fe y ciencia. La ciencia y el saber provienen de la religión que dio lugar a que la humanidad fuese saliendo de la superstición y de la magia.

Hay algunos científicos y filósofos que dicen que el hombre es un producto de la evolución material y fruto del azar, o sea, el "ultradarwinismo". A propósito de esto, F.J. Ayala afirma: "Podemos conceder a estos autores su derecho a pensar como quieran pero no tienen ninguna autoridad para basar su filosofía materialista en los logros de la ciencia. La ciencia no implica el materialismo metafísico." Según el principio antrópico, formulado por los físicos, el universo debió poseer características muy precisas desde el principio que hicieron posible la formación de partículas capaces de formar átomos y éstos formaron moléculas con la capacidad necesaria para construir estrellas y planetas.  Las células primitivas debieron estar ya dotadas de potencial para evolucionar en un grado de organización ascendente y…llegar al ser humano. Una evolución planeada, dirigida. creación y evolución, ambas cosas. "No somos el producto casual y sin sentido de la evolución."(Benedicto XVl)
Recientemente he visto 3 DVDs sobre "El origen del hombre", de Producciones Goya, que contienen 9 documentales, de 30 minutos cada uno, en los que intervienen algunos de los científicos citados anteriormente y otros como: Werner Arber, Nobel de Medicina; J.M. Bermúdez de Castro, co-director de Atapuerca; Christopher Zollikofer, del Instituto Antropológico de Zurich; Thomas Glick, de la Universidad de Boston; Daniel Turbon, de la Universidad de Barcelona, etc, etc. Se pueden encontrar imágenes sorprendentes y gran rigor científico.
 
Carlota Sedeño Martínez

sábado, febrero 06, 2010

El imperio de la diversión, de Jaime Nubiola

6.2.2010.

 


En Aragón Liberal

Uno de los rasgos que afectan medularmente a nuestra sociedad es el enorme auge del espectáculo, de la industria del entretenimiento y del comercio de la diversión.
 


En Fluvium.org

Uno de los rasgos que afectan medularmente a nuestra sociedad es el enorme auge del espectáculo, de la industria del entretenimiento y del comercio de la diversión. En las semanas finales del curso académico un buen número de estudiantes se distrae de la tensión de los exámenes pensando que no harán nada de provecho en el verano, y eso es precisamente lo que más les atrae después de unas semanas de atención intensa al estudio. «Desconectar» es quizás el verbo que expresa mejor esa actitud ante las vacaciones, como si en nuestra vida ordinaria fuéramos máquinas de trabajar que se desenchufan al llegar el verano. Lo importante es distraerse, divertirse, desconectar de la rutina habitual.

        Esto es así a escala europea. España se ha convertido en un destino turístico, elegido por más de 50 millones de visitantes al año. Se trata —dicen los turistas— de un país divertido, en el que es posible pasárselo muy bien y además sin hacer un enorme gasto. Toda España viene a ser en el verano como un Disney World para adultos.

        De forma creciente el imperio de la diversión no se concentra exclusivamente en el verano, sino que se extiende a las demás temporadas del año, y no afecta sólo a la infancia y la juventud sino que coloniza todos los estratos de la vida. Esto se advierte bien en los medios de comunicación, quizá particularmente en las cadenas de televisión. Los programas de televisión han dejado de tener una función formativa o informativa y se han volcado decididamente en el entretenimiento, «porque es lo que la audiencia pide» dicen los responsables.

        En este sentido, me impactó la escena de hace unas pocas semanas en la cárcel de Pamplona. Se trataba de una situación extrema como son casi siempre las que ocurren en los márgenes de la sociedad. Un preso marroquí, de 36 años, eludió los controles de seguridad en un momento de descuido y se encaramó al tejado donde permaneció durante más de dos horas hasta que, con la ayuda de un psicólogo, fue bajado a la calle en la cesta de los bomberos. Durante el tiempo que estuvo en el tejado de la cárcel amenazó con suicidarse y en una crisis de ansiedad arrancó varias tejas que echó a los viandantes y rompió la antena de televisión del centro penitenciario. «Nos has quitado la poca libertad que teníamos», le gritaban los otros internos, que le insultaban e increpaban para que se tirara del tejado a la calle y terminara así con su vida. El enfado de los presos por haberles roto la antena era notable. Aquel recluso les había dejado sin televisión, que es la forma legal que tienen de evadirse de su reclusión al menos por unas horas al día.
 
Vida de calidad, vida de diversión        

Los ciudadanos libres que encuentran en la televisión el recurso habitual para desconectar, para liberarse de sus obligaciones, para no prestar atención a los demás, me dan todavía más pena que el recluso marroquí, pues muestran que de forma voluntaria se han sometido a una esclavitud de la atención que casi siempre les vacía y empobrece. Se trata —suele decirse— de descansar, de estar entretenido, de pasar el rato, pero todos sabemos que la distracción consiste casi siempre en prestar atención a cosas tan banales, en el mejor de los casos, como el cotilleo de los famosos o la vida privada de los invitados a los programas.

        En nuestra sociedad hay un miedo atroz al aburrimiento y lo combatimos con el entretenimiento que narcotiza la capacidad de atención. Lo superficial, lo epidérmico o lo efímero son el antídoto que convierte la existencia humana en un zapping vital. Las formas preferidas de entretenimiento son ahora aquellas que producen una gratificación inmediata y que en todo caso no exigen apenas esfuerzo. De forma creciente, la calidad de una vida comienza a medirse por la cantidad de diversión que contiene. Como en realidad no se puede ser feliz —vienen a decirse— vamos a intentar al menos vivir entretenidos, vivir sin padecer la angustia de la soledad existencial.

        Esta actitud, tan difundida en nuestra sociedad, que considera a la diversión como el objetivo final de la vida, convierte a la propia vida en un videojuego banal incapaz de dotarla de sentido. Quienes invierten su tiempo y su dinero en Secondlife muestran la verdad de este diagnóstico. Viven una segunda vida en las pantallas de sus ordenadores porque no tienen una vida de primera, una vida real que merezca la pena, con sus penas y sufrimientos, pero también con sus gozos y alegrías.

viernes, febrero 05, 2010

El Cristo de las tres manos de Teruel

5.2.2010.

 


Por: Greciano / En Aragón Liberal

Iglesia del Salvador de Teruel: Data de 1196 y posee una bella torre de estilo mudéjar y del mismo nombre, compite en belleza con la de San Martín.

De esta misma época probablemente sea el Cristo de las Tres Manos, muy venerado en Teruel, formaba parte de un grupo escultórico que representaba un descendimiento, motivo por el cual está rematado con corona de gloria en lugar de corona de espinas. En torno a este Santo Cristo al menos se le atribuyen dos historias muy interesantes, una que fue rescatado de las aguas de un crecido río Guadalaviar (en los alrededores de Teruel este río se une al Alfambra y forman el Turia) y de esta forma Teruel quedó salvado de las inundaciones y otra que fue condenado a la destrucción por el dictamen de un obispo, que la consideraba falta de belleza, cosa que no ocurrió.


Este edificio como otros tantos ha sufrido los rigores de la historia, resultó hundido en 1677, la iglesia actual fue reconstruida a finales del siglo XVII, consta una nave central con capillas hornacinas, siendo el esgrafiado el decorado impreso en sus paredes.


En los últimos años se han realizado en este templo importantes obras tanto interior como exteriormente, llegándose a un acabado exquisito, tan solo me queda añadir a esta breve reseña, que merece la pena emplear un fin de semana para visitar esta Iglesia así como el resto de los templos de la capital turolense y otros lugares de interés cultural, sin olvidar la afamada Plaza del Torico. Con la apertura total de la A-23 Autovía Mudéjar, se llega en un plis-plas y podréis saborear su gastronomía así como merendar con unos "suspiros de amantes"."

Mensaje de Benedicto XVI para la Cuaresma 2010

5.2.2010.

 


En Aragón Liberal

El próximo 17 de febrero es miércoles de ceniza y comienza el periodo cuaresmal

CIUDAD DEL VATICANO, 4 FEB 2010 (VIS).-Se ha publicado hoy el Mensaje de Benedicto XVI para la Cuaresma 2010. El texto, fechado el 30 de octubre de 2009, lleva por título la siguiente afirmación de San Pablo en su Carta a los Romanos: "La justicia de Dios se ha manifestado por la fe en Jesucristo". Sigue el documento íntegro en su versión española:
 
  "Cada año, con ocasión de la Cuaresma, la Iglesia nos invita a una sincera revisión de nuestra vida a la luz de las enseñanzas evangélicas. Este año quiero proponeros algunas reflexiones sobre el vasto tema de la justicia, partiendo de la afirmación paulina: La justicia de Dios se ha manifestado por la fe en Jesucristo (cf. Rm 3,21-22).
 
  Me detengo, en primer lugar, en el significado de la palabra "justicia", que en el lenguaje común implica "dar a cada uno lo suyo" - "dare cuique suum", según la famosa expresión de Ulpiano, un jurista romano del siglo III. Sin embargo, esta clásica definición no aclara en realidad en qué consiste "lo suyo" que hay que asegurar a cada uno. Aquello de lo que el hombre tiene más necesidad no se le puede garantizar por ley. Para gozar de una existencia en plenitud, necesita algo más íntimo que se le puede conceder sólo gratuitamente: podríamos decir que el hombre vive del amor que sólo Dios, que lo ha creado a su imagen y semejanza, puede comunicarle. Los bienes materiales ciertamente son útiles y necesarios (es más, Jesús mismo se preocupó de curar a los enfermos, de dar de comer a la multitud que lo seguía y sin duda condena la indiferencia que también hoy provoca la muerte de centenares de millones de seres humanos por falta de alimentos, de agua y de medicinas), pero la justicia "distributiva" no proporciona al ser humano todo "lo suyo" que le corresponde. Este, además del pan y más que el pan, necesita a Dios. Observa san Agustín: si "la justicia es la virtud que distribuye a cada uno lo suyo... no es justicia humana la que aparta al hombre del verdadero Dios" (De Civitate Dei, XIX, 21).
 
  "El evangelista Marcos refiere las siguientes palabras de Jesús, que se sitúan en el debate de aquel tiempo sobre lo que es puro y lo que es impuro: "Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre... Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas" (Mc  7,15. 20-21). Más allá de la cuestión inmediata relativa a los alimentos, podemos ver en la reacción de los fariseos una tentación permanente del hombre: la de identificar el origen del mal en una causa exterior. Muchas de las ideologías modernas tienen, si nos fijamos bien, este presupuesto: dado que la injusticia viene "de fuera", para que reine la justicia es suficiente con eliminar las causas exteriores que impiden su puesta en práctica. Esta manera de pensar -advierte Jesús- es ingenua y miope. La injusticia, fruto del mal, no tiene raíces exclusivamente externas; tiene su origen en el corazón humano, donde se encuentra el germen de una misteriosa convivencia con el mal. Lo reconoce amargamente el salmista: "Mira, en la culpa nací, pecador me concibió mi madre" (Sal 51,7). Sí, el hombre es frágil a causa de un impulso profundo, que lo mortifica en la capacidad de entrar en comunión con el prójimo. Abierto por naturaleza al libre flujo del compartir, siente dentro de sí una extraña fuerza de gravedad que lo lleva a replegarse en sí mismo, a imponerse por encima de los demás y contra ellos: es el egoísmo, consecuencia de la culpa original. Adán y Eva, seducidos por la mentira de Satanás, aferrando el misterioso fruto en contra del mandamiento divino, sustituyeron la lógica del confiar en el Amor por la de la sospecha y la competición; la lógica del recibir, del esperar confiado los dones del Otro, por la lógica ansiosa del aferrar y del actuar por su cuenta (cf. Gn 3,1-6), experimentando como resultado un sentimiento de inquietud y de incertidumbre. ¿Cómo puede el hombre librarse de este impulso egoísta y abrirse al amor?
 
  En el corazón de la sabiduría de Israel encontramos un vínculo profundo entre la fe en el Dios que "levanta del polvo al desvalido" (Sal 113,7) y la justicia para con el prójimo. Lo expresa bien la misma palabra que en hebreo indica la virtud de la justicia: sedaqad,. En efecto, sedaqad significa, por una parte, aceptación plena de la voluntad del Dios de Israel; por otra, equidad con el prójimo (cf. Ex 20,12-17), en especial con el pobre, el forastero, el huérfano y la viuda (cf. Dt 10,18-19). Pero los dos significados están relacionados, porque dar al pobre, para el israelita, no es otra cosa que dar a Dios, que se ha apiadado de la miseria de su pueblo, lo que le debe. No es casualidad que el don de las tablas de la Ley a Moisés, en el monte Sinaí, suceda después del paso del Mar Rojo. Es decir, escuchar la Ley presupone la fe en el Dios que ha sido el primero en "escuchar el clamor" de su pueblo y "ha bajado para librarle de la mano de los egipcios" (cf. Ex 3,8). Dios está atento al grito del desdichado y como respuesta pide que se le escuche: pide justicia con el pobre (cf. Si 4,4-5.8-9), el forastero (cf. Ex 20,22), el esclavo (cf. Dt 15,12-18). Por lo tanto, para entrar en la justicia es necesario  salir de esa ilusión de autosuficiencia, del profundo estado de cerrazón, que es el origen de nuestra injusticia. En otras palabras, es necesario un "éxodo" más profundo que el que Dios obró con Moisés, una liberación del corazón, que la palabra de la Ley, por sí sola, no tiene el poder de realizar. ¿Existe, pues, esperanza de justicia para el hombre?
 
  El anuncio cristiano responde positivamente a la sed de justicia del hombre, como afirma el Apóstol Pablo en la Carta a los Romanos: "Ahora, independientemente de la ley, la justicia de Dios se ha manifestado... por la fe en Jesucristo, para todos los que creen, pues no hay diferencia alguna; todos pecaron y están privados de la gloria de Dios, y son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús, a quien exhibió Dios como instrumento de propiciación por su propia sangre, mediante la fe, para mostrar su justicia (Rm 3,21-25).
 
  ¿Cuál es, pues, la justicia de Cristo? Es, ante todo, la justicia que viene de la gracia, donde no es el hombre que repara, se cura a sí mismo y a los demás. El hecho de que la "propiciación" tenga lugar en la "sangre" de Jesús significa que no son los sacrificios del hombre los que le libran del peso de las culpas, sino el gesto del amor de Dios que se abre hasta el extremo, hasta aceptar en sí mismo la "maldición" que corresponde al hombre, a fin de transmitirle en cambio la "bendición" que corresponde a Dios (cf. Ga 3,13-14). Pero esto suscita en seguida una objeción: ¿qué justicia existe dónde el justo muere en lugar del culpable y el culpable recibe en cambio la bendición que corresponde al justo? Cada uno no recibe de este modo lo contrario de "lo suyo"? En realidad, aquí se manifiesta la justicia divina, profundamente distinta de la humana. Dios ha pagado por nosotros en su Hijo el precio del rescate, un precio verdaderamente exorbitante. Frente a la justicia de la Cruz, el hombre se puede rebelar, porque pone de manifiesto que el hombre no es un ser autárquico, sino que necesita de Otro para ser plenamente él mismo. Convertirse a Cristo, creer en el Evangelio, significa precisamente esto: salir de la ilusión de la autosuficiencia para descubrir y aceptar la propia indigencia, indigencia de los demás y de Dios, exigencia de su perdón y de su amistad.
 
  Se entiende, entonces, como la fe no es un hecho natural, cómodo, obvio: hace falta humildad para aceptar tener necesidad de Otro que me libere de lo "mío", para darme gratuitamente lo "suyo". Esto sucede especialmente en los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía. Gracias a la acción de Cristo, nosotros podemos entrar en la justicia "más grande", que es la del amor (cf. Rm 13,8-10), la justicia de quien en cualquier caso se siente siempre más deudor que acreedor, porque ha recibido más de lo que podía esperar.
 
  Precisamente por la fuerza de esta experiencia, el cristiano se ve impulsado a contribuir a la formación de sociedades justas, donde todos reciban lo necesario para vivir según su propia dignidad de hombres y donde la justicia sea vivificada por el amor.
 
  Queridos hermanos y hermanas, la Cuaresma culmina en el Triduo Pascual, en el que este año volveremos a celebrar la justicia divina, que es plenitud de caridad, de don y de salvación. Que este tiempo penitencial sea para todos los cristianos un tiempo de auténtica conversión y de intenso conocimiento del misterio de Cristo, que vino para cumplir toda justicia. Con estos sentimientos, os imparto a todos de corazón la bendición apostólica".

VIS 100204 (1560)

jueves, febrero 04, 2010

EE.UU. recupera las escuelas públicas masculinas

4.2.2010.

 


En Aragón Liberal

Estados Unidos ha abierto colegios públicos masculinos en los que los docentes son principalmente hombres que comprenden las necesidades específicas de los niños. Necesitados de mayor movimiento, más independientes y curiosos que las niñas, prefieren un mundo de acción, exploración y objetos. Así, los docentes aprovechan la energía masculina y su constante necesidad de movimiento para enseñar, en lugar de interpretarlo como un mal comportamiento que debe ser anulado.

La lucha por la emancipación de la mujer ha originado un oscurecimiento de lo masculino, cierta indiferencia, cuando no desprecio hacia los varones y una inevitable relegación de éstos a un segundo plano. Así lo asegura la investigadora de la Universidad William and Mary (Virginia), María Calvo, en un trabajo publicado por la Asociación Europea de Educación Diferenciada (EASSE).

Calvo explica que el claro predominio de las mujeres entre los docentes, los estilos de aprendizaje y las formas de comportamiento, de afectividad y de socialización -que han experimentado una profunda feminización- están provocando frustración, incomprensión hacia las peculiaridades masculinas y fracaso escolar por parte de los varones.

Muchos chicos declaran abiertamente que estudiar no sirve de nada; protagonizan las tasas más altas de fracaso escolar, carecen de iniciativa y deseos de mejorar y se observan en ellos cifras preocupantes de depresiones.

En Secundaria, los niños están más de 10 puntos por debajo de las niñas en comprensión lectora y 24 puntos atrás en escritura, según datos del Departamento de Educación de Estados Unidos. Sólo en el área de Washington D.C., los chicos suspenden tres veces más que las chicas en Primaria. Además, protagonizan más casos de acoso escolar y episodios de violencia y consumo de drogas.

Pero hay más: mientras las niñas tienen muy claro a qué quieren dedicarse en la vida desde muy pequeñas, los niños están "desnortados, sin ambiciones ni ilusiones claras que determinen su comportamiento durante la juventud", explica la investigadora Judy Kleinfeld, de la Universidad de Alaska.

Gusto por el riesgo

Esta situación ha llevado a no pocas instituciones y grupos de trabajo del mundo educativo a preguntarse por qué. Fruto de esta cuestión han nacido publicaciones como Un hombre joven o El propósito de los chicos, de Michael Gurian, en las que se señala que "con la imposición del ideal femenino en las aulas se depositan en los chicos expectativas que nunca se verán cumplidas".

Porque los varones tienen otra forma de aprender y otra forma de comportarse; con frecuencia se quejan de ser castigados "por comportarse como chicos" y viven su etapa escolar desajustados.

Además de la feminización de las aulas, hay dos factores más que influyen negativamente en los niños. El primero, la dejación de funciones de los padres cuando los niños terminan el instituto. "A esta edad, las chicas tienen claras sus ambiciones, pero no los varones, que se encuentran en un nuevo mundo, con gente de su misma edad marcando sus pautas de comportamiento", explica el doctor Michael Kimmel, sociólogo de la Universidad de Nueva York.

El segundo motivo, la ausencia de modelos masculinos con los que identificarse en las familias sin padres, monoparentales o en las que los progenitores están todo el día fuera del hogar. Gurian ya anuncia en sus libros la sólida relación estadística existente entre los niños problemáticos y violentos y los niños 'sin padre'.

Para tratar de solucionar este problema, los expertos intentan desentrañar primero las especificidades del cerebro masculino. Una magnífica comprensión de las relaciones espaciales, competitividad, razonamiento abstracto, gusto por el riesgo, valentía, capacidad de abstracción y de focalizar la atención en un único asunto son características eminentemente propias del varón. Por contra, las niñas leen más deprisa, controlan mejor las emociones y prefieren el trabajo en equipo y la expresión de sentimientos.

No parece extraño pensar que, a diferentes comportamientos, convienen diferentes modelos educativos. Los niños necesitan más autoridad, disciplina, retos y tensión que las niñas, que tienden a sentirse más cómodas cuando las aulas son centros de socialización y de expresión. Lo mismo pasa con la lectura: mientras que al 72% de las niñas de 5 a 8 años les gusta leer, sólo el 63% de los niños encuentra placer en los libros.

Ante esta situación, Estados Unidos ha abierto colegios públicos masculinos en los que los docentes son principalmente hombres que comprenden las necesidades específicas de los niños. Necesitados de mayor movimiento, más independientes y curiosos que las niñas, prefieren un mundo de acción, exploración y objetos. Así, los docentes aprovechan la energía masculina y su constante necesidad de movimiento para enseñar, en lugar de interpretarlo como un mal comportamiento que debe ser anulado.

Estupendo artículo que aparece íntegro en el número 262 del semanario Alba

miércoles, febrero 03, 2010

¿Adivinar el futuro?

3.2.2010.

 


Por: Fernando Pascual /en Aragón Liberal

La astrología y el deseo de adivinar el futuro siguen de moda hoy como hace muchos siglos. Hechiceros, brujos, adivinos y expertos en horóscopos quieren descubrir y revelar el futuro, lo que va a pasar.

La astrología y el deseo de adivinar el futuro siguen de moda hoy como hace muchos siglos. Hechiceros, brujos, adivinos y expertos en horóscopos quieren descubrir y revelar el futuro, lo que va a pasar.

 

Quizá nos pueda ayudar, para colocar en su sitio una moda que inquieta a muchos, recordar algunas críticas que "los antiguos" hicieron contra la presunción de saber qué va a ocurrir mañana, pasado mañana o en un mes, críticas que valen a pesar del paso de los años.

 

Un autor de los primeros siglos de nuestra era recordaba que los hechos futuros pueden ser de tres tipos: o determinados, o casuales, o libres. Los determinados dependen de leyes necesarias y fijas de la naturaleza, y en cuanto "determinados" ocurrirán de un modo estable, constante, a no ser que pase algo extraordinario.

 

Los eclipses de sol o de luna, las tormentas solares, o el movimiento de las placas de la tierra siguen unas leyes inmutables. Para estudiar fenómenos de este tipo no sirve para nada el leer las "cartas": hay que dedicarse a fondo a las ciencias naturales... Si queremos que un terremoto no destruya nuestra casa lo que importa es la arquitectura y un buen sistema de previsiones sísmicas, no mirar si los que son de Sagitario "mañana pueden sufrir grandes contratiempos"...

 

Los acontecimientos casuales, por su parte, se explican desde la conexión imprevista de fenómenos necesarios o de decisiones libres. Si yo como un plato con mucho picante, aumenta mi sed. Si en mi casa no hay agua, tengo que salir al pozo para tomarla. Si en ese momento cae un rayo y me cambia de lado la línea divisoria de mi pelo... Esto es algo "casual", debido en parte a mi libertad (el tomar picante en exceso), y en parte a las leyes físicas (los rayos provocados por las combinaciones físicas entre el aire y las cargas eléctricas).

 

Además, lo más propio de la casualidad es que no se puede prever: no tiene sentido "adivinarlo"... Por lo mismo, en vez de preguntar a un brujo si hoy puedo salir de casa, lo mejor será mirar el cielo, consultar el parte meteorológico (si es que logra ser preciso), y tener cuidado con los condimentos que tengo en la cocina. Luego, si el rayo cae, "por casualidad", dentro de mi casa, es otro cantar...

 

Los actos libres dependen de nosotros, de lo que decidimos y escogemos después de un momento breve o largo de reflexión. ¿Me pongo este traje o el otro? ¿Salgo al trabajo a las 6.30 de la mañana o media hora antes para evitar el tráfico? ¿Pongo más sal a la comida o menos? ¿El padre le dice al hijo que estudie más o se calla para evitar una nueva discusión en familia?

 

Por desgracia, es aquí donde más se recurre a los horóscopos y a los adivinos, pues todos querríamos tomar la decisión justa, esa que evitaría un accidente ("si hubiese salido antes..."), o un fracaso familiar ("si hubiese hecho caso a mi padre..."), o un dolor de estómago ("no pensé que comer tanto pescado me iba a sentar mal"...).

 

Sin embargo, precisamente los actos libres, por depender exclusivamente de nosotros, no pueden ser determinados por un hechicero, pues, de lo contrario, no dependerían de mí, no serían libres. No tomaré pescado porque lo dicen las estrellas, sino porque decido hacerlo o no hacerlo. El "destino" no ha determinado en nada mi libertad: soy yo el que escojo, aunque luego acuse a un brujo por haberme dicho esto o lo otro. Soy yo el responsable de haberle hecho caso al adivino...

 

Por eso siempre es bueno recordar dos verdades fundamentales, tan sencillas que parece extraño que nos olvidemos de ellas. La primera: por más vueltas que demos para reflexionar y acertar a la hora de escoger lo que vamos a hacer, no vamos a tener casi nunca todos los elementos de juicio en nuestro poder. Siempre hay cosas que no comprendemos bien, o que no es posible prever, aunque recurramos a una sesión espiritística (con el riesgo, además, de encontrarse en esa sesión con hechos diabólicos).

 

La segunda: incluso una decisión tomada después de un buen rato de reflexión y estudio, después de haber tenido en cuenta muchos elementos y circunstancias, después de haber consultado a expertos y personas muy maduras, no puede escapar a lo imprevisible de la vida, porque no podemos dominar lo que los otros deciden ni tampoco están bajo nuestro poder muchos fenómenos naturales que no acabamos de conocer a fondo.

 

Es muy fácil culpar a la "mala suerte" o a las estrellas de que precisamente en este cruce haya chocado con un señor borracho, pero así no somos ni justos ni honestos. La verdad es que choqué porque salí de casa a las 6.00 de la mañana y porque el otro conductor se tomó, en ayunas, un vaso de cerveza. Las estrellas, pobrecitas, no tienen ninguna culpa...

 

Estas líneas no quieren ser una declaración de guerra contra los expertos en horóscopos ni contra tantos lectores de la mano que han escogido, por necesidad o por gusto, la vocación de "adivinos". En un mundo democrático y libre cada quien puede hacer lo que quiera, mientras no dañe ni engañe a los demás. Pero convendría preguntarnos si no hay engaños entre algunos adivinos, y si no nos estamos perjudicando a nosotros mismos cuando buscamos controlar lo que no puede ser encerrado en una jaula: el futuro.

 

Es mejor seguir el trabajo sencillo y callado de tantos miles de científicos que, con paciencia infinita, quieren comprender un poco más cómo funcionan los volcanes o cómo vencer epidemias como la malaria o el SIDA. Es mejor levantarse con una buena dosis de optimismo y aceptar lo que la casualidad nos pueda ofrecer a lo largo del día. Es mejor pensar bien lo que vamos a hacer, aunque a veces alguna consecuencia de nuestra decisión al final se haya escapado completamente a nuestras previsiones.

 

Además, ¿no sería hora de decir, con franqueza, que el dinero que millones de personas dejan en las mesas de adivinación podría ser mucho más útil si se invirtiese para abrir pozos de agua en África, para curar a enfermos en Asia o para dar, en la propia ciudad, ayuda a las familias de esos niños, a veces flacos y cansados, que nos "venden", todas las mañanas, unos chicles en las esquinas o en las gasolineras?

 

Desde luego, existe Dios. Y Dios puede separar el agua del Mar Rojo, resucitar a un muerto o multiplicar los panes contra todas las previsiones de los ministros de agricultura. Pero Dios también es libre. Sus decisiones no están sometidas a ningún horóscopo. Es bueno esperar que nos pueda ayudar (y sabemos que nos quiere ayudar), pero es justo hacer todo lo que está por nuestra parte para que el mundo vaya un poco mejor.

 

Lo demás, Dios sabe por qué ocurre todo, ocurrirá según las leyes de la física, de la química, de la casualidad y de la libertad. Con perdón de todos los adivinos de la Tierra.

martes, febrero 02, 2010

La nueva década de un mundo envejecido

2.2.2010.

 


Llegó el invierno demográfico al viejo mundo

En Aragón Liberal

Población mundial: del auge al fracaso

Por el padre John Flynn, L. C.

ROMA, domingo 31 de enero de 2010 (ZENIT.org). – Las Naciones Unidas acaban de publicar un informe llamando la atención sobre los problemas planteados por el rápido envejecimiento de la población mundial. Poco después del comienzo del nuevo año el Departamento de Asuntos Económicos publicaba su informe "Envejecimiento de la Población Mundial 2009".

Entre los principales resultados del informe estaban los siguientes puntos:

- El envejecimiento actual no tiene paralelos en la historia. Se espera que, para el año 2045, el número de personas con más de 60 años supere a los de menos de 15. En las regiones más desarrolladas, donde ha avanzado el envejecimiento, esta situación ya se alcanzó en 1998.

- La edad media actual del mundo es de 28 años, con la mitad de la población mundial por encima de esa edad y la otra mitad por debajo. A mitad de siglo la edad media llegará probablemente a los 38 años.

- El envejecimiento está afectado a casi todos los países del mundo, debido a los descensos de fertilidad que se han hecho casi universales.

- El envejecimiento tendrá un fuerte impacto en el desarrollo económico, en el ahorro, la inversión, los mercados laborales y los impuestos.

- Dado que la tasa de fertilidad es poco probable que vuelva a subir hasta los altos niveles del pasado, el envejecimiento es irreversible y las poblaciones jóvenes que hasta hace poco eran algo común es probable que sean algo raro en el siglo XXI.

- A nivel mundial hay actualmente cerca de 9 personas en edad de trabajar que soportan a cada persona anciana. En el 2050 descenderá hasta cuatro, con consecuencias graves para el sistema de pensiones. Además, la actual crisis económica ha traído consigo un grave descenso del valor de los fondos de pensiones.

Más informes

Otros informes recientes de la ONU examinaban más en profundidad los problemas demográficos de cada país. Un estudio del Programa de Desarrollo de Naciones Unidas (UNDP), titulado "Rusia frente a los Desafíos Demográficos", pronosticaba que la población seguirá reduciéndose, informaba el 4 de octubre Associated Press.

Según el UNDP, la población de Rusia ha bajado 6,6 millones desde 1993, a pesar de la afluencia de millones de inmigrantes. El informe advertía que para el 2025 el país podría perder otros 11 millones de personas.

Las consecuencias de tal reducción serán, según el UNDP, el recorte de la mano de obra, el envejecimiento de la población y menor crecimiento económico. En el 2007 Rusia era el noveno país del mundo en población. Para el 2050, estiman las Naciones Unidas, Rusia ocupará el puesto 15 de la lista, con una población menor que Vietnam.

Rusia necesita recortar su alto índice de abortos para ayudar a dar la vuelta a la tendencia del descenso de población, advertía la ministra de sanidad del país, Tatyana Golikova, informaba el 18 de enero Agence France Presse.

Golikova declaró que en el 2008 hubo 1.714.000 nacimientos en Rusia y 1.234.000 abortos.

En su análisis del 20 de enero de las declaraciones de Golikova, el think tank Strarfor observaba que, aunque la ministra anunciaba que en el 2009 se había dado un ligero aumento en la población de Rusia de entre 15.000 a 25.000 habitantes, esto se debe a causas extraordinarias.

El aumento se debe, en parte, a los incentivos del gobierno para que los rusos vuelvan a su país desde las antiguas repúblicas soviéticas. Después de varios años de este flujo migratorio el número de rusos que quieren volver al hogar ha disminuido con rapidez.

Otra causa del ligero aumento de población es que el grupo de edad de entre 20 y 29 años suma cerca del 17% de la población y ha demostrado ser bastante fértil. La generación nacida tras esta es, sin embargo, mucho más pequeña.

Falta de chicas

Aunque Vietnam puede que esté a punto de superar a Rusia, el exceso de abortos está causando graves problemas, según un informe de agosto de 2009 publicado por el Fondo de Población de Naciones Unidas.

El estudio, "Cambio Reciente en la Ratio de Sexos al nacer en Vietnam. Una Revisión de Evidencias", examinaba el problema de los abortos selectivos por sexos. Normalmente la proporción de los sexos al nacer (definida como el número de niños nacidos por cada cien niñas), está entre 104-106/100.

Esta proporción, explicaba el informe, es, en circunstancias normales, bastante estable a lo largo del tiempo, en regiones geográficas, continentes, países y razas.

Los estudios sobre el porcentaje de sexos han revelado un cambio inesperado, que comenzó en los años ochenta en algunos países asiáticos, comentaba la agencia de Naciones Unidas. "Junto a un descenso de la fertilidad, esta tendencia se está extendiendo por los países con grandes poblaciones de Asia, amenazando así la estabilidad demográfica mundial", continuaba el informe.

En Vietnam, la proporción de sexos al nacer para el año 2006 fue de 110/100 varones nacidos. Según el informe, el cambio en la proporción comenzó hace cerca de una década y actualmente está aumentando en casi un punto al año. A este ritmo actual de cambio la proporción puede superar la marca de 115 en unos años, establecía el informe.

Si esta tendencia no se invierte el Fondo de Población advertía que en el 2025 Vietnam tendrá un excedente significativo de población masculina que tendrá muchas consecuencias para el país, y afectará especialmente a la población adulta joven en el momento de casarse.

El fenómeno de "falta de chicas" es bien conocido en China y un informe reciente confirmaba la práctica de abortos selectivos por sexo. La Academia China de Ciencias Sociales ha afirmado que habrá más de 24 millones de hombres que no podrán encontrar una esposa a finales de esta década, informaba el 12 de enero el periódico Times.

El reportaje culpaba del desequilibrio a la política china de un único hijo. El uso de escáneres ultrasónicos ha permitido el aborto de fetos femeninos al intentar los padres asegurarse que el único hijo que se les permite será capaz de mantener la línea familiar.

"El problema es más grave en las zonas rurales debido a la falta de un sistema de seguridad social", indicaba el reportaje. "Los campesinos ancianos tienen que confiarse a su descendencia", observaba.

Según el artículo del Times, un experto chino afirma que en el 2006 la proporción se sexos había subido hasta 120/100.

Descenso

En el vecino Japón la población sigue descendiendo. Un editorial publicado el 15 de enero en el periódico Japan Times indicaba que las estimaciones del ministerio de sanidad, trabajo y bienestar de la nación calculan que en el 2009 la población descendió en 75.000 personas, que es 1,46 veces el descenso del 2008.

Según el editorial el Instituto Nacional de Investigación de Población y Seguridad Social estima que la población de Japón bajará de los 100 millones en el 2046, y por debajo de los 90 millones en el 2055. La población actual se estima cercana a los 128 millones.

Mientras surgen cada vez más elementos de preocupación por el envejecimiento de población del mundo y el descenso de los índices de fertilidad, el gobierno de Estados Unidos está en medio de un dramático aumento de su apoyo a la anticoncepción y al aborto por todo el mundo.

El 8 de enero la Secretaria de Estado Hillary Clinton dio un discurso con ocasión del décimo quinto aniversario de la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo que tuvo lugar en 1994 en el El Cairo, Egipto.

En su intervención celebraba una de las primeras actuaciones del Presidente Barack Obama en su cargo, que fue levantar las restricciones a la financiación del gobierno federal a las organizaciones que financia el aborto en los países en desarrollo. También observaba que los Estados Unidos han renovado su financiación al Fondo de Población de Naciones Unidas y que el Congreso ha destinado más de 648 millones de dólares en ayuda exterior a programas de planificación familiar y salud reproductiva por todo el mundo.

Prometió incluso más ayudas en el futuro para lograr que se ofrezcan anticonceptivos a todas las mujeres de cada nación. Y también destacó la labor que el gobierno de Estados Unidos está llevando a cabo asociado a la International Planned Parenthood Federation, conocida por llevar a cabo millones de abortos cada año.

El entusiasmo actual por hacer todo lo posible por hacer bajar la fertilidad está movido claramente por motivos ideológicos que no se paran a considerar las consecuencias económicas de unas políticas que han llevado a un rápido descenso de la fertilidad en un corto periodo de tiempo.

[Traducción del inglés por Justo Amado]

lunes, febrero 01, 2010

Datos del Intituto de Política Familiar sobre las personas mayores en España

1.2.2010.

 


En Aragón Liberal

La política antinatalista y antifamiliar que ha provocado que en los últimos años España ha perdido 3 millones de niños de menos de 14 años es una de las razones fundamentales del invierno demográfico y del riesgo de la quiebra del Estado de Bienestar.

Las personas mayores cuando tienen alguna discapacidad prefieren vivir con sus hijos -que se convierten en los grandes baluartes- a pesar de la falta de ayudas a las familias para el cuidado de los ancianos. 7 de cada 10 personas mayores viven en matrimonio o en hogares multigeneracionales.

Hay en España 2,2 millones de personas mayores con discapacidad o limitaciones que les impide realizar tareas básicas diarias y que reciben ayudas (asistenciales y/o técnicas) en muchos casos insuficientes e insatisfactorias.

"No se puede hacer una política antinatalista y antifamiliar y después asustarse de los efectos perniciosos que provoca a la sociedad" ha señalado Eduardo Hertfelder, presidente del Instituto de Política Familiar. No es aumentando la edad de jubilación como se resuelve el problema de la financiación de las pensiones sino aumentando la natalidad a través de una política integral de apoyo a la familia".

España está inmerso en un invierno demográfico sin precedentes en la que ya hay 1 millón más personas mayores que jóvenes de manera que por cada 10 jóvenes hay 12 personas mayores. Y es que en los últimos 28 años España ha perdido 3 millones de niños de menos de 14 años (2.902.257) lo que representa una reducción del 30%. De hecho la población de menos de 14 años apenas llega ya al 14,5% de la población mientras la población mayor de 65 años representa ya el 16,67% de la población.

Las administraciones deben hacer una apuesta decidida por la familia, concluye Hertfelder, ya que por una parte, y gracias a ella y sus hijos, se asegura el futuro de la sociedad y del Estado de Bienestar. Pero por otra parte, ya que sirve de colchón de amortiguamiento ante situaciones de envejecimiento poblacional, crisis económica o riesgo de marginación.

El hecho de que las personas mayores cuando tienen alguna discapacidad prefieren vivir con sus hijos a pesar de la falta de ayudas a las familias para el cuidado de los ancianos y que por el contrario, el que 7 de cada 10 personas mayores, además de aportar sabiduría y experiencia a la sociedad, cuidan a sus nietos ya sea diariamente o varias veces a la semana, denotan la importancia de las funciones sociales que cumple la familia.

Algunas conclusiones analizadas por el IPF y contenidas en el Boletín Nº 7 ("Las Personas Mayores en España) que se adjunta completo son:

I. INVIERNO DEMOGRÁFICO

1. ESPAÑA ES UNA POBLACIÓN ENVEJECIDA

En España ya hay 1 millón más personas mayores que jóvenes de manera que por cada 10 jóvenes hay 12 personas mayores. En la actualidad, uno de cada 6 españoles -casi 8 millones de personas- es mayor de 65 años que representa el 17% de la población total española. Así mismo, los mayores de 80 años ya superan los 2,2 millones de personas.

2. …CON ALGUNAS COMUNIDADES DONDE 1 DE CADA 4 PERSONAS ES MAYOR DE 65 AÑOS… Andalucía, Cataluña, Madrid y Valencia son las 4 comunidades con mayor cantidad de población mayor con 4,2 millones de personas mayores de 65 años.

Pero son Castilla y León, Galicia y Asturias las comunidades con mayor porcentaje de población mayor, en donde hay 1 persona mayor de 65 años por cada 4 personas.

3. …Y DONDE LA PIRAMIDE POBLACIONAL SE HABRÁ INVERTIDO TOTALMENTE EN EL 2050.

En el 2050, 1 de cada 3 españoles (el 32,1% de la población) tendrá más de 65 años y se superarán los 17 millones de personas. Por otra parte, 1 de cada 9 españoles será mayor de 80 años y alcanzarán los 6 millones de personas.

En ese año, la pirámide de edad se habrá invertido y se producirá una gran desproporción con respecto a la población activa, de manera que por cada 3 mayores de 65 años sólo habrá 5 personas en edad activa, lo que pondrá en riesgo el sistema público de pensiones y protección social.

4. …Y SE PRODUCIRÁ UNA GRAN DESPROPORCIÓN CON RESPECTO A LA POBLACIÓN ACTIVA QUE PONDRÁ EN RIESGO EL SISTEMA PÚBLICO DE PENSIONES Y PROTECCIÓN SOCIAL.

Mientras en el 2010 hay 4 personas en edad activa por cada mayor de 65 años en España y estando mejor que la media de la UE, en el año 2050, por cada 3 personas mayores de 65 años tan sólo habrá 5 personas en edad activa.

Esto supondrá un crecimiento del ratio de dependencia en un 141% en 40 años y haciendo que España supere a la UE27.

II. LA IMPORTANCIA DE LA FAMILIA EN LAS PERSONAS MAYORES

5. 7 DE CADA 10 PERSONAS MAYORES VIVEN EN MATRIMONIO O EN HOGARES MULTIGENERACIONALES

El 72% de las personas mayores (5,6 millones) viven o en matrimonio (3,1 millones y 4 de cada 10 matrimonios) o en hogares multigeneracionales (2,1 millones y 3 de cada 10 personas mayores).

6. LAS PERSONAS MAYORES PREFIEREN VIVIR CON SUS HIJOS…

Las personas mayores a medida que avanza su edad prefieren vivir con sus hijos, de tal forma que, a partir de los 85 años, 1 de cada 2 personas mayores (el 48,4%) viven en hogares multigeneracionales (ya sea en su casa o en la de sus hijos)

…QUE SE CONVIERTEN EN LOS GRANDES BALUARTES CUANDO TIENEN ALGUNA DISCAPACIDAD…

Las personas mayores cuando necesitan algún tipo de ayuda acuden a vivir a casa de sus hijos, de manera que el 65% de las personas mayores que viven con sus hijos necesitan algún tipo de ayuda. Así mismo, el 29,1% de las personas mayores que viven en su propia casa con sus hijos necesitan algún tipo de ayuda.

…Y A PESAR DE LA FALTA DE AYUDAS A LAS FAMILIAS PARA EL CUIDADO DE LOS ANCIANOS

Las ayudas a las familias en general y para el cuidado de los ancianos en particular son mínimas cuando no inexistentes, y solo para condiciones de renta muy pequeñas. No existe en España una política enfocada a ayudar a las familias a cuidar a sus mayores cuando lo necesiten.

LAS PERSONAS MAYORES, POR SU PARTE, NO SOLO APORTAN GRAN EXPERIENCIA Y SABIDURÍA A LA SOCIEDAD SINO QUE AYUDAN, ADEMÁS, A LA FAMILIA DE SUS HIJOS.

El 76,8% de los españoles considera, y con mucha diferencia, que las personas mayores aportan sabiduría y experiencia a la sociedad. Pero además de la experiencia, 7 de cada 10 personas mayores cuidan, entre otras cosas, a sus nietos ya sea diariamente o varias veces a la semana.

III. LAS AYUDAS A LA DEPENDENCIA: INSUFICIENTES E INSATISFACTORIAS

7. HAY 2,2 MILLONES DE PERSONAS MAYORES CON DISCAPACIDAD O LIMITACIONES…

Más de 2,2 millones de personas mayores de 65 años (2.227.000) tienen algún tipo de discapacidad, lo que representa que 28,6% de la población mayor. Esto significa que 1 de cada 4 personas mayor tiene alguna discapacidad.

Este dato es más significativo aún en la población mayor de 85 años ya que el 54,9% de dicha población, es decir 1 de cada 2 personas, tiene algún tipo de discapacidad.

…QUE LES IMPIDE REALIZAR TAREAS BÁSICAS DIARIAS.

La discapacidad o limitaciones de las personas mayores les impide realizar tareas básicas en la vida cotidiana tales como la movilidad en general (72%), la vida doméstica (62%), el autocuidado (58%), lavarse (43%), vestirse 32%), etc.

8. LAS AYUDAS QUE RECIBEN (ASISTENCIALES Y/O TÉCNICAS) SON INSUFICIENTES E INSATISFACTORIAS

Dos de cada 3 personas mayores con discapacidad o no reciben ninguna ayuda (18%) o la reciben parcialmente (41%). Esto provoca que más de 400.000 personas mayores con discapacidad no reciben ninguna ayuda, y son más de 900.000 personas las que reciben ayuda de manera parcial, afectando a un total de más de 1,3 millones de personas mayores.

Por otra parte, 1 de cada 6 personas (16%) recibe tan solo de 1 a 2 horas de cuidado al día y 1 de cada 3 personas (30% ) reciben menos de 5 horas de cuidado al día. 1 de cada 3 personas mayores o no recibe ninguna ayuda técnica (14%) o las considera insuficientes (17%).

IV. EL GASTO EN LAS PRESTACIONES A LA VEJEZ ESTÁ MUY ALEJADA DE LA MEDIA EUROPEA

9. EL AUMENTO DEL NÚMERO DE LAS PENSIONES Y DE SUS CUANTÍAS HA SIDO IMPORTANTE…

Mientras el número de pensiones ha crecido de forma importante y constante con un millón de pensionistas más (961.950) en sólo 10 años lo que significa un 13% más en este periodo, así mismo, las pensiones han tenido un incremento del 68% en los últimos 10 años que ha sido superior a la inflación.

…AUNQUE ESTÁ TODAVÍA MUY ALEJADO DE LA MEDIA EUROPEA...

El gasto en las prestaciones a la vejez (7,9% PIB) está muy alejado de la media europea (11% PIB) que incluso ha decrecido en los últimos 10 años mientras que en la UE15 ha aumentado.

España destina 9.837€ persona/año a las personas mayores, y es, junto a Portugal, el país de la UE15 que menos destina a la vejez, así como uno de los países de la UE que menos esfuerzo realiza.

10. …LO QUE ESTÁ PROVOCANDO UN RIESGO DE POBREZA EVIDENTE.

El riesgo de pobreza se ha duplicado en España en los últimos 10 años alcanzado el 28% de la población mayor y siendo, además muy superior al de la media de la UE.