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miércoles, noviembre 19, 2008

SAN PABLO: JUSTIFICADOS POR EL AMOR DE CRISTO


CIUDAD DEL VATICANO, 19 NOV 2008 (VIS).-Benedicto XVI, prosiguiendo la catequesis sobre San Pablo, abordó en la audiencia general de hoy la "cuestión de la justificación, de cómo el ser humano se hace verdaderamente justo a los ojos de Dios", que ocupa un lugar central en las cartas del apóstol.



Cuando Pablo encontró al Resucitado en el camino de Damasco, dijo el Papa, era "un hombre realizado, irreprensible en cuanto a la justicia derivada de la Ley", pero "la iluminación de Damasco cambió radicalmente su existencia y empezó a considerar los méritos adquiridos durante una carrera religiosa integérrima como "basura" frente al conocimiento sublime de Jesús".



La epístola a los Filipenses "ofrece un testimonio conmovedor del paso de Pablo de una justicia fundada en la Ley y adquirida observando los preceptos, a una justicia basada en la fe en Cristo. (...) Gracias a la experiencia personal de la relación con Jesucristo Pablo sitúa en el centro de su Evangelio una oposición irreducible entre dos caminos alternativos hacia la justicia: uno construido sobre las obras de la Ley, otro fundado en la gracia de la fe en Cristo".



Así, el apóstol reafirma a los cristianos de Roma: "Todos pecaron y están privados de la gloria de Dios, y son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que está en Cristo Jesús y añade: "Afirmamos que el hombre es justificado por la fe con independencia de las obras de la Ley".



"Lutero -dijo el Papa- tradujo justificados por la sola fe, (...) pero antes de retomar este punto es necesario aclarar qué es la Ley de la que hemos sido liberados y cuáles son las obras de la Ley que no nos justifican. Ya en la comunidad de Corinto existía la opinión, que vuelve siempre en la historia, de que sería la ley moral y por tanto la libertad cristiana sería la liberación de la ética. (...) Es obvio que esta interpretación es errada. La libertad cristiana no es libertinaje, (...) no es liberación de hacer el bien".



"Para San Pablo, como para sus contemporáneos, la palabra Ley significaba la Torah en su totalidad, (...) que implica (...) un conjunto de comportamientos que van del núcleo ético a las observaciones rituales, (...) que determinan sustancialmente la identidad del hombre justo, (...) como la circuncisión, las reglas alimentarias, etc... Todos estos preceptos que expresan una identidad social, cultural y religiosa eran muy importantes" en la época helenística donde imperaba el politeísmo, e Israel se sentía amenazado en su identidad y temía "la pérdida de la fe en el único Dios y en sus promesas".



Por eso, era necesario crear contra la presión helenista, "un muro que protegiera la preciosa herencia de la fe y el muro eran los preceptos judaicos". Ahora bien, Pablo tras su encuentro con Cristo comprendió que "el Dios de Israel, el único Dios verdadero se convierte en el Dios de todos los pueblos, y el muro (...) entre Israel y los paganos ya no es necesario. Cristo nos protege del politeísmo y sus desviaciones. Cristo nos garantiza nuestra identidad en la diversidad de las culturas (...) y es El quien nos hace justos".



"Ser justo significa sencillamente estar con Cristo, ser en Cristo y con esto basta. Los otros preceptos ya no son necesarios. (...) Por eso, la palabra "sola fide" de Lutero es verdadera si no se opone a la caridad, al amor. La fe es mirar a Cristo, confiarse a Cristo (...) conformarse a Cristo. Y la forma, la vida de Cristo es el amor. (...) Somos justos en la comunión con Cristo que es el amor. (...) La justicia se decide en la caridad".



"Podemos pedir solamente al Señor -concluyó el Papa- que nos ayude a creer, (...) así creer se vuelve vida, unidad con Cristo, transformación, (...) y transformados en el amor a Dios y al prójimo seremos realmente justos a los ojos de Dios".

AG/PABLO:JUSTIFICACION/... VIS 081119 (600)

miércoles, noviembre 05, 2008

San Pablo: "Si Cristo no hubiera resucitado..." Resurrección clave de la Esperanza


AUDIENCIA GENERAL: RESURRECION, CLAVE CRISTOLOGIA PAULINA



CIUDAD DEL VATICANO, 5 NOV 2008 (VIS).-Benedicto XVI, prosiguiendo su catequesis sobre la cristología paulina, abordó hoy la importancia que el apóstol concede a la resurrección de Jesús, como se evidencia ya en la primera carta a los Corintios.



El Papa explicó que en la resurrección "estriba la solución del problema que plantea el drama de la Cruz. Sólo con la Cruz no se puede explicar la fe cristiana. (...) El misterio pascual consiste en que el Crucificado “resucitó al tercer día según las Escrituras". (...) Este es el punto clave de la cristología paulina: todo gira en torno a este centro de gravedad. (...) Aquel que fue crucificado y que manifestó así el inmenso amor de Dios por el ser humano, ha resucitado y vive en medio de nosotros".



Pero "la originalidad de la cristología de San Pablo no se contradice nunca con la fidelidad a la tradición. El anuncio de los apóstoles antecede siempre a la elaboración personal de San Pablo. Todos sus argumentos parten de la tradición común en la que se expresa la fe de todas las Iglesias, que son una sola Iglesia. De ese modo, San Pablo, nos da también el modelo válido en todas las épocas de cómo se elabora la teología. (...) El teólogo, el predicador, no crea nuevas visiones del mundo o de la vida, está al servicio de la verdad transmitida, del hecho real de Cristo, de la Cruz, de la Resurrección. Su tarea es ayudarnos a entender hoy, detrás de las viejas palabras, la realidad del Dios con nosotros y así la realidad de la verdadera vida".



"San Pablo, anunciando la resurrección -prosiguió el Santo Padre-, no se preocupa de presentar una exposición doctrinal orgánica: (...) afronta el tema respondiendo a las dudas y preguntas concretas que le planteaban los fieles. (...) Se concentra en lo esencial: hemos sido "justificados", es decir convertidos en justos, salvados por Cristo, muerto y resucitado por nosotros. Se nota, ante todo, el hecho de la resurrección, sin el cual la vida cristiana sería absurda".



"En la mañana de Pascua sucedió algo extraordinario y, al mismo tiempo, concreto, caracterizado por signos precisos, registrados por numerosos testigos. Para Pablo, como para otros autores del Nuevo Testamento, la resurrección está ligada al testimonio de los que tuvieron una experiencia directa del Resucitado. Se trata de ver y oír no sólo con los ojos o los sentidos, sino también con una luz interior que lleva a reconocer lo que los sentidos atestiguan como dato objetivo. Pablo da (...) una importancia fundamental al tema de las apariciones, que son condición para la fe en el Resucitado. (...) Así se forma la cadena de la tradición que, a través del testimonio de los apóstoles y de los primeros discípulos, llega a las generaciones sucesivas y a nosotros".



"El primer modo de expresar este testimonio -señaló el pontífice- es predicar la resurrección de Cristo como síntesis del anuncio evangélico y como punto culminante de un itinerario salvífico". Para el apóstol, la resurrección asume una importancia capital porque "consiste en que Jesús, elevado de la humildad de su existencia terrena, es constituido Hijo de Dios con potencia".



"Con la resurrección comienza el anuncio del Evangelio de Cristo a todos los pueblos, comienza el Reino de Cristo, (...) cuyo poder no es otro que el de la verdad y el amor. La resurrección desvela definitivamente cuál es la identidad (...) y la dignidad incomparable y altísima del Crucificado: Jesús es Dios, (...) Señor de los muertos y de los vivos".



"La teología de la Cruz no es una teoría -subrayó Benedicto XVI-; es la realidad de la vida cristiana. Vivir en la fe en Jesucristo, vivir la verdad y el amor implica renuncias diarias, implica sufrimientos. El cristianismo no es el camino de la comodidad; es, al contrario, una escalada exigente, iluminada por la luz de Cristo y por su gran esperanza".



"En síntesis, (...) el verdadero creyente se salva profesando con la boca que Jesús es el Señor y creyendo con su corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos. De este modo se inserta en el proceso por el que el primer Adán terrestre y sujeto a la corrupción, se transforma en el último Adán, celestial e incorruptible. Ese proceso comenzó con la resurrección de Cristo, en la que se funda nuestra esperanza de entrar también nosotros con Cristo en nuestra patria que está en los Cielos".

VIS 081105 (580)

miércoles, octubre 29, 2008

La cruz en la vida de San Pablo


LA CRUZ OCUPO UN LUGAR CENTRAL EN LA VIDA DE SAN PABLO

CIUDAD DEL VATICANO, 29 OCT 2008 (VIS).-En la audiencia general de hoy, celebrada en la Plaza de San Pedro, en la que participaron 20.000 personas, el Papa habló sobre la teología de la Cruz de San Pablo.

El Santo Padre recordó que el Apóstol de las Gentes, tras la experiencia camino de Damasco, cambió totalmente su existencia, que “quedó marcada por el significado central de la Cruz: entendió que Cristo había muerto y resucitado por todos y por sí mismo. En la Cruz se había manifestado el amor gratuito y misericordia de Dios”.

“Para San Pablo -continuó-, la Cruz tiene un lugar principal en la historia de la humanidad y es el punto central de su teología, porque decir Cruz quiere decir salvación como gracia para todas las criaturas. El tema de la Cruz de Cristo se convierte en un elemento esencial y primario de la predicación del Apóstol”.

Benedicto XVI puso de relieve que el “escándalo y necedad” de la Cruz, a la que se refiere San Pablo, están precisamente “en el hecho de que donde parece reinar sólo el fracaso, el dolor y la derrota, es donde se manifiesta todo el poder del Amor infinito de Dios”.

“Si para los judíos, el motivo del rechazo de la Cruz se halla en la Revelación, es decir la fidelidad al Dios de los Padres; para los griegos, es decir los paganos, el criterio de juicio para oponerse a la Cruz es la razón. Para estos últimos, la Cruz es muerte, necedad, literalmente insipiencia, o sea, un alimento sin sal. (...) ¡Era claramente inconcebible creer que un Dios pudiese terminar en una Cruz! Hoy vemos cómo esta lógica griega es también la lógica común de nuestro tiempo”.

“¿Por qué San Pablo -preguntó el Papa- hizo precisamente de la palabra de la Cruz el punto fundamental de su predicación? La respuesta -dijo- no es difícil: la Cruz revela “la potencia de Dios”, que es diversa del poder humano; revela su amor”.

Para el Apóstol, “Cristo crucificado es sabiduría, porque manifiesta realmente quién es Dios, es decir, potencia de amor que llega hasta la Cruz para salvar al hombre. Dios se sirve de modos e instrumentos que a los seres humanos -de entrada- parecen solo debilidad. El Crucificado desvela, por una parte, la debilidad del ser humano, y por otra, la verdadera potencia de Dios, es decir, la gratuidad del amor: precisamente esta total gratuidad del amor es la verdadera sabiduría”.

El Santo Padre señaló que en la segunda carta a los Corintios, Pablo expresa “en dos afirmaciones fundamentales una admirable síntesis de la teología de la Cruz: por una parte, Cristo, a quien Dios ha tratado como pecado en favor nuestro, murió por todos; por otra parte, Dios nos ha reconciliado consigo, sin imputarnos nuestras culpas. De este “ministerio de reconciliación” es rescatada toda esclavitud”.

“San Pablo renunció a su propia vida entregándose totalmente por el ministerio de la reconciliación, de la Cruz, que es salvación para todos nosotros. Esto es lo que tenemos que saber hacer también nosotros: Podemos encontrar nuestra fuerza precisamente en la humildad del amor y nuestra sabiduría en la debilidad de renunciar para entrar de esta manera en la fuerza de Dios. Tenemos que formar nuestra vida sobre esta verdadera sabiduría: no vivir para nosotros mismos, sino vivir en la fe en aquel Dios del que todos podemos decir: “Me amó y se entregó por mí”.

VIS 081029 (580)

miércoles, octubre 22, 2008

DOCTRINA DE SAN PABLO: CRISTO RESUCITADO Y EL MISTERIO DE LA SALVACION


CIUDAD DEL VATICANO, 22 OCT 2008 (VIS).-Benedicto XVI retomó en la audiencia general de los miércoles la catequesis sobre San Pablo, centrándose esta vez en la enseñanza del Apóstol de las gentes sobre la "centralidad de Cristo resucitado en el misterio de la salvación". La audiencia, celebrada en la Plaza de San Pedro, contó con la presencia de 17.000 personas.

Para Pablo, explicó el Papa, Cristo "es el principio para entender el mundo y encontrar el camino de la historia". El apóstol de las gentes, prosiguió el Santo Padre, "no se preocupó de narrar los hechos aislados de la vida de Jesús", pues "su intento pastoral y teológico encaminado a la edificación de las comunidades nacientes se concentraba todo en el anuncio de Jesucristo como Señor vivo y presente "ahora en medio de los suyos".

La característica esencial de la cristología paulina, dijo Benedicto XVI, además del anuncio de Jesús "vivo", es sobre todo "el anuncio de la realidad central, (...) la muerte y la resurrección de Jesús como culminación de su existencia terrenal y como raíz del desarrollo sucesivo de toda la fe cristiana, de toda la realidad de la Iglesia. Para el apóstol, la Resurrección no es un hecho aislado, separado de la muerte: el Resucitado es siempre el Crucificado".

"El apóstol contempla fascinado el secreto escondido en el crucificado-resucitado y a través de los sufrimientos de Cristo en su humanidad se remonta a la existencia eterna donde Cristo es uno sólo con el Padre". Pero para entender el pensamiento de Pablo tanto sobre "la pre-existencia como sobre (...) la encarnación de Cristo", hace falta conocer "algunos textos del Antiguo Testamento que resaltan el papel de la Sabiduría anterior a la creación del mundo, (...) como los que hablan de la Sabiduría creada".

"Esos mismos textos (...) hablan también del descenso de la Sabiduría que puso su tienda entre nosotros", como una prefiguración "de la tienda de carne" citada por San Juan en su Evangelio. "Pero ese descenso de la Sabiduría (...) implica la posibilidad de que sea rechazada" y San Pablo aclara que "Cristo, al igual que la Sabiduría, puede ser rechazado, sobre todo por los que dominan este mundo, de forma que en los planes de Dios se puede crear una situación paradójica por la que (...) la Cruz (...) se transformará en camino de salvación para todo el género humano".

En la Epístola a los Filipenses, Pablo "desarrolla ulteriormente esta idea de la Sabiduría que desciende para ser exaltada no obstante el rechazo. (...) El gesto del Hijo de Dios es contrario a la soberbia; es un gesto de humildad que es realización del amor. El amor es divino, por eso a ese gesto de descenso, de humildad radical que contrasta la soberbia humana y expresa realmente el amor divino, sigue la elevación al cielo a la que Dios nos lleva".

En las cartas a los Colosenses y a los Efesios, Cristo es calificado como "primogénito" y esto significa, subrayó el Papa, que "el primero entre tantos hijos (...) bajó para hacernos hermanos suyos".

Por último, en la Epístola a los Efesios, el apóstol aborda "el plan divino de la salvación" cuando dice que "en Cristo Dios quiso recapitular todas las cosas. (...) Cristo nos asume y nos lleva a Dios implicándonos en su movimiento de descenso y ascensión, invitándonos a participar en su humildad, es decir, en su amor al prójimo, y de esa forma, en su glorificación".


VIS 081022 (580)

miércoles, octubre 08, 2008

San Pablo, el “emigrante por vocación” que no hacía distinción de personas



Benedicto XVI propone al Apóstol como referencia en la era de la globalización

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 8 de octubre de 2008 (ZENIT.org).- El Papa propone a San Pablo, “emigrante por vocación”, como punto de referencia para los cristianos a la hora de acoger a los hombres “de toda raza y condición”, en la sociedad globalizada actual, en el mensaje para la Jornada Mundial del Emigrante y el Refugiado, que se celebrará el próximo 18 de enero de 2009.

El Mensaje se dio a conocer hoy en rueda de prensa en el Vaticano, por parte del cardenal Renato Martino y de monseñor Agostino Marchetto, presidente y secretario respectivamente del Consejo Pontificio para la Pastoral de Migrantes e Itinerantes.

El título del mensaje del Papa para la próxima es “San Pablo migrante, 'Apóstol de los pueblos'”, y en él, Benedicto XVI explica que tras su conversión, el santo “proclamaba primero el Evangelio en las sinagogas, dirigiéndose ante todo a sus compatriotas en la diáspora. Si estos lo rechazaban, se volvía a los paganos, convirtiéndose en auténtico 'misionero de los emigrantes', emigrante él mismo y embajador itinerante de Jesucristo”.

“Guiado por el Espíritu Santo, se prodigó sin reservas para que se anunciara a todos, sin distinción de nacionalidad ni de cultura, el Evangelio”, añade. “Su vida y su predicación estuvieron totalmente orientadas a hacer que Jesús fuera conocido y amado por todos, porque en él todos los pueblos están llamados a convertirse en un solo pueblo”.

El secreto de Pablo, explica el pontífice, era su “celo apostólico”, por el que “ninguna dificultad le impidió proseguir su valiente acción evangelizadora en ciudades cosmopolitas como Roma y Corinto, que en aquel tiempo estaban pobladas por un mosaico de etnias y culturas”.

En este sentido, “san Pablo, 'emigrante por vocación', constituyen un punto de referencia significativo también para quienes se encuentran implicados en el movimiento migratorio contemporáneo”.

Según el Papa, “también en la actualidad, en la era de la globalización, esta es la misión de la Iglesia y de todos los bautizados, una misión que con atenta solicitud pastoral se dirige también al variado universo de los emigrantes”.

Es necesario por tanto que los cristianos tengan hoy “la misma actitud” y el mismo “fervor apostólico” que san Pablo, para “proponer el mensaje de la salvación teniendo en cuenta las diversas situaciones sociales y culturales, y las dificultades particulares de cada uno como consecuencia de su condición de emigrante e itinerante”.

“Que su ejemplo nos sirva de estímulo también a nosotros para que seamos solidarios con estos hermanos y hermanas nuestros, y promovamos, en todas las partes del mundo y con todos los medios posibles, la convivencia pacífica entre las diversas etnias, culturas y religiones”, concluye el Papa.

[Por Inma Álvarez]

Los escritos de san Pablo, fiel reflejo de la vida y palabras de Jesús


El Papa dedicó nuevamente al Apóstol su catequesis del miércoles

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 8 de octubre de 2008 (ZENIT.org).- El Papa Benedicto XVI dedicó hoy de nuevo la tradicional catequesis de la audiencia general a la figura del Apóstol san Pablo, a los cerca de 25.000 peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro.

En esta ocasión, el Papa se centró en mostrar cómo los hechos y las palabras de Jesús se reflejan fielmente en los escritos paulinos, a pesar de que históricamente nunca llegara a conocerle en persona.

“El mismo san Pablo distingue dos maneras de conocer a Jesús”, explicó, “según la carne, es decir, externamente, o con el corazón, es decir, el núcleo de la persona”. Pablo conocía a Jesús de esta forma, aunque también sabía los detalles de su vida.

“Solo con el corazón se conoce verdaderamente a una persona”, reiteró el Papa. “Hay personas doctas que conocen a Jesús en muchos de sus detalles y personas sencillas que no conocen estos detalles, pero que lo conocen en su verdad”.

Seguidamente, el Papa explicó que, por los escritos paulinos, se deduce que Pablo conocía perfectamente muchos detalles personales y muchas palabras y hechos de Jesús, por tres tipos de referencia: explícita, por alusiones a pasajes evangélicos, y por la transposición de muchas enseñanzas de Jesús.

En una serie de pasajes, entre ellos por ejemplo sobre la indisolubilidad del matrimonio o sobre la Última Cena, Pablo muestra que conocía exactamente palabras pronunciadas por Jesús.

En otros, como la figura del ladrón en la noche, Pablo hacía referencia claramente a un pasaje evangélico que no tiene correspondencia en el Antiguo Testamento.

Pablo, explica el Papa, “conoce la pasión de Jesús, su cruz, el modo en que vivió los últimos momentos de su vida. La cruz de Jesús y la tradición sobre este hecho de la cruz está en el centro del kerygma paulino”.

“Otro pilar de la vida de Jesús conocido por san Pablo era el Discurso de la Montaña, del que cita algunos elementos casi literalmente, cuando escribe a los Romanos: 'Amaos unos a otros... Bendecid a los que os persiguen... vivid en paz con todos... Venced al mal con el bien...' ”.

El Papa puso varios ejemplos de correspondencia de la doctrina paulina con la vida de Jesús, entre ellos la utilización de la palabra “Abbà” (“papá”) utilizada por Jesús para referirse a Dios en el Monte de los Olivos, y que por su extrema familiaridad era impensable en boca de un hebreo.

“En las Cartas de san Pablo a los Romanos y a los Gálatas sorprendentemente esta palabra 'Abbà', que expresa la exclusividad de la filiación de Jesús, aparece en la boca de los bautizados, porque han recibido el Espíritu del Hijo”, continúa el Papa.

El Papa prosiguió con varios ejemplos, que muestran la fidelidad de Pablo al Jesús de los Evangelios. Sin embargo, añadió, “san Pablo no pensaba en Jesús como algo histórico, como una persona del pasado. Conoce ciertamente la gran tradición sobre la vida, las palabras, la muerte y la resurrección de Jesús, pero no los trata como algo del pasado; lo propone como realidad del Jesús vivo”.

“Esta es la verdadera forma de conocer a Jesús y de acoger la tradición sobre él”, añadió.

Finalmente, el Papa exhortó a los fieles a “aprender a conocer a Jesús, no según la carne, como una persona del pasado, sino como nuestro Señor y Hermano, que hoy está con nosotros y nos muestra cómo vivir y como morir”.

Por Inma Álvarez

jueves, septiembre 25, 2008

Algunos se inventan un cristianismo para atacarlo. San Pablo no inventó nada.


Cuando pasa el tiempo, el diablo, que es viejo y sabio, induce a los hombres nuevas idioteces anti-históricas sobre los evangelios y la vida de Jesús. Lo evidente, lo normal, lo más sencillo, se sustituye por planteamientos barrocos, rebuscados y muy raros. Todo con el afan de trasladar la invención del cristianismo a otro que no sea Jesús, con el afan de poner en duda la existencia de Jesús y la fidelidad de sus Apóstoles.


¿Sin fe e inventores de religiones? Es claro que su esfuerzo destructivo no da buena espina.


En contraposición dice Benedicto XVI: El Papa rebate a quienes afirman que san Pablo inventó el cristianismo


CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 24 de septiembre de 2008 (ZENIT.org).- La importancia que concede en sus cartas a la Tradición viva de la Iglesia "demuestra cuán equivocada está la visión de quienes atribuyen a Pablo el invento del cristianismo", explicó este miércoles Benedicto XVI durante la audiencia general.El Papa dedicó la catequesis por quinta vez a la figura del apóstol san Pablo, en esta ocasión, en relación con los Doce y con la Iglesia de Jerusalén.


La audiencia tuvo lugar en la Plaza de San Pedro, y en ella participaron cerca de 15.000 peregrinos de los cinco continentes, entre ellos varios grupos procedentes de Europa del Este y de Oceanía.Según explicó Benedicto XVI, la relación entre Pablo y el resto de los apóstoles "estuvieron siempre marcadas por un profundo respeto y por la franqueza que en Pablo derivaba de la defensa de la verdad del Evangelio".


Destacó especialmente la relación con Pedro, a quien consultó durante quince días sobre la vida terrena de Jesús. Según el Papa, Pablo transmite fielmente en sus Cartas las dos fórmulas fundamentales de la tradición viva de la Iglesia, que son el anuncio de la Resurrección y la Eucaristía.Estas fórmulas, que contienen las palabras de Jesús en la Última Cena y la enumeración de las apariciones del Resucitado, "son elementos constitutivos y conciernen a la Eucaristía y a la Resurrección; se trata de textos ya formulados en los años treinta".


"Él los transmite verbalmente, tal y como los ha recibido, con una fórmula muy solemne: "Os transmito cuanto he recibido". Insiste por tanto en la fidelidad a cuanto él mismo ha recibido y fielmente transmite a los nuevos cristianos", añadió el Papa. Además, ambas fórmulas constituyen también el nudo de la teología paulina, explicó, pues las palabras de Jesús en la Última Cena "son realmente para Pablo centro de la vida de la Iglesia".


"De este centro eucarístico, del que nace siempre de nuevo la Iglesia -también para toda la teología de Pablo, para todo su pensamiento- estas palabras tienen un notable impacto sobre la relación personal de Pablo con Jesús".


El otro texto, sobre la Resurrección, nos transmite de nueva la misma fórmula de fidelidad. San Pablo escribe: "Os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce".


Al incluir su propia experiencia en el camino de Damasco, Pablo "subraya la identidad y la unicidad del anuncio del Evangelio: tanto ellos como yo predicamos la misma fe, el mismo Evangelio de Jesucristo muerto y resucitado que se entrega en la Santísima Eucaristía", añadió el Papa.Por tanto, explicó, la importancia que Pablo confiere a la Tradición viva de la Iglesia "demuestra cuán equivocada está la visión de quienes atribuyen a Pablo el invento del cristianismo: antes de proclamar el evangelio de Jesucristo, le ha encontrado en el camino de Damasco y lo ha conocido en la Iglesia".


"Cuanto más intentamos seguir las huellas de Jesús de Nazaret por los caminos de Galilea, tanto más podemos comprender que él ha tomado a cargo nuestra humanidad, compartiéndola en todo excepto en el pecado. Nuestra fe no nace de un mito, ni de una idea, sino del encuentro con el Resucitado, en la vida de la Iglesia", concluyó el Papa.


Por Inma Álvarez

San Pablo fue fiel a la doctrina de los Apóstoles. (Benenicto XVI en la audiencia del miércoles 24 de septiembre):

Queridos hermanos y hermanas, Hoy quisiera hablar sobre la relación entre san Pablo y los Apóstoles que lo habían precedido en el seguimiento de Jesús. Estas relaciones estuvieron siempre marcadas por un profundo respeto y por la franqueza que en Pablo derivaba de la defensa de la verdad del Evangelio. Aunque él era prácticamente contemporáneo de Jesús de Nazaret, nunca tuvo la oportunidad de encontrarle, durante su vida pública. Por esto, tras el deslumbramiento en el camino de Damasco, advirtió la necesidad de consultar a los primeros discípulos del Maestro, que Él había elegido para que llevaran el Evangelio hasta el confín del mundo.

En la Carta a los Gálatas, Pablo desarrolla un importante informe sobre los contactos mantenidos con algunos de los Doce: ante todo con Pedro, que había sido elegido como Kephas, palabra aramea que significa roca, sobre la que se estaba edificando la Iglesia (cfr Gal 1,18), con Santiago, "el hermano del Señor" (cfr Gal 1,19), y con Juan (cfr Gal 2,9): Pablo no duda en reconocerles como las "columnas" de la Iglesia. Particularmente significativo es el encuentro con Cefas (Pedro), que tuvo lugar en Jerusalén: Pablo se quedó con él 15 días para "consultarle" (cfr Gal 1,19), es decir, para informarse sobre la vida terrena del Resucitado, que le había "atrapado" en el camino de Damasco y le estaba cambiando la existencia de modo radical: de perseguidor hacia la Iglesia de Dios había legado a ser evangelizador de que la fe en el Mesías crucificado e Hijo de Dios, que en el pasado habían intentado destruir (cfr Gal 1,23).

¿Qué tipo de información obtuvo Pablo sobre Jesús en los tres años sucesivos al encuentro de Damasco? En la primera Carta a los Corintios podemos encontrar dos pasajes, que Pablo había conocido en Jerusalén, y que ya habían sido formulados como elementos centrales de la tradición cristiana, tradición constitutiva. Él los transmite verbalmente, tal y como los ha recibido, con una fórmula muy solemne: "Os transmito cuanto he recibido". Insiste, por tanto, en la fidelidad a cuanto él mismo ha recibido y fielmente transmite a los nuevos cristianos. Son elementos constitutivos y conciernen a la Eucaristía y a la Resurrección; se trata de textos ya formulados en los años treinta. Llegamos así a la muerte, sepultura en el seno de la tierra y a la resurrección de Jesús. (cfr 1 Cor 15,3-4). Tomemos uno y otro: las palabras de Jesús en la Última Cena (cfr 1 Cor 11,23-25) son realmente para Pablo centro de la vida de la Iglesia: la Iglesia se edifica a partir de este centro, siendo así ella misma. Además de este centro eucarístico, del que vuelve a nacer siempre la Iglesia -también para toda la teología de Pablo, para todo su pensamiento- estas palabras tienen un notable impacto sobre la relación personal de Pablo con Jesús. Por una parte atestiguan que la Eucaristía ilumina la maldición de la cruz, convirtiéndola en bendición (Gal 3,13-14), y por otra, explican el alcance de la misma muerte y resurrección de Jesús. En sus Carta el "por vosotros" de la institución se convierte en el "por mí" (Gal 2,20), personalizando, sabiendo que en ese "vosotros" él mismo era conocido y amado por Jesús y por otra parte "por todos" (2 Cor 5,14): este "por vosotros" se convierte en "por mí" y "por la Iglesia" (Ef 5, 25), es decir, también "por todos" del sacrificio expiatorio de la cruz (cfr Rm 3,25). Por y en la Eucaristía, la Iglesia se edifica y se reconoce como "Cuerpo de Cristo" (1 Cor 12,27), alimentado cada día por la fuerza del Espíritu del Resucitado.

El otro texto, sobre la Resurrección, nos transmite de nuevo la misma fórmula de fidelidad. San Pablo escribe: "Os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce" (1 Cor 15,3-5). También en esta tradición transmitida a Pablo vuelve a mencionar la expresión "por nuestros pecados", que subraya el don que Jesús ha hecho de sí mismo al Padre, para liberarnos del pecado y de la muerte. De este don de sí mismo, Pablo saca las expresiones más conmovedoras y fascinantes de nuestra relación con Cristo: "A quien no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en él" (2 Cor 5,21); "Conocéis la generosidad de Nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enriquecierais con su pobreza" (2 Cor 8,9). Vale la pena recordar el comentario con el que el entonces monje agustino, Martín Lutero, acompañaba estas expresiones paradójicas de Pablo: "Éste es el grandioso misterio de la gracia divina hacia los pecadores: por un admirable intercambio nuestros pecados ya no son nuestros, sino de Cristo, y la justicia de Cristo ya no es de Cristo, sino nuestra" (Comentario a los Salmos del 1513-1515). Y así hemos sido salvados.

En el kerygma original (anuncio), transmitido de boca a boca, merece señalarse el uso del verbo "ha resucitado", en lugar del "resucitó" que habría sido más lógico utilizar, en continuidad con el "murió" y "fue sepultado". La forma verbal "ha resucitado" se ha elegido para subrayar que la resurrección de Cristo incide hasta el presente de la existencia de los creyentes: podemos traducirlo por "ha resucitado y sigue vivo" en la Eucaristía y en la Iglesia. Así todas las Escrituras dan testimonio de la muerte y resurrección de Cristo, porque --como escribió Hugo de San Víctor-- "toda la divina Escritura constituye un único libro, y este libro es Cristo, porque toda la escritura habla de Cristo y encuentra en Cristo su cumplimiento" (De arca Noe, 2,8). Si san Ambrosio de Milán puede decir que "en la Escritura leemos a Cristo", es porque la Iglesia de los orígenes ha releído todas las Escrituras de Israel partiendo y volviendo a Cristo.

La enumeración de las apariciones del Resucitado a Cefas, a los Doce, a más de quinientos hermanos, y a Santiago se cierra con la referencia a la aparición personal, recibida por Pablo en el camino de Damasco: "Y en último término se me apareció también a mí, como a un abortivo" (1 Cor 15,8). Debido a que él ha perseguido a la Iglesia de Dios, en esta confesión expresa su indignidad de ser considerado apóstol, al mismo nivel que aquellos que le han precedido: pero la gracia de Dios no ha sido vana en él (1 Cor 15,10). Por tanto, la afirmación prepotente de la gracia divina une a Pablo con los primeros testigos de la resurrección de Cristo: "Tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído" (1 Cor 15,11). Es importante la identidad y la unicidad del anuncio del Evangelio: tanto ellos como yo predicamos la misma fe, el mismo Evangelio de Jesucristo muerto y resucitado que se entrega en la Santísima Eucaristía.

La importancia que él confiere a la Tradición viva de la Iglesia, que transmite a sus comunidades, demuestra cuán equivocada está la visión de quienes atribuyen a Pablo el invento del cristianismo: antes de proclamar el evangelio de Jesucristo, le encontró en el camino de Damasco y le conoció en la Iglesia, observando su vida en los Doce y en aquéllos que le habían seguido por los caminos de Galilea. En las próximas catequesis tendremos la oportunidad de profundizar en las contribuciones que Pablo ha dado a la Iglesia de los orígenes; pero la misión recibida por parte del Resucitado en orden a la evangelización de los gentiles necesita ser confirmada y garantizada por aquéllos que le dieron a él y a Bernabé la mano derecha, en signo de aprobación de su apostolado y de su evangelización, y de acogida en la única comunión de la Iglesia de Cristo (cfr Gal 2,9). Se comprende entonces que la expresión "Y si conocimos a Cristo según la carne, ya no le conocemos así" (2 Cor 5,16) no significa que su existencia terrena tenga una escasa relevancia para nuestra maduración en la fe, sino que desde el momento de la Resurrección, cambia nuestra forma de relacionarnos con Él. Él es, al mismo tiempo, el hijo de Dios, "nacido del linaje de David según la carne, constituido Hijo de Dios con poder, según el espíritu de santidad, por su resurrección de entre los muertos", como recordará Pablo al principio de la Carta a los Romanos (1, 3-4).

Cuanto más intentamos seguir las huellas de Jesús de Nazaret por los caminos de Galilea, tanto más podemos comprender que él ha tomado a cargo nuestra humanidad, compartiéndola en todo excepto en el pecado. Nuestra fe no nace de un mito, ni de una idea, sino del encuentro con el Resucitado, en la vida de la Iglesia.

[Al final de la audiencia, Benedicto XVI saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]

Queridos hermanos y hermanas:

San Pablo, aunque fue contemporáneo de Jesús, no lo conoció durante su ministerio público. Por eso sintió la necesidad de consultar a los primeros discípulos, elegidos por el Maestro para llevar el Evangelio hasta los confines del mundo. El mismo Pablo habla de su encuentro con Santiago, Juan y, sobre todo con Pedro, para que le informaran sobre la vida terrena del Resucitado (cf. Ga 1,19), que a él lo había "atrapado" en el camino de Damasco. Así, su tarea como Apóstol de los gentiles se confirmaba y garantizaba por los que, antes de él, habían seguido a Jesús por los caminos de Galilea. Del contenido de estas informaciones destacan las palabras en la Última Cena, con la institución de la Eucaristía, que iluminan el misterio de la cruz, que de maldición se convierte en bendición y en sacrificio de salvación "por todos", en el que la Iglesia se edifica y reconoce como "Cuerpo de Cristo". También adquiere un especial sentido la resurrección del Señor, que no sólo "fue" resucitado, sino que sigue viviendo en la Eucaristía y en la Iglesia. Así, pues, nuestra fe no nace de un mito o una idea, sino del encuentro con Cristo resucitado y vivo en la vida de la Iglesia.

Saludo a los peregrinos y visitantes de España y Latinoamérica, en particular a los sacerdotes de San Juan de Puerto Rico, con el Cardenal Luis Aponte y el Arzobispo Metropolitano Roberto González, así como a los alumnos del Colegio Sacerdotal Argentino, en Roma, a los venidos de Paraná, con su Arzobispo, Mons. Mario Mauleón y a los demás grupos de Puerto Rico, México, Panamá, El Salvador, Venezuela, Argentina y otros Países latinoamericanos. Muchas gracias por vuestra visita.

[Traducción del italiano por Inma Álvarez
© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]

miércoles, septiembre 03, 2008

EL ENCUENTRO CON EL RESUCITADO CAMBIO LA VIDA DE PABLO

Catequesis sobre San Pablo

CIUDAD DEL VATICANO, 3 SEP 2008 (VIS).-El Papa se desplazó esta mañana al Vaticano para la audiencia general, que tuvo lugar en el Aula Pablo VI. Continuando con el ciclo de catequesis dedicado a San Pablo, Benedicto XVI se centró hoy en la conversión del Apóstol de las Gentes.


El Santo Padre recordó que “precisamente, camino de Damasco, en los primeros años 30 del siglo I y tras un período de persecución de la Iglesia, se verificó el momento decisivo de la vida de Pablo”.


Para entender qué le sucedió al apóstol mientras se dirigía a Damasco, “tenemos dos tipos de fuentes”, dijo el Papa. “La primera y más popular son los tres relatos de san Lucas en los Hechos de los Apóstoles, en los que narra lo acaecido”. Sin embargo, continuó, los detalles a los que hace referencia el evangelista -la luz del cielo, la caída a tierra, la ceguera-, “se refieren al centro del acontecimiento: Cristo Resucitado aparece como una luz espléndida que habla a Saulo, transforma su pensamiento, su misma vida. (...) El centro de la narración de San Lucas es este encuentro con Cristo que cambió profundamente la vida de San Pablo y en este sentido se puede y de debe hablar realmente de una conversión”.


Benedicto XVI afirmó que “el segundo tipo de fuente son las mismas cartas de San Pablo”, el cual “nunca habló sobre los detalles de este evento, porque quizá pensaba que todos conocían su historia esencial, todos sabían que se había transformado de perseguidor en apóstol ferviente de Cristo, fruto no de una propia reflexión, sino de un evento fuerte, un encuentro con el Resucitado”.

El Papa subrayó que en algunos de sus escritos, el Apóstol de las Gentes pone de relieve “que la aparición del Resucitado -de la que también él es un verdadero testigo- es el fundamento de su apostolado (...) de su nueva vida”.


“San Pablo -continuó Benedicto XVI- no designó sin embargo este evento como una conversión. ¿Por qué? Existen muchas hipótesis, pero creo que el motivo es muy claro: esta transformación de su vida no fue fruto de un proceso psicológico, de una maduración o una evolución intelectual y moral (...) sino fruto del encuentro con Cristo Jesús (...) Esta renovación de Pablo no se puede explicar de otro modo; los análisis psicológicos no pueden aclarar y resolver el problema; solo el evento, el encuentro fuerte con Cristo, es la clave para entender qué sucedió”.


El Santo Padre señaló que para nosotros, el cristianismo “no es una nueva filosofía, una nueva moral; solo somos cristianos si encontramos a Cristo, aunque no se muestre a nosotros de ese modo irresistible y luminoso como a Pablo para hacerlo apóstol de todas las gentes. Pero también podemos encontrar a Cristo en la lectura de la Sagrada Escritura, en la oración, en la vida litúrgica de la Iglesia, tocar el corazón de Cristo y sentir que Cristo toca nuestro corazón. Y solo en esta relación personal con Cristo, solo en este encuentro con el Resucitado, somos realmente cristianos”.


VIS 080903 (540)