domingo, mayo 21, 2006

El hombre ¿Centro del Universo?


El hombre moderno es un ser esencialmente rebelde, no admite su condición de criatura, de ser finito y dependiente.

El hombre moderno se ha erigido en explicación del mundo creado, en el intérprete absoluto de la realidad, que es sólo lo que, en su subjetividad, él define.

Al hombre moderno le sobra, evidentemente, un creador y rechaza como un intruso a Dios.

Al hombre moderno le sobra el bien o el mal, categorías que reclaman una razón última que juzga las acciones humanas.

Por eso las leyes humanas se convierten en imposición de los criterios de unos sobre los otros, en mero equilibrio de poder.Ya no se plantea la armonía del Universo humano, y -paradójicamente- se admite, no se sabe por qué explicación, un sentimiento ecológico que hay que respetar.

He oído a una misma persona negar a Dios y creer en la Ecología, negar el orden creado y admitir una ley del progreso continuo que rige el mundo material.

Yo me pregunto, esa ecología ¿no implicará acaso que la naturaleza material está sujeta a una armonía necesaria que hay que respetar? ¿porque si no, cuál es el origen de esa determinación en la que creen?

Esa aparente determinación... ¿no será una ley que rige la naturaleza material?

Y, si esas normas de conservación de la naturaleza que deben ser por todos admitidas, no nos estarán hablando acaso de que están ahí antes de que el hombre existiera y se pusiese a pensar.

Y si esas leyes están ahí, acaso el azar ha sido capaz de crearlas.¿No habrá que volver a ese Dios desconocido de los atenienses para encontrar una razón primigenia?¿No será que antes que el hombre, por muy moderno que sea, hay una centralidad distinta que vale la pena buscar?

Federico R. de Rivera

martes, mayo 16, 2006

Un apunte sobre el puente del conocimiento



Por gentileza de Germinal he tenido ocasión de leer y releer los doce argumentos de un tal Faure sobre la inexistencia de Dios. Al principio intenté buscar la lógica que pudiera estar escondida en los algo farragosos doce puntos en los que nos quiere demostrar la inexistencia del Dios creador, del Dios de las religiones... ¿es que hay otro?... sin embargo me he rendido en el intento. Curiosamente los argumentos que utiliza no son concluyentes... son más bien premisas puestas una detrás de otra con la finalidad de abrumar más que de convencer... de todos modos he hecho un esfuerzo por encontrar algún agarradero a todo ese maremagnum de "despropósitos"... y publiqué en uno de mis blogs, y con la mejor intención los artículos:


1. Respuestas a un ateo ¿Qué es crear?
2. El orden del universo... ¿o el azar?
3. Sobre la obstinación de los incrédulos
4. Reminiscencias deístas del ateismo contemporáneo

Después de ese ejercicio de buena voluntad he decidido completar mis apuntes con unas observaciones sobre el problema del puente del conocimiento... no pretendo ser exhaustivo... simplemente abrir los ojos y la mente a la reflexión, ya que, en mi opinión... parte del problema del ateismo contemporáneo deriva de haber roto el puente del conocimiento con la realidad... primero llevando al subjetivismo pero admitiendo un dios lejano tipo deísta... y luego, al no hacer ninguna falta ese dios que no se inmiscuye en la vida de los hombres, con la negación del puente con Dios... porque al fin y al cabo, ese puente lo pone por propia voluntad el subjetivista... es un imperativo categórico nada más.

Si analizamos el obrar humano nos podemos encontrar, al menos, con tres tipos de realidades diferentes:

• la acción del hombre con sus máquinas y mecanismos... que obran de modo necesario y que, si bien están sometidos a la fatiga del material y a la finitud de su vida útil... una vez construidos por el hombre tienen la autonomía de la máquina, muy imperfecta pero real. Estas acciones necesitan un elemento material pero, al mismo tiempo, plasman una idea... un intangible que al desarrollarse sigue estando en el autor del artefacto... no se comunica en su totalidad.
• la acción del hombre en el arte, en la transmisión del conocimiento... donde el elemento material es meramente el transmisor de la idea del artista, de la teoría del científico, de la evidencia del sabio... aquí la realidad se multiplica y se posee por todos sin que haya merma en la inteligencia del que la transmite... más aún, se producen sinergias que llevan a mejorar el arte, la ciencia y la sabiduría humana.
• la acción del hombre en su organización social... donde instaura un orden de seres libres que tiene vida propia a través de la coordinación de los esfuerzos, y a la generación de oportunidades imprevisibles a primera vista... ya que surgen de la realidad asociativa... lo que hace que la sociedad sea mucho más que su organización política. Aquí de nuevo se genera riqueza tanto intelectual como material... lo que muestra el carácter espiritual de esa organización.

En todas esas acciones hay comunicación, puente entre los seres humanos... y una evidencia práctica de que el conocimiento se transmite, se participa y se enriquece.

Si elevamos el punto de mira... veremos que el hombre, el ser humano... salvando las distancias, de modo analógico (y es la analogía una de las claves que ignoran los seguidores de Faure)... con su creador se encuentra en unas relaciones parecidas.

• Como ser creado tiene una autonomía, lo que no excluye el que haya tenido un principio... que, en su caso, le ha dotado de libertad.
• Como ser espiritual está dotado de entendimiento y es capaz de captar lo que se le transmite, también por parte de Dios... y esa transmisión enriquece al ser humano... sin mermar en absoluto la ciencia divina.
• Como ser social se relaciona de modo público con el creador... y de ahí la importancia de la religión natural en la construcción de los sistemas sociales... el reconocimiento a Dios en la Constitución americana y el reconocimiento de un espacio común para creyentes y no creyentes de la Constitución polaca.

La gran diferencia entre la acción del hombre y de Dios está en que el hombre siempre emplea para sus construcciones algo ya existente... pero también hay que entender que la acción del hombre tiende a controlarlo todo... a generar sistemas necesarios... lo que le lleva con frecuencia a caer en la tiranía. Dios, sin embargo, crea a un ser... el hombre... con capacidad de decidir, un ser libre que puede, incluso, negar a Dios e introducir el mal en el mundo.

Ante ese misterio... ¿acaso seremos tan ingenuos de creer que podemos entender y comprender a Dios?... sólo me cabe decir que el hombre libre, aunque pecador... es más digno y perfecto que el hombre esclavo, aunque sin capacidad de pecar.

lunes, mayo 15, 2006

Razones para vivir... una necesidad social

El otro día leí un artículo que me impactó por su lógica, difícil de desmontar. La tesis que sostiene el articulista es "dejadlos vivir" y "dejad que les hagan morir"... aprueba la actitud del que, por motivos religiosos, decide vivir aceptando los sufrimientos de una larga enfermedad... y, al tiempo, da la razón al que, cansado de vivir decide acortar su vida y pide ayuda a otros para ello. Traslada toda la fuerza a la decisión personal, si bien señala que, para el primer caso, aparecen unos motivos religiosos que hacen sostener con especial fortaleza la lucha para mantener la vida.

Ese mismo día tuve una conversación con un profesor de colegio sobre lo que piensan los chavales hoy en día sobre el tema: la respuesta da también cierta luz... en general los chicos jóvenes van a lo inmediato, a lo que les apetece, y aceptan sin plantearse lo contrario que si uno quiere acabar su vida, para acabar con su sufrimiento... ¿por qué no?, ¿por qué se lo vamos a impedir?... el profesor me comentaba que, en el fondo, si esos chavales no tienen un horizonte transcendente en su vida... si no existe Dios... pues todo eso y más es posible... una vida de dolor perdería su sentido.

Si analizamos la cultura pagana, nos encontramos también con cierta exaltación al suicidio. Ha terminado la batalla, el rey se encuentra con sus capitanes a punto de caer en manos del enemigo, lo que supone la humillación, la esclavitud y, casi segura, la muerte... le pide al capitán de confianza que ponga su espada en tierra y se arroja a ella para morir antes de caer en manos de su enemigo... y es que una vida sin honor o esclavizado no es digna de ser vivida.

Otro caso lo encontramos en el empresario que ha quebrado... le va a sobrevenir la vergüenza, la ruina, la humillación... el caer en el estatus social. Un baldón irreparable. Ante ello una salida airosa... un disparo en la sien y una carta para la familia. ¿Salva su honor?... al menos no se encuentra con la vergüenza.

Otros casos más recientes, el suicidio ritual en la cultura japonesa, las órdenes de Hitler a Rommell para que se quitase la vida antes de caer en desgracia.

En todos estos casos el drama está claro... mi vida es mi honor, mi salud, mi riqueza, mi estatus social, mi libertad... una vez perdido ese valor ¿qué me queda?

Por eso no es una cuestión baladí la existencia de Dios y de un orden transcendente... que puede dar razón a una vida incluso en esclavitud, en pobreza y con enfermedades dolorosas, y humillados por la pérdida del honor... hay un modo de unir esos distintos dolores a la Cruz de Cristo y sacar de ahí grandes bienes... ¿pero si no se es cristiano?, ¿si no se tiene fe?... es necesario encontrar un sentido a la vida, aún en esas circunstancias.

La clave meramente humana estaría en lo que todavía puedo hacer, en el tesoro que tengo en mis manos para hacer el bien a mi alrededor... esa actitud de generosidad resolvería parte de los problemas... da razón para la vida al margen de las riquezas y del estatus social... ¿o es que sólo tiene sentido la vida de los ricos?

Sin embargo... lo más duro es encontrar una razón para vivir en el dolor, para no acortar la vida en la enfermedad y la vejez.... otra cosa es la aceptación de la muerte y el evitar alargar artificialmente y con métodos desproporcionados una existencia que se agota... hay que saber aceptar la muerte ¿como una liberación?... ahí se vuelve a topar con el sentido de la trascendencia... si voy al encuentro con Dios, y tengo bien cargada mi mochila de obras buenas... es, ciertamente, un gran momento... ¿en caso contrario? ¿en el caso de la duda?

Ahí sólo me queda un argumento... el de la seguridad jurídica. El suicidio es un acto irreparable, sin vuelta atrás... luego no se puede legislar de cualquier manera.

Pero, es que además, el legislar a favor de la asistencia al suicidío fomentaría, y lo está fomentando inseguridad de los enfermos en los sistemas sanitarios, en las residencias de ancianos, en los hogares de personas con minusvalías, en los casos de tener interés de heredar una fortuna... porque no parece razonable que los mismos lugares donde se cuida la vida administren la muerte.

Por eso lo más seguro es mantener la condena legal a la asistencia al suicidio, no inmiscuir al Estado en ese comercio tremendo... y analizar con serenidad los actos concretos en los que la pasión o el sentimiento omnubilaron la razón y llevaron a los amigos o familiares a decidir sobre la vida de otro... esto último después de una seria investigación de las causas del asesinato... no vaya a ser que se llegue a trivializar el "arsénico por compasión".

Tengamos en cuenta que de esa decisión no cabe, una vez tomada, la vuelta atrás... y profundicemos, sobre todo, en dar razones para vivir... de hecho la ciencia ha avanzado muchísimo en las técnicas paliativas del dolor, y la psiquiatría y la psicología pueden utilizarse para luchar contra el desánimo... dando grandes o pequeñas razones para seguir viviendo.

Lo que está claro, como me comenta un amigo... es que la sociedad tiene mucho que avanzar y atender uno de sus grandes retos: que nadie se sienta solo; que se valore la riqueza que cada uno puede desarrollar con las acciones de su propia vida (por muy limitada que esa); que se valore como un tesoro al anciano; que sepamos dar cariño a los que conviven con nosotros... y, de todos modos... que siempre la calidad de via pasa primero por la premisa fundamental: estar vivo.

sábado, mayo 13, 2006

Reminiscencias deistas del ateismo contemporaneo.


Es muy difícil un diálogo serio cuando se niega la existencia del Espíritu Puro desde la concepción del ateo... y más si su discurso se desarrolla desde un planteamiento materialista, como es lo más lógico.

Intuir o definir aquello que se niega tiene el peligro de convertir al Espíritu Puro en una especie de hipogrifo o ser mitológico... mitad material y mitad espiritual... porque al afirmar que "el Espíritu puro no puede crear el Universo material porque entonces lo tendría dentro de sí como en un contenedor y, que por tanto, no necesitaría crear lo que ya existe"... es no distinguir las dos realidades que se dan en el propio ser humano... una finita y limitada a la ley de la materia y otra finita, también, pero abierta al infinito... insaciable, que es en la que reposa el entendimiento y la voluntad. Hemos de fijarnos en la parte insaciable del hombre, la que nos llevaría a sostener que el hombre es un ser también espiritual, pero de grado inferior.

Dios no es como nosotros. Y es más sencillo definir lo que no es de lo que es... no está compuesto de materia, su creación no es fabricación... y "crea el mundo sin mancharse las manos"... no entra al crear en la limitación del sucederse temporal.

Ya nuestros filósofos clásicos se dieron cuenta de que el tiempo tenía una parte común a todos los seres materiales... lo que nos permite medir un antes y después para todos... pero su vivencia del tiempo es diferente... y, en el caso de una acción espiritual, el sucederse es simplemente el paso de potencia a acto... es distinto... pero el tiempo implica un antes y después... un ser diferente antes de obrar o de conocer o de amar... y un ser que ha hecho, conoce o ama... en el caso del Espítiru Puro, ese obrar, conocer o amar no puede ser de nuestra misma manera. El debería ser un Acto Eterno... lleno de vida... pero su Vida es de otra manera. Y su acción en las criaturas en sólo en las criaturas... "sin mancharle las manos".

Estamos ante el modo de conocimiento de Dios desde la luz de la razón: se afirma lo que hay de perfecto en los seres creados... se niega toda la imperfección de lo que están impregnadas esas criaturas... y se llega a lo que se dice "vía de eminencia"... se dice que esa perfección en Dios es de otra manera... no es como la nuestra... ni se mancha las manos, ni lleva como los marsupiales una bolsa mágica, ni nada que podamos imaginar... si bien la imaginación nos permite acercarnos, desde fuera, a ese misterio.

Y, acabando, si bien "no se mancha las manos"... puede decirse que "sí se implica"... ya que la creación, tú y yo, somos una realidad... y ese implicarse es lo que hace a Dios un Ser cercano a la vida de los hombres. Nos crea y guía con su providencia... de modo natural supondría que Dios nos ha dado todo lo necesario para alcanzar el fin natural del hombre... y parte de esa "mochila básica" es la capacidad de conocerle, de vislumbrar donde está el bien y el mal (los tan famosos mandamientos).

viernes, mayo 12, 2006

Sobre la obstinación de los incrédulos:


(cita de Vittorio Messori en "el Gran Milagro"... sobre el Milagro de Calanda)

Es interesante analizar el modo con el que los no creyentes aplican el "método científico" y ejemplo tenemos en la historia... siglo XIX, apariciones de la Virgen de Lourdes... la intelectualidad, los ilustrados franceses, desconcertados... no pueden menos que negar el hecho e ir al lugar de los milagros para encontrar la superchería que hay oculta en tanto ruido... ya que, por axioma, lo sobrenatural es imposible.

Cuenta Vittorio que el mismo Ernest Renan, según testimonio de la viuda de un comisario de policía de Lourdes, durante la época de las apariciones, el propio Renan ofreció en secreto una cuantiosa suma de cuarenta mil francos a cambio de documentos y noticias que descalificaran aquellos acontecimientos, tan molestos para él. También el ilustre Zola ofreció una gran cantidad de dinero para que abandonara Francia y se trasladase a Bélgica, a una mujer cuya curación total e inmediata él había presenciado durante su estancia en Lourdes. No consiguiéndolo la dio por muerta en un su novela contra Lourdes después de una breve e ilusoria recuperación... lo que motivó que la "difunta" protestase enviando varias cartas a los periódicos poniendo en entredicho la credibilidad del escritor "naturalista".

El método, como se ve es viejo... niego lo que no encaja en mi apriorismo... ¿quién es aquí el radical, el que tiene una fe ciega en su propia teoría?... es semejante a la negación que se hace, actualmente, de los milagros de Jesús. Razón: no tienen explicación natural, ha pasado mucho tiempo... luego no existen.

Consejo a los incrédulos: por favor, al menos ved las cosas con objetividad y, si no podéis creer... haced lo más razonable... quedaros perplejos... quizá con esa actitud se os abra la inteligencia por la humildad ante la limitación de vuestro (y nuestro) entendimiento.

jueves, mayo 11, 2006

¿El orden del Universo... o el azar?


Cuando uno va por el monte y encuentra una borda... aunque el paraje sea apartado y solitario... piensa que ahí ha pasado un hombre y ha hecho esa construcción... no se pone a pensar la probabilidad de que las piedras hayan, por pura casualidad, caído del cielo dando esa determinada forma al recinto... ni menos aún que los árboles de alrededor se hayan astillado por casualidad para dar la forma de los tablones de la puerta... y ¿qué diremos de los herrajes, la botella de vino usada, y otros pequeños detalles.

Cuando uno analiza la probabilidad de que sea la casualidad la que haya dado lugar a las condiciones tan peculiares de la tierra para albergar la vida... se queda sorprendido por lo escasa que es y por el hecho de que, sin embargo, la tierra llegase a existir y siguiese existiendo... lo normal es un sistema solar con demasiado calor... o demasiado frío... o sin agua... o con agua helada. Me dirán los ateos que podría darse un sistema solar con vida... con otros seres inteligentes... ¿luego creéis lo que no veis porque es probable... aunque no lo hayáis visto y con toda seguridad no lo veréis en la vida?... es más fácil pensar que el que hizo la borda es un hombre... y el que logró un planeta como este sea Dios.

Cuando se va de visita a una fábrica completamente robotizada... en la que, suponiendo que fuese posible, no se ve un ser humano salvo los que van de visita... nadie sensato piensa que, esos mecanismos se han puesto de pronto, sin intervención humana, a hacer tornillos, vehículos, etcétera. Esa rutina repetitiva exige una programación previa.

Todos los días amanece, las estaciones se suceden unas a otras... y es más fácil pensar que eso no es azar, que hay alguien que ha organizado el tinglado... alguien que ha incluido unas pautas de funcionamiento al mundo material infalibles y permanentes... que el hombre no puede alterar... lo más descubrir..., o con frase del libro de la Sabiduría, capítulo 13, 1: "vanos por naturaleza son todos los hombres que han ignorado a Dios, los que, a partir de las cosas visibles, no fueron capaces de conocer a "Aquel que es", y al considerar sus obras, no reconocieron al Artífice."

Veamos otra organización... la de los seres vivos... creer que la evolución es una fuerza ciega y que sólo por probabilidades se ha desarrollado la vida es mucho creer... creer que en un ser vivo todas sus células, sus órganos, forma y estructura se dan por casualidad... es mucho creer. Parece que aquí se dan dos saltos importantes y muy poco probables: del mundo material al vivo... de elementos inertes a seres capaces de moverse, reproducirse, alimentarse y morir. Y el paso de seres unicelulares a seres organizados. Además de los abismos el grado de vida entre una ameba, un árbol y un simio... hasta llegar a un ser, como el hombre, capaz de ir contra sus propias leyes de supervivencia.

Siguiendo la línea del orden... no parece razonable dar al azar la causalidad del orden y estructura del más minúsculo de los seres vivos... del ser vivo individual organizado (hay una ley vital para que el caos no impere... no crezcan desproporcionadamente los órganos y aporten al conjunto lo necesario para el bien del individuo)... de los seres vivos organizados: ¿quién puso la ley del grupo en las colmenas, los hormigueros, los depredadores en manada?... considerar que es por casualidad, porque la prueba-error funcionó de modo selectivo, es mucho considerar.

Es más razonable pensar que toda esta organización de la vida tiene una causa... aunque nosotros no la veamos. Incluso en el caso de mantener la teoría evolucionista se llegaría a una ley universal, como la de la atracción de los graves que requeriría una explicación... ¿por qué? ¿Quien la puso?...

"El mundo anuncia a su creador de modo clamoroso"... sólo hay que mirarlo bien y con humildad... como lo vieron científicos de la talla de Newton, Descartes, Galileo, Mendel, Einstein y otros muchos... pues es normal que la ciencia lleve a Dios... no como respuesta de los problemas técnicos sino como origen, creador y admiración ante la maravilla del mundo creado.

martes, mayo 09, 2006

Respuestas a un ateo... ¿qué es crear?


Algunos ateos colgados en la red han "colgado" un manifiesto para rebatir la existencia de Dios, creía que su argumento iba a ser fruto de pensamiento propio... pero se han limitado a exponer las doce tesis que Sebastián Faure presenta para probar la inexistencia de Dios, como nuevo tablón en el Nuremberg virtual de sus blogs.

La primera cuestión que afirman es la imposibilidad de la creación... para ello realmente plantean una premisa correcta: Crear es hacer las cosas de la nada... ex nihilo. Y, ciertamente, reconocen que eso es imposible para el ser humano.

Nosotros vemos siempre que unos seres provienen de otros... los hijos de los padres; también reconocemos en los estratos geológicos un origen de las piedras sedimentarias y metamórficas; en los mecanismos de la técnica claramente utilizamos instrumentos y materia prima... tanto los seres materiales como los hombres estamos continuamente "reciclando" material y vida.

Ahí es donde se da el salto demagógico... "como no puedo imaginar una creación"... "como no veo en la tierra ninguna creación"... pues al "serme" incomprensible... no existe.

Hay que fijarse que esa afirmación centra la atención en el hombre como ser de inteligencia absoluta... todo lo que no puedo imaginar, todo lo que no haya visto o experimentado previamente, todo lo que no pueda hacer, todo lo que no pueda comprender... no existe.

Simplificando... todo lo que supere mi capacidad es imposible. Supongo que esa capacidad no será la propia... sino la del ser más inteligente de la especie humana... por no excluir del mundo de los tontos o de los locos toda la realidad que no podrán en esta vida comprender.

Pero es que lo que plantea la creación son dos cosas... que el hombre no es el ser más inteligente posible y que puede haber un ser superior al hombre con otras potencialidades desconocidas.

Los antiguos, y algunos pueblos animistas de África, asignaban a la Naturaleza un poder especial... y la divinizaban... en parte porque su ciencia era inferior a la nuestra y se sentían abrumados ante la potencia "casi infinita" que presentaban las fuerzas naturales.

Hoy en día tampoco estamos lejos de los antiguos... nos excede enormente el Universo tanto macroscópico como microscópico... no captamos mas que el modo de funcionamiento de las cosas, algunos de esos modos y de algunas cosas. Creemos que vamos a entender la clave de la fabricación de la vida... pero bien decimos "fabricación", siempre utilizando materia viva (por ahora).

Pero con esta digresión lo que pretendo mostrar es que es más lo que el hombre desconoce que lo que conoce y que "cerrarse a lo desconocido" es un gran atrevimiento.

La creación supone la existencia de un Ser Superior... infinitamente superior al hombre. No se puede demostrar que la creación no se haya realizado... de hecho en algún momento todo esto comenzó a funcionar. El big-bang o la gran explosión no explicarían el estado anterior a ese big-bang...

La honradez del ateo le debería llevar a seguir buscando el primer estado de la materia... y plantearse ¿antes de ello, qué?...

Ese antes de ello, ¿qué? es lo que lleva a mucha gente normal, muchos científicos también, a pensar que nada excluye un hecho creador... antes no había nada material, después todo este teatro comenzó. ¿Cómo fue? ¿Quién lo hizo? ¿Porqué lo hizo?... esas son otras preguntas... pero lo seguro es que alguien empezó esta movida no fue un hombre.

domingo, abril 23, 2006

La Masonería y el Ateismo:

Sería interesante profundizar con objetividad en el interés de la Masonería actual por implantar una sociedad sin Dios, abandonando el habitual afán deista de proponer un Dios tan lejano que, salvo los iniciados en sus arcanos y misterios, nadie sería capaz de interpretar la voluntad divina sobre los hombres.

Y es que la historia ha mostrado que así como el Protestantismo y el Libre examen ha llevado a una multiplicación inmensa de religiones... cada pastor, de hecho, podría hacer su interpretación particular de la Biblia y buscarse un grupo de adeptos que le siguieran como el Maestro... y así sucesivamente; el hecho también demostrado es que la Masonería no ha hecho más que generar obediencias, y -dentro de ellas- con bastante facilidad movimientos religiosos que, con todo rigor, podrían denominarse sectas exotéricas.

Y ahí está el problema... en el momento en el que uno se consideraba lo suficientemente iniciado y pasaba de un grado a otro del entendimiento del misterio oculto, entraba en una tentación natural de todo visionario... soy especial, soy el único, soy el elegido... incluso a Jesucristo lo tengo que interpretar (nadie hasta ahora lo ha entendido)... y así sucesivamente hasta llegar a que ese Jesucristo era un profeta más en la lista que culmina en mi augusta persona. Ejemplar tipo dentro del género: Joseph Smith y su fundación mormónica... que tan mal le caía al bueno de Zane Grey que hizo una novela para resaltar el radicalismo y abusos de los padres fundadores de la secta.

Es cierto que con el tiempo, y lo explica maravillosamente Cesar Vidal en su libro "los masones", las radicalidades generadas alrededor de las logias masónicas eran más atrevidas... pasaron de ser profetas de la verdadera religión que predicó Cristo a ser el Verdadero Profeta.

Ante tanto profeta no es extraño que la Masonería decida en un momento poner orden en su casa... mirad, chicos, basta de jugar a redentores... no hay redención que valga... desde ahora el Misterio de los iniciados es que No hay Dios, no hay redención, no hay pecado, no hay bien, no hay mal que extirpar... y eso es lo que debemos implantar en la ciudadanía... para evitar tener que recogeros a todos en el manicomio de los Profetas.

Pero sus correligionarios se le escapan como las anguilas, no se dejan atar en la normalidad... y cada dos por tres nos salen con un nuevo mesianismo... ahora el de la Adoración a la Diosa Naturaleza, de la que la Magdalena representa el mito tan aireado por Dan Brown.

Esos nuevos ateos no creen en nada, pero afirman que la Naturaleza tiene sus leyes... ¿provienen esas leyes del azar? que hay que ser ecologista, que si no respetamos a las focas se caerá el equilibrio ecológico... y, al tiempo, sostienen que el cerebro ha llegado a ser lo que es por mera evolución selectiva... y que nuestros pensamientos del más allá y de Dios son una trampa que nos hacen las neuronas para sobrevivir en una esperanza ficticia... y así "cogidos en la trampa neuronal" progresamos hacia la construcción del nuevo hombre... marcado por el proceso histórico evolutivo y necesario del que ellos tienen la clave.

Por eso hoy coindicen en el mismo bando ateos, masones y materialistas ex-marxistas pero tan dialécticos como antes. Curiosa banda que se ha apropiado de un movimiento de profundas raices mistéricas y religiosas (aunque cercanas y herederas del pensamiento gnóstico) para convertirlo en más mistérico todavía:

  • Sin Dios, pero con Diosa

  • Sin leyes que marcan el bien o el mal obrar, pero con una ley de la evolución imparable.

  • Sin ofrecer ninguna esperanza al hombre, pero comprometiéndole para construir un mundo feliz para las focas, las libélulas y las arañas.

  • Sin libertad en el obrar al subordinarnos a un proceso evolutivo, pero empeñados en reeducarnos para que no nos escapemos al destino que han elegido para nosotros.

  • Sin salvación para el hombre individual, con una cultura de muerte... pero vendiéndonos la salud como bien absoluto al que sacrificar todo hombre enfermo y solitario.

En el fondo han sustituido una religión de salvación de masas, de los humildes y de los poderosos, para arrebatar a los humildes su Dios, imponer su poder desde la Ilustración Iluminada y negar la salvación a todos los individuos de la tierra.

Y aún así... con este panorama de desaciertos... ¿Cómo es que esa religión de la negación, a la que la masonería conduce, tiene tantos adeptos de carnet? ¿Nos estaremos volviendo locos?

lunes, abril 10, 2006

¿Es la paz un valor absoluto?

Hoy estamos, coyunturalmente ante un hecho insólito pero posible... que ETA abandone el camino de la violencia. Como es lógico, ese cambio de actitud tiene contrapartidas políticas y sociales importantes.

Ante ese panorama, un amigo me comentaba que la paz no es un valor absoluto. Hay que entender que se refiere que no se puede sacrificar todo por la paz, no se puede claudicar hasta el extremo de convertir en vencidos a las víctimas de la violencia.

Ciertamente el camino de la paz es loable... Benedicto XVI pide a los españoles que no escatimemos esfuerzo por la paz, dándonos una seguridad: reza a Dios para que esa paz se logre, para que España arroje lejos de sí el fantasma de la violencia asesina del terrorismo.

Entiendo que estamos hablando de una paz humana, ya que sí que es un valor absoluto la paz de la conciencia, la del alma humana, que es compatible con sufrir violencia exterior hasta el extremo del martirio... ejemplo de paz interior la que le llevó a Tomás Moro a la Torre de Londres... no se puede violentar el santuario de la propia conciencia.

Paradoja... la paz de conciencia no se consigue sin lucha... de ahí que el adagio "si vis pacem para bellum" tenga también un sentido cristiano: tienes que pelear contra tus malas inclinaciones para tener la paz de conciencia, para no caer en la esclavitud del vicio... y, en esa lucha interior serás soberano de tí mismo (o mejor, dejarás que sea Dios quien reine en tu alma y te llene de paz).

Esa paz interior tiene una analogía en la sociedad... la paz social es fruto de la justicia, de la virtud vivida por personas concretas y que impregna instituciones, ordenamiento jurídico y costumbres sociales. Y esa paz tambíen requiere un ejercicio continuo de lucha, en este caso contra la injusticia, y para adecuar el orden social a un ideal en el que nadie se encuentre desamparado.

Los antiguos griegos entendían que la justicia requería reparación. No se logra la paz con el olvido... la injusticia requiere que se rehaga el orden destruido, las víctimas y sus familias requieren que la sociedad rehaga, en la medida que pueda, el orden que se alteró con los atentados terroristas.

Aquí la pregunta que se plantea es más delicada. ¿Las víctimas lo fueron por un orden democrático, que era un modelo de convivencia, y que valía la pena defender? Si eso es así, se entiende que los terroristas deben ser vencidos por la razón: deben aceptar el sistema al que han herido con sus atentados.

Además los actos realizados fueron contra personas concretas... son crímenes tipificados en el ordenamiento jurídico español. Y el restablecimiento de la justicia lleva también al juicio y condena de los asesinos por los crímenes cometidos... sin embargo... hay un orden superior, que es el de la caridad... pero ese orden no es el orden jurídico sino personal de los que han sufrido en sus carnes la mella dolorosa del terror.

Si nos dejásemos llevar por el planteamiento laicista de nuestros gobernantes... no tendría casi sentido plantear ese resquicio que abriría las puertas a la paz... no hay caridad sin cristianismo. Y, de hecho, sólo se perdona con planteamientos sacados de la predicación de Jesucristo: "Dios hace llover sobre justos e injustos", "pon la otra mejilla", "perdona hasta setenta veces siete"... pero ese orden no se puede imponer, tiene que salir voluntariamente tanto de las víctimas individuales como, a la vez, de toda la sociedad española.

Ahora bien... es sensato echar borrón y cuenta nueva ante personas que no se arrepienten de sus crímenes. ¿Qué gobierno amnistía a unos asesinos que no están arrepentidos?

lunes, abril 03, 2006

La clonación terapéutica: Camino acelerado hacia "Un mundo feliz"

A veces una buena imágen vale más que cien palabras, en este caso, más que una charla explicativa de porqué no es bueno el camino de la Clonación terapéutica, recomiendo que se vea esta película: La Isla

Unos científicos, que suscribirían la frase del nuestro presidente del Gobierno sobre el papel de la ciencia, en pleno siglo XXI, han logrado organizar una próspera granja de clones, ¿de humanos?, válidos como donantes de órganos a su original rico que lo tiene allí como seguro de vida. También sacan un magnífico beneficios de los embarazos inducidos. En definitiva, esos seres, definidos como clones y descatalogados como humanos se convierten en un interesante e innovador material de investigación científica, no refrenada por la ética.

El punto de partida de esta aberración: la primera vez que, legalmente, se descataloga una vida humana, cuando se permite el aborto en los primeros estadíos del embarazo, cuando se cambia el nombre de aborto por "interrupción voluntaria del embarazo"... interrupción voluntaria de una persona sobre la vida de otra persona que no puede manifestar su opinión y pierde el derecho a vivir.

La ley no reconoce como persona a determinados seres humanos... y así, despojados de la protección jurídica, se convierten en material de investigación... no importará (en un futuro no muy lejano) la edad del ser humano... serán primero horas, días, semanas, meses... mientras sea uno de esos seres que por, ficción jurídica, no ha entrado por la puerta correcta a la vida.

La invocación a la ciencia para permitir estas actuaciones se basa en un acto de voluntad, no científico, que es la descatalogación de la vida, a partir de aquí, se podrán descatalogar todas las vidas que no merezcan ser vividas (seguramente por el criterio de gasto social, de comodidad de los familiares, de presión social, etcétera). Podría darse el caso que ciertas personas se puedan considerar descatalogadas, convertidas en objeto, por su obrar o manifestación de un modo de pensar "no evolucionado", no acorde con el pensamiento oficial de la nueva y avanzada sociedad.

Al menos sé que los prejuicios religiosos, esos que frenan el avance de la ciencia según la opinión de nuestro presidente de gobierno (todo en minúsculas, por supuesto), frenan el dominio de los hombres sobre los hombres al dotarlos de una igualdad esencial de altísimo valor: hijos de Dios, criaturas de Dios. Con ese presupuesto, ¿quién se digna manipular arriesgando la vida de un ser humano?... ¿no oirá acaso la voz de Dios a Caín preguntándole sobre su hermano Abel?... y ¿no escuchará Dios la respuesta... qué Abel, si YO he definido por ley que el tal Abel no es un hombre?

En la ciencia ¿o creencia? medioambientalista, se ve como un avance el principio de precaución.... no valdría la pena definir al menos, en las leyes... que ante la presunción de que un embrión fuese un ser humano, se le defiende como tal... no vaya a ser que estemos matando hombres.

Tengo para mí que conviene frenar a nuestro presidente, porque no sólo es aprendiz de brujo en la política de unidad nacional, sino también lo es en todos los ámbitos de la vida, promocionando ¿para inducir la variedad? todo lo raro, todo lo extraño... y con frases aparentemente inocuas como "No se puede poner freno a la ciencia".

Pues mira que va a ser que sí, que hay que poner freno, peron no a la ciencia... sino a los métodos, a las técnicas... porque no todo vale para llegar al fin y no todo fin es un bien absoluto que pueda sobordinarle el sacrificio de una vida humana.

Por encima de la curiosidad científica está la vida humana. Por encima de la técnica está la ética. Por encima de la ley está la justicia. Por encima de mi apetencia está la conveniencia. Y por encima de la conveniencia está lo bueno... porque por encima del hombre está su Creador... y menos mal que está ya que sin él enseguida descatalogamos vidas.

jueves, marzo 02, 2006

Occidente, una opción para sentirse orgulloso

Ha tenido que ser un agnóstico de buena voluntad quien dé la voz de alarma sobre el complejo que afecta a Occidente en su búsqueda de una identidad distinta, progresista, que no lleva mas que a dejar nuestra civilización falta de recursos morales y a merced de los vientos salvajes del islamismo fundamentalista.

Marcello Pera ha publicado un manifiesto que titula "Per l´occidente, forza di civiltà" (En defensa del Occidente, fuerza de civilización), que tiene todo la fuerza de una llamada angustiosa a nuestra civilización para que se sostenga sobre los valores que le han dado su fuerza, su sentido de la libertad, su riqueza intelectual y su prestigio internacional.

Ya George Weigel en un pequeño libro titulado "Política sin Dios" muestra a qué nos puede llevar tanto complejo por nuestro pasado cristiano y tanta búsqueda distinta de un "orden nuevo", sustentado por unos valores "creados o consensuados por los hombres", pero lo más alejados posible de los valores que denominan tradicionales, como pueden ser la institución de la familia, la educación en la religión para los creyentes, el respeto a la vida en cualquier estadío de su existencia, etcétera.

De hecho, el Doctor Perà manifiesta que desde el nihilismo filosófico, que impera en nuestra clase política, desde el todo vale si hay consenso, porque no hay verdad ni valores en la esfera política, no hay recursos que aglutinen a los ciudadanos de Europa. Desde esa visión se está indefenso ante un peligro real e intransigente, poco respetuoso con la libertad individual que tenemos como vecino fronterizo, e -incluso- como grupo de presión importante dentro de nuestra Europa.

Vamos camino de desbancar una civilización sólida, sostenedora de la libertad individual, de una sana separación de la esfera política y religiosa, por otra en la que, curiosamente, los increyentes pondran el gobierno de Europa en manos del Islám, cayendo en una teocracia ya superada por la civilización occidental.

Esto ha sido posible por el ataque sistemático a los valores que sustentaron nuestra civilización por una mal entendida pluralidad, que se traducía en definir "progresista" y fomentar desde los poderes públicos soluciones en profunda colisión con las aspiraciones naturales del ser humano.

De ahí que suscriba prácticamente en su totalidad el manifiesto "Per l´Occidente" y pida a los poderes públicos que, en vez de construir el "nuevo hombre", llevando a la civilización a la ruina en aras del progreso, se dediquen a cuidar del "hombre actual", del "hombre de siempre" y se planteen la reforma de las leyes para dar más valor a lo que construye sociedad que a lo que disgrega.

Sin pretender ser exaustivos, pediríamos a todos los ciudadanos y a nuestros representantes:

  • Que se sientan orgullosos de ser europeos, que no renuncien al espíritu que impregnó la fundación de Europa
  • Que no se dobleguen ante el chantaje del fundamentalismo islámico
  • Que defiendan a los cristianos (que es también una manera de defender a los que no lo son) en tierra de mayoría islámica
  • Que defiendan la vida desde su concepción hasta su consunción natural (con políticas activas para dar una solución en favor de la opción "dejar vivir" o ayudar a paliar la angustia y sufrimiento de los enfermos)
  • Que el Estado deje a la esfera privada, a la libertad individual, todo lo que sea posible (y asuma el Estado sólo lo necesario para que todos podamos tener el mínimo de bienestar y atención médica y social)
  • Que se haga una política claramente a favor de la familia y de los hijos (verdadera riqueza social, y verdadera escuela de ciudadanía)
  • Que se respete la religión (considerándola como garantía de paz y conviencia, y respuesta adecuada para muchos a sus aspiraciones últimas)
  • Que se apueste por la educación en libertad (entendiendo que se ha de servir a los padres y permitir que elijan en igualdad la enseñanza pública o privada, la enseñanza religiosa, etcétera)
  • Que se fomente el sano patriotismo (sentirse orgulloso de ser español es compatible con el sentirse muy aragonés, saberse europeo y ser solidario con el resto de los hombres de la gran familia humana)

En definitiva: Europa, recupera tu identidad si quieres seguir siendo Europa y mantenerte como foco de libertad y faro de la inteligencia.

miércoles, febrero 22, 2006

Objeción de conciencia, derecho fundamental cuestionado

Estoy releyendo las cartas que se cruzaron Tomás Moro con su hija Margaret cuando el ex Lord Canciller cambió su residencia por la Torre de Londres, estación de paso para su ingreso definitivo a la patria del Cielo.

El gran tema del debate que se cruzaron ambos personajes, de los más cultos de su tiempo, fue el asunto de la necesidad de seguir el dictado de la conciencia en temas tan fundamentales como el Acta de Sucesión y el Juramento de la Supremacía.

Argumento a favor del juramento: la autoridad de las presonas que ya lo habían realizado. Tomás ¿debería ser tan recalcitrante para seguir su opinión frente la tan autorizada de la mayoría de la corte y eclesiásticos de Inglaterra?

Sir Tomas afirma que él con gusto seguiría el parecer de esos prohombres si le convenciesen los argumentos que le presentan, que los ha estudiado con detalle, pero que encuentra más de peso y congruentes los suyos y no puede jurar sin gran detrimento de su conciencia... y, en consecuencia, de su salvación eterna.

No se dedica a criticar ni a rebatir a los que han jurado, entiende que pueden haber llegado a ese juramento de buena fe, no necesariamente por miedo de la pérdida de la vida temporal o de la hacienda, pero que él no puede presentarse al tribunal del alma diciendo que ha obrado según el parecer de otros y en contra de su conciencia, porque será juzgado según su propia conciencia.

Intenta desesperadamente dejar clara su lealtad al Rey, lo que le permitiría jurar el acta de sucesión con ligeros cambios, ya que (sin expresarlo directamente) no puede conceder al poder temporal la potestad de anular el matrimonio canónico, pero sí puede jurar la sucesión legitimada por el deseo del rey, que es la ley... pero la ley humana.

Sus equilibrios entre la lealtad a Inglaterra y la lealtad a Dios no le salvaron la vida, si bien hoy le tenemos entre los santos de la Iglesia, entre las figuras admiradas por los ingleses y como paradigma del político leal a Dios y al Estado.

Hoy en día, en Occidente, no perdemos la vida por actuar según conciencia, pero nos colocamos peligrosamente en una ciudadanía de segunda categoría.

Eso es así, fundamentalmente, porque el bien o el mal ya no se juzgan por la "esencia" de las cosas, por su verdad íntima, por un criterio objetivo. Hoy no es tan claro, por ejemplo, el "no matarás". Ya se le pone un pero: sí puedes matar a un ser humano en estado embrionario, sí puedes matarte o matar si juzgas que no tienes suficiente calidad de vida, sí puedes matar si utilizas "técnicas modernas de presión política" (como han llamado recientemente al terrorismo los vascos profundos).

Ante esa situación, la sociedad genera más y más conflictos para toda persona que tenga principios, que tenga conciencia y quiera vivir como elemento activo de su propia sociedad.

Si la ley define que la unión de dos homosexuales es matrimonio... o lo tragas, o se te dimite como concejal de un ayuntamiento o se te veta como posible Comisario europeo. Y, si eres juez, estás tan obligado a la ley que la debes aplicar aunque sea inicua, casi de un modo determinista: no se te admite la objeción. No tienes derecho a tener conciencia, ni alma, ni principios.

En los aspectos morales o éticos de la medicina y de la ciencia biomédica hay una presión tremenda para imponer al profesional lo que la ley permite, ya que genera un derecho al individuo que, al menos, la sanidad pública debe satisfacer.

En definitiva, la simplificación del problema presiona para anular la opción de conciencia. Es más fácil regular un sistema único, en el que todos obedecen ciegamente la ley aunque haya creado un gran debate social y las personas con principios (no necesariamente religiosos), hayan manifestado su opinión en conciencia opuesta a determinadas leyes. Y esa oposición no ha sido por asuntos baladís, sino por motivos serios, muy serios: se está dejando indefensas a personas inocentes, se está atentando contra la estructura familiar (que algunos consideran básica para el buen gobierno de la sociedad), se está manipulando a los seres humanos para convertirlos en mercancía y elemento de investigación genética y un largo etcétera.

Ese sistema, ciertamente, es más sencillo... pero en cuanto sencillo es falso y falto de vida. Hoy a Tomás Moro no se le condenaría a muerte, pero se le expulsaría de la vida pública por los mismos argumentos de Enrique VIII en el siglo XVI. La voluntad del rey es la ley... la voluntad de la mayoría es la ley... pero esa ley no hace la conciencia... y la libertad de conciencia debe incluirse en el ordenamiento legal de una democracia, para que en ella quepamos todos.

lunes, febrero 13, 2006

Reflexiones sobre las causas del ateísmo contemporáneo

Es impresionante la fuerza que ha cogido en esta época, al menos en España, el empeño de construir un mundo sin Dios, incluso un mundo contra Dios.

Un ejemplo de ilustrado contemporáneo: Péces Barba con su "Educación para la convivencia", donde sostiene la necesidad de inculcar a los niños que ya Dios no es un presupuesto científico válido y debe excluirse su referencia en la construcción de orden social, y donde tacha a la Iglesia como elemento antidemocrático. Nos recuerda los más burdos intentos del comunismo doctrinario cuando le preguntaban a los primeros astronautas rusos ¿habéis visto a Dios?, como si fuese una criatura más visible por nuestros sentidos, o bien en las escuelas que hacían llamar a los niños a Dios y luego les decían: ves cómo no te contesta, es que no existe.

Libros escritos por autores de cuentos para niños llegan a plantear que Dios no existe porque no es necesario para interpretar las leyes matemáticas o físicas que rigen el mundo, sin embargo esa misma gente tiene las supersticiones más curiosas, Ya lo decía Chestertón, "lo malo de los ateos no es que no crean en Dios, es que creen en cualquier cosa".

Nuestro mismo presidente de Gobierno se rebela contra la educación religiosa en los colegios públicos o privados, eso sí respetando hasta el paroxismo el más radical islamismo.

Además se han constituido Observatorios de laicidad, además de en el Congreso de los Diputados, en entidades públicas como la Oficina de empleo de la ciudad de Granada, cuyo objetivo es denuciar todo atisbo de religión en la sociedad, desde procesiones, crucifijos en un edificio público, frases de un político citando a Dios... al tiempo que sirven de voceros de cualquier desviación de un cristiano para ridiculizar burdamente su fe.

En definitiva, hay un ateismo militante distinto al que, hasta ahora, ha convivido con los sistemas democráticos.

Cabría preguntarse porqué de esa virulencia. Yo traslado una opinión que personal: Está llenando el hueco de las aspiraciones marxistas del paraíso en la tierra. Hoy en día esas personas no pueden presentar un paraíso en la Unión Soviética porque no existe más y han unido sus fuerzas para forzar a la sociedad occidental para construir un paraíso sin Dios y utilizando para su revolución la matemática de los votos.

Ya comenté en un artículo que el PSOE es un partido secuestrado por la radicalidad procedente de los antiguos comunistas. Son esos visionarios los que están haciendo en España un experimento para introducir, si fuese posible, un mundo ateo y pacífico.

A este ateismo viejo pero con gran capacidad de organización hay que unir la tendencia del viejo materialismo occidental, cuya clave es el confort y el bienestar, que se ha sumado al anterior al creer que van hacia lo mismo. Los materialistas marxistas venden un mundo ideal, en el que se ha asumido la economía de mercado, pero sólo en los aspectos que menos afectan a la formación de las conciencias, donde el Estado quiere el monopolio.

Lo demás es cuestión de táctica: la alianza con ETA y con los nacionalistas para desmontar España, el desmontar el matrimonio tradicional para atacar a la familia como institución "conservadora", la ley de reproducción asistida que transforma directamente al no nacido en "mero producto de consumo", la eliminación de la formación religiosa en las escuelas, la alianza estratégica con los fundamentalistas musulmanes, etcétera.

Sin embargo ese mundo al que aspiran, sin referentes morales, se rebela ya violento, egoista, caótico. Porque cuando no hay referentes morales lo único que queda es la razón de la fuerza por mucho que nos vendan un mundo bueno y pacífico. Esa razón la ejercerán y, si no se remedia, impondrán una tiranía inmisericorde con todos aquellos que pasemos a la categoría de "disidentes".

Y entre viejas y obsoletas ideas, retocadas con aceites, nos presentan una cara que sólo rezuma tristeza. No es mas que la cara de la muerte del alma; que nos venden como paz y es la serenidad de los cadáveres mentales.

domingo, febrero 05, 2006

A modo de conclusión: es ineludible la acción de los laicos en la vida pública para lograr un orden social más justo (III)

Distinguiendo la acción de los católicos en la vida pública de la acción de la Iglesia como institución, hemos de señalar que, por parte de los cristianos, es un deber y un derecho irrenunciable.

Como ciudadanos del Estado no pueden eludir esa responsabilidad de influir en el ambiente para lograr que sea un remanso de paz y de alegría, donde se potencien las relaciones de justicia, influyendo en la promulgación de las leyes, en el rechazo de la arbitrariedad, en el fomento de iniciativas sociales, culturales y deportivas impregnadas del espíritu cristiano, en el fomento de la paz, en la reducción de las tensiones entre grupos, razas y pueblos, en la integración de todos los hombres en la tarea común de construcción de la sociedad, etcétera.

Por otra parte, las Organizaciones caritativas de la Iglesia, conjuntamente con otras, tienen un lugar de pleno derecho en la sociedad por el bien que hacen. Y, en cuanto eso mismo, tienen el derecho de ser favorecidas por los Estados ya que contribuyen eficazmente al bien común.

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Continuando la cita del texto de la Encíclica "Deus Charitas est":

29. De este modo podemos ahora determinar con mayor precisión la relación que existe en la vida de la Iglesia entre el empeño por el orden justo del Estado y la sociedad, por un lado y, por otro, la actividad caritativa organizada. Ya se ha dicho que el establecimiento de estructuras justas no es un cometido inmediato de la Iglesia, sino que pertenece a la esfera de la política, es decir, de la razón autorresponsable. En esto, la tarea de la Iglesia es mediata, ya que le corresponde contribuir a la purificación de la razón y reavivar las fuerzas morales, sin lo cual no se instauran estructuras justas, ni éstas pueden ser operativas a largo plazo.

El deber inmediato de actuar en favor de un orden justo en la sociedad es más bien propio de los fieles laicos. Como ciudadanos del Estado, están llamados a participar en primera persona en la vida pública. Por tanto, no pueden eximirse de la « multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común ». La misión de los fieles es, por tanto, configurar rectamente la vida social, respetando su legítima autonomía y cooperando con los otros ciudadanos según las respectivas competencias y bajo su propia responsabilidad. Aunque las manifestaciones de la caridad eclesial nunca pueden confundirse con la actividad del Estado, sigue siendo verdad que la caridad debe animar toda la existencia de los fieles laicos y, por tanto, su actividad política, vivida como « caridad social ».

Las organizaciones caritativas de la Iglesia, sin embargo, son un opus proprium suyo, un cometido que le es congenial, en el que ella no coopera colateralmente, sino que actúa como sujeto directamente responsable, haciendo algo que corresponde a su naturaleza. La Iglesia nunca puede sentirse dispensada del ejercicio de la caridad como actividad organizada de los creyentes y, por otro lado, nunca habrá situaciones en las que no haga falta la caridad de cada cristiano individualmente, porque el hombre, más allá de la justicia, tiene y tendrá siempre necesidad de amor.
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Enlazar con "Participación de los cristianos en la vida pública": http://fondodelbaul.blogspot.com/2006/02/apuntes-sobre-la-participacin-de-los.html
Enlazar con "Buscar la justicia y bálsamo de la caridad":
http://fondodelbaul.blogspot.com/2006/02/bsqueda-de-la-justicia-y-blsamo-de-la.html

Búsqueda de la justicia y bálsamo de la caridad. Dos tareas compatibles del Estado y de la Iglesia (II)

En su reciente Carta Encíclica "Deus Charitas est", Benedicto XVI distingue de modo claro las distintas tareas que le corresponden al Estado y a la Iglesia en el bienestar de la sociedad.

Sin querer glosar el texto de la Encíclica, en su segunda parte, números 28 y 29 expone determinadas ideas para emprender la tarea común de la búsqueda del bien público y privado.

En primer lugar queda clara la distinción de esferas de actuación: es propio del ejercicio de la política, y es su tarea principal la búsqueda del orden justo tanto en la Sociedad como en el Estado. Un Estado que no se rigiera según el orde de la justicia no sería mas que una banda organizada de ladrones.

Por otra parte partimos de la frase de Jesús: dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

Sin embargo, al preguntarnos sobre lo que es la justicia encontramos un servicio que la Iglesia, con la luz de la fe y su autoridad moral puede ayudar a discernir y facilitar a la sociedad su propia tarea, no para implantar ese orden justo sino para que se pueda conocer.

Pero, esa justicia sin caridad quedaría coja. El hombre, aún en el caso de ser tratado con justicia, de tener satisfechas sus necesidades materiales, requiere un trato personalizado, en el que él sea importante, una compañía comprensiva, un verle con ojos de misericordia. Y ahí está tanto la Iglesia como otras entidades que puedan serle de sustento.

La tarea que la Iglesia desempeña en ese orden social, tanto benéfica como educativa y sanitaria, inspirada en el Amor de Dios y al prójimo es irrenunciable y necesaria.

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Paso a continuación a recoger el texto glosado:

Justicia y caridad (Deus Charitas est, segunda parte: El ejercicio del amor por parte de la Iglesia como "Comunidad de amor"):

28. Para definir con más precisión la relación entre el compromiso necesario por la justicia y el servicio de la caridad, hay que tener en cuenta dos situaciones de hecho:

a) El orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política. Un Estado que no se rigiera según la justicia se reduciría a una gran banda de ladrones, dijo una vez Agustín: « Remota itaque iustitia quid sunt regna nisi magna latrocinia? ».Es propio de la estructura fundamental del cristianismo la distinción entre lo que es del César y lo que es de Dios (cf. Mt 22, 21), esto es, entre Estado e Iglesia o, como dice el Concilio Vaticano II, el reconocimiento de la autonomía de las realidades temporales.El Estado no puede imponer la religión, pero tiene que garantizar su libertad y la paz entre los seguidores de las diversas religiones; la Iglesia, como expresión social de la fe cristiana, por su parte, tiene su independencia y vive su forma comunitaria basada en la fe, que el Estado debe respetar. Son dos esferas distintas, pero siempre en relación recíproca.

La justicia es el objeto y, por tanto, también la medida intrínseca de toda política. La política es más que una simple técnica para determinar los ordenamientos públicos: su origen y su meta están precisamente en la justicia, y ésta es de naturaleza ética. Así, pues, el Estado se encuentra inevitablemente de hecho ante la cuestión de cómo realizar la justicia aquí y ahora. Pero esta pregunta presupone otra más radical: ¿qué es la justicia? Éste es un problema que concierne a la razón práctica; pero para llevar a cabo rectamente su función, la razón ha de purificarse constantemente, porque su ceguera ética, que deriva de la preponderancia del interés y del poder que la deslumbran, es un peligro que nunca se puede descartar totalmente.

En este punto, política y fe se encuentran. Sin duda, la naturaleza específica de la fe es la relación con el Dios vivo, un encuentro que nos abre nuevos horizontes mucho más allá del ámbito propio de la razón. Pero, al mismo tiempo, es una fuerza purificadora para la razón misma. Al partir de la perspectiva de Dios, la libera de su ceguera y la ayuda así a ser mejor ella misma. La fe permite a la razón desempeñar del mejor modo su cometido y ver más claramente lo que le es propio. En este punto se sitúa la doctrina social católica: no pretende otorgar a la Iglesia un poder sobre el Estado. Tampoco quiere imponer a los que no comparten la fe sus propias perspectivas y modos de comportamiento. Desea simplemente contribuir a la purificación de la razón y aportar su propia ayuda para que lo que es justo, aquí y ahora, pueda ser reconocido y después puesto también en práctica.

La doctrina social de la Iglesia argumenta desde la razón y el derecho natural, es decir, a partir de lo que es conforme a la naturaleza de todo ser humano. Y sabe que no es tarea de la Iglesia el que ella misma haga valer políticamente esta doctrina: quiere servir a la formación de las conciencias en la política y contribuir a que crezca la percepción de las verdaderas exigencias de la justicia y, al mismo tiempo, la disponibilidad para actuar conforme a ella, aun cuando esto estuviera en contraste con situaciones de intereses personales. Esto significa que la construcción de un orden social y estatal justo, mediante el cual se da a cada uno lo que le corresponde, es una tarea fundamental que debe afrontar de nuevo cada generación. Tratándose de un quehacer político, esto no puede ser un cometido inmediato de la Iglesia. Pero, como al mismo tiempo es una tarea humana primaria, la Iglesia tiene el deber de ofrecer, mediante la purificación de la razón y la formación ética, su contribución específica, para que las exigencias de la justicia sean comprensibles y políticamente realizables.

La Iglesia no puede ni debe emprender por cuenta propia la empresa política de realizar la sociedad más justa posible. No puede ni debe sustituir al Estado. Pero tampoco puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia. Debe insertarse en ella a través de la argumentación racional y debe despertar las fuerzas espirituales, sin las cuales la justicia, que siempre exige también renuncias, no puede afirmarse ni prosperar. La sociedad justa no puede ser obra de la Iglesia, sino de la política. No obstante, le interesa sobremanera trabajar por la justicia esforzándose por abrir la inteligencia y la voluntad a las exigencias del bien.

b) El amor —caritas— siempre será necesario, incluso en la sociedad más justa. No hay orden estatal, por justo que sea, que haga superfluo el servicio del amor. Quien intenta desentenderse del amor se dispone a desentenderse del hombre en cuanto hombre. Siempre habrá sufrimiento que necesite consuelo y ayuda. Siempre habrá soledad. Siempre se darán también situaciones de necesidad material en las que es indispensable una ayuda que muestre un amor concreto al prójimo. El Estado que quiere proveer a todo, que absorbe todo en sí mismo, se convierte en definitiva en una instancia burocrática que no puede asegurar lo más esencial que el hombre afligido —cualquier ser humano— necesita: una entrañable atención personal. Lo que hace falta no es un Estado que regule y domine todo, sino que generosamente reconozca y apoye, de acuerdo con el principio de subsidiaridad, las iniciativas que surgen de las diversas fuerzas sociales y que unen la espontaneidad con la cercanía a los hombres necesitados de auxilio. La Iglesia es una de estas fuerzas vivas: en ella late el dinamismo del amor suscitado por el Espíritu de Cristo. Este amor no brinda a los hombres sólo ayuda material, sino también sosiego y cuidado del alma, un ayuda con frecuencia más necesaria que el sustento material. La afirmación según la cual las estructuras justas harían superfluas las obras de caridad, esconde una concepción materialista del hombre: el prejuicio de que el hombre vive « sólo de pan » (Mt 4, 4; cf. Dt 8, 3), una concepción que humilla al hombre e ignora precisamente lo que es más específicamente humano.
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Enlazar con "Participación de los cristianos en la vida pública":
http://fondodelbaul.blogspot.com/2006/02/apuntes-sobre-la-participacin-de-los.html

viernes, febrero 03, 2006

Apuntes sobre la participación de los cristianos en la vida pública. Presupuestos previos (I)

Para profundizar sobre la participación de los cristianos en la vida pública hay que considerar los siguentes puntos de partida:
  1. El cristiano tiene que tener las mismas opciones de intervención en la vida pública que cualquier otro ciudadano, tanto para manifestar su opinión como para formar parte o constituir partidos políticos y asociaciones, ser elegible para desempeñar cargos de representación, etcétera; sin que ello suponga renuncia de sus principios y modo de pensar.
  2. Los cristianos en la vida pública no forman grupos. Gozan de plena libertad para expresar sus opiniones, asociarse, etc. con toda normalidad, sin comprometer con ello a la Iglesia a la que pertenezcan.
  3. Los cristianos, como cualquier otra persona, tienen convinciones íntimas, que consideran útiles y provechosas para la construcción de una sociedad más justa en el marco de la democracia y en el fomento de la paz entre los pueblos. Tienen mucho que aportar para el entendimiento de las personas y grupos.
  4. La creencia en Dios y la defensa de los derechos humanos es un principio irrenunciable, por coherencia, de los cristianos, pero también lo es para otros muchos que practican otra religión o no practican ninguna.
  5. La coherencia personal del cristiano, como la de cualquier otro ciudadano con principios, le lleva a constuir un orden social en el que se respeten y fomenten las "buenas prácticas sociales", que son aquellas que facilitan la convivencia entre los ciudadanos y procuran dar soluciones creativas ante los problemas de su tiempo.
  6. Los cristianos saben que las creencias no se pueden imponer, pero que tampoco se debe imponer la increencia. Es injusto un orden social que excluya a Dios de la vida pública. Se debe construir una sociedad que respete a creyentes y no creyentes, que sea tolerante y facilite la vida y propagación de los distintos modos de pensar.
  7. En el marco de dar soluciones a los problemas de nuestro tiempo, el cristiano buscará fomentar las leyes que fomenten la unidad familiar y su estabilidad (sin que ello impida que haya leyes que den soluciones jurídicas a los fracasos matrimoniales y a otras uniones); fomentará las soluciones alternativas al aborto; fomentará que haya un mínimo de propiedad privada y de confort en la vida de todos los ciudadanos; fomentará que exista la liberad de empresa, de asociación, de creación de centros escolares, de prensa, de opinión, etc. Muchas de esas soluciones serán compartidas por otros muchos que, no siendo cristianos, tengan las mismas opiniones que ellos en esas materias.

miércoles, febrero 01, 2006

¿Qué puede significar la alianza de civilizaciones? (I)

Posiblemente alguien se pregunte si es posible "una alianza de civilizaciones", pero antes que eso la pregunta previa es ¿qué civilizaciones? ¿Todas? ¿algunas? ¿cuales, si no son todas, son excluidas?

La cuestión previa a la previa es ¿qué entendemos por civilización?. Podemos dar por buena la definición del Espasa: "conjunto de conocimientos y costumbres que forman la cultura o estado social de un pueblo o de una raza". Al menos es ya una aproximación al problema.

Esta definición ¿es en sí excluyente o integradora?, ¿es estática o dinámica?. Esas preguntas no son baladís.

Una primera aproximación nos llena de interrogantes. Alianza de civilizaciones no es necesariamente convivencia ni diálogo ni coexistencia. Puede ser un pacto de no agresión, una delimitación de fronteras, una política común en aspectos de conveniencia. Lo que sí indica es una diferencia entre ellas.

De qué civilizaciones se habla: una clara y manifiesta es el Islam como cultura y estado teocrático que es integradora de razas y pueblos dándoles una uniformidad impresionante para nuestro mundo occidental.

Otra civilización, la definida occidental, es una amalgama de creencias e increencias, de subjetivismos y de sublimación de la diversidad, de experimentos constructivos hacia una sociedad sin Dios y sin moral objetiva que dificilmente tiene nada de uniforme. Mas bien es una civilización vacía de contenido, incapaz de manifestar mas que una postura: la tranquilidad y el bienestar.

En ambas civilizaciones hay grupos minoritarios. En la islámica los cristianos son una minoría real mal tolerada, ciudadanos de segunda, limitados en las posibilidades de desarrollo, de acceso a los cargos de responsabilidad en la vida pública, condenados incluso a muerte si hacen promoción de sus ideas, con muy serias limitaciones para vivir su fe, construir sus Iglesias, etc.

En la civilización occidental que algunos preconizan, los cristianos también son grupos presuntamente minoritarios, violentados en su conciencia con leyes construidas sin tener en cuenta los principios de la naturaleza humana (en eso también estarían violentados los miembros de otras religiones), obligados a tragar un agresivo laicismo que lleva incluso a decir que Dios ya no dice nada para la construcción del orden social.

De ahí que nos encontremos con una paradoja... se trata de aliar sólo dos civilizaciones: la creyente musulmana, con un estado teocrático... y la increyente occidental, con un estado deicida. ¿Es acaso eso posible?

Otra opción es la alianza de "hombres de buena voluntad", que los hay entre judíos, musulmanes y cristianos. Supongo que también los habrá en esa civilización emergente (ya incluso de tercera o cuarta generación) que no tiene creencias de ningún tipo... si, al menos, tuviesen un interés por profundidar en la verdad que nos une a todos los hombres y no sólo la indiferencia del buen vivir.